Ficha

País

USA

Año

1995

Título original

Braveheart

Duración

177min

Dirección

Mel Gibson

Guión

Randall Wallace

Reparto

Mel Gibson, Sophie Marceau, James Cosmo, Brian Cox

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Crítica de Braveheart
Autor: sensillo
Fecha: 14/07/2005.
Póster Braveheart

Braveheart

Digerido por sensillo

“Braveheart” figura en la lista de las 250 mejores películas, según la opinión de los lectores de la imdb. Si en nuestra página fuéramos amigos de los rankings y quisiéramos hacer uno con las películas más sobrevaloradas, no tendríamos que hacer una lista tan larga para que esta película figurara en uno de sus puestos de honor.

Inspirada vagamente en la vida del rebelde escocés William Wallace, toma de éste el nombre de su protagonista y su afición por matar ingleses. El rigor histórico brilla por su ausencia, pero el propósito de la película no es hacer un documental, por lo que las críticas en este sentido las veo más bien poco consistentes. Sin embargo, lo que entra de lleno dentro del mundo de la fantasía es hacernos creer a Mel Gibson en la piel de un mozalbete imberbe. Una ocurrencia de ese calibre parece sacada de las mismas cabezas pensantes que gestaron aquella campaña electoral con las fotos de su primera comunión. Si el rol protagonista lo hubiese interpretado un aborigen australiano no hubiera estado más fuera de lugar.

Pese a querer introducir un par de tramas con distintos temas en sus, así a ojo, veinte horas de duración, la historia es muy simplona. Gran parte de su potencial emotivo explota la animadversión tan arraigada en mucha gente en contra de la civilización, siendo una loa a formas de vida más sencillas y primitivas, representadas de una manera idealizada. No se ha inventado con ello la pólvora, y para darse cuenta de ello no hay más que ver cuán pocas películas ponen a los romanos de buenos.

No se trata por lo tanto de un infantiloide pasquín antibritánico, como puedan pensar algunos de los que no se han dejado encandilar por su épica de taberna, sino que los británicos aquí están representando un estereotipo intemporal. En oposición a ellos están los sanos, honrados y un poco brutotes hombres del campo. El hecho de que la caricatura sea tan burda puede conseguir que sea más accesible para determinado tipo de público. Lo que en cambio resulta del todo gratuito e innecesario son las burlas vertidas contra los homosexuales, que en cualquier otra película seguramente hubieran sido recibidas con mayor desprecio. En el universo de “Braveheart”, la decadencia del modo de vida civilizado se sublima en el amariconamiento de los antagonistas de Wallace, unas nenazas inútiles. Sin embargo, todos esos hombretones escoceses, sin ropa interior, huidos por los montes y soportando las prolongadas ausencias de sus mujeres no nos deberían hacer sospechar nada, bajo la cámara de Mel Gibson.

Tampoco hizo nada nuevo Gibson con sus escenas de combate, rodadas con la misma brutalidad que pudo imprimir, por ejemplo, Paul Verhoeven con su “Los señores del acero”, aunque manejando unas proporciones más grandes. Un montaje bastante eficaz, pero sin demasiado mérito.

Una película de gran vacuidad administrada con generosidad durante una eternidad. Tediosa y de gran vulgaridad, cuya escena más recordada es la de unos desaliñados barbudos mostrando sus posaderas al enemigo. Para rubricar el mensaje de la película, el protagonista grita con su último aliento: “¡Libertaaaad!”. Eso pensaba yo, huyendo despavorido del cine, pero habiendo recuperado aquella sensación que sentía cuando en el colegio sonaba el timbre del recreo.

Recomendada a quienes se depilan el trasero antes de entrar en combate.

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