Ficha

País

USA

Año

2005

Título original

The Amiityville Horror

Duración

90min

Dirección

Andrew Douglas

Guión

Jay Anson, Sandor Stern, Scott Kosar

Reparto

Ryan Reynolds, Melissa George, Jesse James, Jimmy Benett, Chloe Moretz

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Crítica de Amityville: La morada del miedo
Autor: sensillo
Fecha: 23/07/2005.
Póster Amityville: La morada del miedo

Amityville: La morada del miedo

Digerido por sensillo

Quienes vayan estos días al cine a ver una película de terror, harían bien en sacarse una copia de la entrada. Con toda seguridad no tardarán en sacar un remake, y sería justo que entonces pudiéramos presentar en taquilla la entrada para ver la película por la que ya habíamos pagado en su momento. A la espera de que nos vuelvan a vender “Dark Water”, se pasea por las pantallas estos días una nueva versión de “Amityville”.

Explota la etiqueta de “basada en hechos reales” lo que no es sino una muy famosa leyenda urbana que ha generado cuantiosos beneficios desde la publicación de la novela pasando por multitud de versiones para el cine y la televisión. Es un valor seguro, pues si algo consigue la categoría de leyenda urbana es porque sin duda se trata de una historia que de alguna manera es capaz de accionar algún primitivo resorte que muchos llevan dentro. ¿Quién no ha conocido de niño la existencia de un lugar maldito?.

“La morada del miedo” no tarda en traicionar su reclamo de historia verdadera presentando escenas totalmente inverosímiles. No me refiero a la historia de fantasmas, que de buena gana se la puede creer uno si le apetece, sino de algunos diálogos y comportamientos de los personajes que se sitúan en algún lugar muy lejos de la realidad. La mujer de la casa aparenta haber sido madre a los ocho años. Por otra parte resulta difícil de comprender el empeño de la familia en permanecer en la casa ante situaciones en las que el mismísimo Terminator hubiera salido corriendo manchando los pañales de líquido de batería. Cuando finalmente llega el momento de gastar las suelas de las zapatillas, nos podemos preguntar a qué viene entonces tanta prisa después de haberse pasado toda la película empeñados en llevar una coexistencia pacífica con el mal. Y así muchas cosas más que no menciono por no destripar la película.

Dentro de esta atmósfera tan irreal, Andrew Douglas chapotea con mayor o menor acierto entre sustos de fanfarria y apariciones fantasmales gratuitas, que sujetan sobre el vacío toda la historia hasta el esperado desenlace. Los recursos con que se arma la película no son ni muy originales ni muy variados. Cuando no se dedica a asustarnos con secuencias saqueadas de cualquiera de las últimas propuestas de terror orientales lo que tenemos es una copia nada disimulada de “El resplandor”. Las apariciones de los fantasmas no tienen más finalidad ni sentido que el de provocar un respingo en los asientos. Con todo, hay alguna escena desasosegante: las mejores son aquellas en las que no se recurre a la explotación infantil de ánimas en pena ni a guarrerías de charcutero. En cuanto a las descaradas referencias a “El resplandor”, el enloquecido Jack Nicholson es sustituido por un tío cachas con poca afición por las camisetas. Particularmente espeluznante una escena en la que el pantalón de su pijama se sostenía mediante alguna fuerza sobrenatural justo por encima de donde la espalda pierde su casto nombre, pero con la cámara enfocando generosamente en posición frontal. En general, no faltan las escenas encargadas de alegrar las hormonas más adolescentes, y el guión es bastante complaciente con el público del acné.

Algunos sustos asustan, algunas risas dará de forma involuntaria ante lo surrealista de algunas situaciones, el olmo seguirá sin darnos peras y habrá incluso quien se entretenga.

Recomendada a quienes les gusta oír a su casa haciendo la digestión.
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