Ficha

País

UK

Año

1968

Título original

Chitty Chitty Bang Bang

Duración

144min

Dirección

Ken Hughes

Guión

Roald Dahl, Ken Hughes

Reparto

Dick Van Dyke, Sally Ann Howes, Lionel Jeffries, Gert Frobe, Benny Hill

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Crítica de Chitty Chitty Bang Bang
Autor: bronte
Fecha: 03/08/2005.
Póster Chitty Chitty Bang Bang

Chitty Chitty Bang Bang

Digerido por bronte

Es difícil hacer la crítica de una película que permanece en el recuerdo de muchos adultos como su filme favorito de la infancia. Así que ante todo, me curaré en salud y diré que "Chitty Chitty Bang Bang", es una película para niños, pero para niños-niños. Nada de niños de estos a los que hay que seguir dando la paga a los dieciocho.
Basada en una novela de Ian Fleming, el creador de James Bond, sólo la mano de Roald Dahl en el guión evita que el trayecto de "Chitty Chitty Bang Bang" sea un auténtico viaje lisérgico sin pies ni cabeza. Porque hay que reconocer que en cuanto a estructura y desarrollo, la película deja bastante que desear.

Para empezar, no podría asegurarlo con total fiabilidad, pero me da la impresión de que "Chitty Chitty Bang Bang" es el musical de la historia con más canciones por minuto; cuando una aún no se ha repuesto del número anterior, ya están empezando con el siguiente. Una especie de empalme musical que haría las delicias de todos los pinchadiscos de moda. DJ's que les llaman ahora. Para los niños, aún en la fase de percepción difusa esto debe de ser la bomba, pero para un adulto resulta un tanto cargante que no haya diálogos que hagan avanzar la historia entre tanto canturreo.

Tanto es así que en la primera hora de película no pasa nada. Presentan a los personajes, hablan de un caramelo-silbato, y poco más. Todo es funcional, y su única función en la cinta es el resultar bonito, que lo consigue. A pesar de lo que digan por ahí, no hay dobles intenciones, ni ambigüedades, ni análisis profundos de la vida, ni grandes enseñanzas como sí que suele haberlas en todo relato de tono infantil que se precie. A partir de la primera hora, es cuando empieza el viaje sideral de verdad, y los protagonistas subidos en el coche mágico viajan hasta Vulgaria, un reino de esos de cuento, y dónde realmente se empieza a poner interesante el cotarro.

Vulgaria está gobernada por un Barón que quiere para sí a Chitty Chitty Bang Bang (el nombre del coche mágico por si alguien no lo sabía), y una baronesa que odia a los niños. Aquí la parte realmente interesante, y donde a mí me da que metió más mano el señor Roald Dahl. La figura del "secuestra-niños" aun sigue amargando los sueños de muchos cinéfilos metidos en años, y el escenario de ese país virtual tiene la virtud de erigirse como modelo antonomásico de un reino de cuento como Dios manda. No hará falta decir que los protagonistas liberarán al abuelo (secuestrado por el malvado barón), liberarán a los niños de Vulgaria (obligados a vivir escondidos en las catacumbas por la fobia de la baronesa), y serán todos felices y comerán perdices. Corresponde también a esta parte de la película el mejor número musical con diferencia, que es aquel en el que la protagonista se hace pasar por una muñeca de caja de música, y el protagonista por un payaso guiado con cruceta.

¿Por qué es una película para niños primordialmente? Porque es una de esas producciones amables, llenas de colorido, de música y de magia. Los protagonistas cumplen a la perfección, destacando los Barones pérfidos, interpretados por Gert Fröbe y Anna Quayle, cuya carrera no despegó a pesar de este éxito, y sobre todo por Dick Van Dyke, bastante habitual de la Disney en esta época. Desde luego yo no puedo pensar en un actor mejor para este tipo de filme: cantaba, bailaba y tenía una cara agradable, de esas que si te viene a ofrecer un caramelo a la puerta del colegio, hasta se lo aceptas. Y nunca mejor dicho, teniendo en cuenta que su personaje se hace rico vendiendo caramelos. Porque aquí hay de todo, hay dinero, hay viajes alucinógenos y hay amor. El amor está sustentado en el personaje interpretado por Sally Ann Howes, muy del estilo de Julie Andrews, y de la que tampoco se volvió a saber nada. De los niños huelga decirlo, nunca más se supo; sólo confiemos en que su destino no fuera como el de tantos y tantos infantes prodigio (me pongo en este plan porque es lo que requiere un guión del gran Dahl).

Quizás el coche que responde al nombre de "Chitty Chitty Bang Bang" sea un buen elemento para explicar finalmente lo que es un McGuffin. No tiene ninguna importancia en la historia, ninguna responsabilidad en la trama, y prácticamente ni aparece en el filme hasta la segunda hora que es cuando por sorpresa nos enteramos de que es un vehículo anfibio y de que vuela, sin que nadie sepa tampoco muy bien de dónde le vienen esas capacidades o por qué. Sin embargo, da título al filme, y aporta la excusa para que todo el reparto se traslade a Vulgaria, que es lo que realmente importa. Con todo, sería un uso bastante pobre del McGuffin, teniendo en cuenta que no sólo no atrapa nuestra atención, sino que incluso da la impresión de ser un pegote de última hora en la trama. Al final, tampoco nadie se acuerda del pobre coche. Así son las cosas.

Vivamente recomendada para niños pequeños, y para gente con el espíritu muy joven. Los gafapastas morirán de inmediato si se acercan a esta película a menos de un kilómetro.

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