Ficha

País

Dinamarca, Suecia, Francia, Noruega, Holanda, Finlandia, Alemania, USA, UK

Año

2003

Título original

Dogville

Duración

178min

Dirección

Lars Von Trier

Guión

Lars Von Trier

Reparto

Nicole Kidman, Harriet Andersson, Lauren Bacall, Jean-Marc Barr, Paul Bettany

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Crítica de Dogville
Autor: bronte
Fecha: 10/08/2005.
Póster Dogville

Dogville

Digerido por bronte

Ahora que vamos despacio, vamos a desenmascarar algunas mentiras. Las izquierdas del siglo XX, un buen día decidieron que el arte no está para entretener, sino para aleccionar. Lo que sin lugar a dudas, explica lo ladrillazo de algunas cinematografías. Falso. Ni tanto ni tampoco. Aceptemos como ideal aquel precepto de nuestros clásicos auriseculares cuando decían que hay que "deleitar aprovechando". Hay que decir algo, pero sin aburrir. Sigamos: en este contexto aparece un dramaturgo alemán llamado Bertold Brecht. Tan convencido estaba de que no hay que deleitar a los burgueses sino aleccionar a los proletarios, que se inventa una cosa que se ha dado en llamar el "distanciamiento". Falso. El distanciamiento es algo que se usa en el teatro ya desde los griegos. Aceptemos, sin embargo, que Brecht le dio "carisma" a la cosa. El distanciamiento consiste entonces en acentuar la artificiosidad de la recreación de la realidad, para que el espectador, consciente contínuamente de que no es realidad, sino una recreación, no pueda identificarse con la historia de manera emocional, y la pueda seguir tan sólo de manera intelectual. Así el autor se asegura de que esté muy pendiente del "mensaje", que es inoculado con precisión milimétrica.

Recursos del distanciamiento brechtiano son la narrativización (recurso siempre antidramático, ya que en la realidad cuando pasan las cosas no hay nunca una voz en off comentándolas), y entre otros, por ejemplo, el uso de carteles indicativos de situaciones o localizaciones. Todo esto nos lo encontramos en "Dogville", que no es más ni menos que una especie de obra de teatro con raíces en Brecht e Ibsen, traspasada a la cinematografía. Sin embargo, la cosa le ha salido un poco mal, porque es tal la fuerza de la historia, que parece bastante difícil no sentirse identificado con ella emocionalmente. Es "Dogville" una de las películas más duras realizadas en los últimos años. Con una dureza diamantina cómo sólo los europeos saben plasmar. La historia está situada en un pueblito de las Montañas Rocosas (USA) en plena depresión. Un amable pueblo americano al que llega una grácil damisela huyendo de unos gangsters. El pueblo decide acogerla y esconderla de sus perseguidores, reclamando a cambio primeramente la sola ayuda en las diferentes tareas. Sin embargo, pronto aparecen los deseos, las envidias, los odios, el rencor al extraño, y "Dogville" se convierte en una auténtica pesadilla, no apta para almas sensibles. A cambio de permanecer en el amable pueblecito, Grace, que así se llama la chica, ha de pasar por malos tratos, explotación, violaciones continuas y hasta un aparato de tortura que por características y función bien podría haber salido de la cabeza de Kafka. La película refleja rasgos del cine del director danés, tales como la crueldad del humano para con el humano, y el sacrificio femenino, que tanto le gusta. También utiliza símbolos poco sutiles, como el nombre del pueblo, o el hecho de que el perro se llame Moisés, el que trae las leyes, en un pueblo en el que sus habitantes en poco se diferencian de los perros, con sus comportamientos instintivos y salvajes, a los que se les suma una buena dosis de inmoralidad humana.


Todo funciona en la película de manera exacta. La narrativización y el hecho de que el decorado no sea más que una gran nave con las diferentes estancias dibujadas en el suelo, ayudan a conformar ese espíritu de gran fábula sobre el comportamiento humano. Todos los personajes son en su parte más íntima, arquetipos fácilmente reconocibles por cualquier persona del Planeta Tierra. Sus desarrollos psicológicos están perfectamente medidos y justificados, sin perder por ello su tono de cuento, ayudado sin lugar a dudas por la voz en off de John Hurt. La manera en cómo los humanos pueden llegar a ser infernalmente crueles sin dejar de convencerse a sí mismos de su gran corazón, es retratado de manera irónica y cruel. Sólo se pueden tener buenas palabras cuando se reflexiona sobre aquello de fábula moral universal que tiene "Dogville", haciendo la única excepción de la secuencia protagonizada por James Caan, donde el guión, al tornarse demasiado didáctico y prosopopéyico, pierde fuerza y consistencia, tampoco demasiado ayudado por la dirección de un personaje que parece un azucarillo en vez de un gángster. Sobre todo en un mundo en el que se ha optado por figuras tan arquetípicas. El resto de los actores lucen soberbios, encabezados por Nicole Kidman, cuya desgracia hace revolverse al espectador en la butaca.

Afortunadamente el final de la película descarga al público de la tensión, con un final que reivindica la búsqueda de justicia en el ser humano. Eso que llamamos venganza si tenemos que ejercerla por nuestra propia mano. Y, por mucha intelectualidad que le queramos poner a la cosa, el recorrido emocional que experimenta el espectador en "Dogville", en poco se diferencia del de películas como "Sin perdón" o de secuencias como en la que Harry Callahan dice aquello de: "Sé lo que estás pensando, cerdo...". Claro que a lo mejor Von Trier no quería ser magnánimo con su público, y lo que intentaba pura y llanamente era demostrar que en Estados Unidos, por activa o por pasiva, la solución siempre es la violencia (como en todas partes, por otro lado). Porque hay que decir que toda la magnificencia de la película se viene demoledoramente abajo cuando uno descubre el afán "aleccionador" de su autor, y que no es otro que poner a USA como hoja de perejil. Como si ahora nos enteráramos de que Shakespeare escribió "Otelo, el moro de Venecia", con la única intención de criticar a los moros. Igualito.

Pese a su envoltorio de gran fábula universal, "Dogville", sólo tiene una intención, que por otro lado, es la de siempre. Y es que esta película forma parte de una trilogía contra el sistema y la sociedad americana. Como lo oyen. Es de psicopático la obsesión de este autor con un país que ni siquiera conoce. Porque nunca ha estado allí y no parece que tenga mucha intención de posar en ultramar su lindo pie. Y no hace falta que lo jure, porque es más que evidente que no tiene ni una lejana idea de cuáles son los fundamentos de los Estados Unidos como nación. Cosa que tampoco se le puede reprochar, pues está muy en sintonía con los conocimientos generales de los europeos sobre el misterioso y siempre desasosegante país transoceánico. Lo que hubiera sido una obra de arte en relación al "espíritu humano", se convierte en un torpe retrato de una idiosincrasia que Trier no conoce ni por el forro, como parece obvio.

En primer lugar, el espíritu gregario que se observa en Dogville, es algo mucho más europeo que americano, pues en la primera potencia, el hiperindividualismo y el principio de responsabilidad individual hacen imposible esa sensación de rebaño que intenta dar la película. En segundo lugar, ese miedo a lo foráneo es algo fundamentalmente europeo y no americano. Es justamente en USA donde nadie es extranjero, porque todos lo son, construida su historia a base de oleadas de "nuevas incorporaciones". Son justamente los europeos con sus coros y danzas arriba y abajo, los que tienen esa sensación de propiedad absoluta de hasta las moscas que vuelan a su alrededor. No es algo aplicable a la sociedad americana, dinámica y desarraigada hasta extremos que escandalizan a los europeos. Critica de USA la autocomplacencia cuando es algo definitivamente europeo, bien visible en su afán por esquivar la autocrítica, dirigiéndola siempre al tan repudiado país norteamericano. En definitiva, Lars Von Trier, critica algo que conoce muy, pero que muy bien, y lo ubica en y achaca a algo que no conoce ni de lejos. Así de crudo. No es de extrañar que en Cannes los enviados estadounidenses clamaran que Trier no tenía ni idea de lo que hablaba, mientras la película se llenó de premios en Europa. Es lo que hay.

Sin embargo, eso no es todo. Si "Dogville" es un cuento sobre la doble moral, es difícil encontrar una doble moral más patente que la de su director. Critica a Estados Unidos, pero cuenta con su dinero para hacer el filme. Crítica a Estados Unidos, pero rueda su cinta en inglés, el idioma del nuevo imperio, consciente de que así será mucho más fácil la distribución. Crítica a Estados Unidos y su sistema, pero no tiene ningún reparo en utilizar a actores del star-system, no ignorante de que eso facilitará la difusión, y por lo tanto engrosará la taquilla. Critica a Estados Unidos, pero como una sanguijuela, utiliza todos sus códigos semióticos (el gángster, el cuatro de julio, la pequeña localidad en las montañas rocosas), sabedor de que al ser un código universal, su mensaje anti-Estados Unidos llegará a todas partes. ¿Les suena esto a algo? Hubiera sido mucho más decente hacer la película en danés y sobre las miserias de Dinamarca, que también las tiene. Pero no lo verán nuestros ojos; resulta que la crítica a Dinamarca parece que a nadie le interesa. Lo que yo no entiendo es que hacen históricos del cine americano como Lauren Bacall o Ben Gazzara, participando en algo tan turbio y espurio. Su presencia y la financiación americana, sólo se entienden desde la grandeza o desde la más absoluta burremia, sinceramente.

En definitiva, una excelente película que pierde toda su excelencia al descubrir sus intenciones. Recomendada para gente sensible y a salvo del discurso pueril anti-americano, y para antiamericanos que se crean que eso sólo pasa allí, que a esos les encantará en toda su plenitud.

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