Ficha

País

USA

Año

2005

Título original

The adventures of Sharkboy and Lavagirl in 3D

Duración

93min

Dirección

Robert Rodriguez

Guión

Robert Rodriguez, Racer Rodriguez

Reparto

Taylor Lautner, Taylor Dooley, Cayden Boyd, George Lopez

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Crítica de Las aventuras de Sharkboy y Lavagirl en 3D
Autor: bronte
Fecha: 21/08/2005.
Póster Las aventuras de Sharkboy y Lavagirl en 3D

Las aventuras de Sharkboy y Lavagirl en 3D

Digerido por bronte

La trama de “Las aventuras de Sharkboy y Lavagirl en 3D” es tan malísima que parece fruto de la mente de un niño de siete años. Pero, qué digo, es el fruto de la mente de un niño de siete años. Concretamente de Racer Rodríguez, hijo del ínclito Robert Rodríguez, a la sazón director de esta castaña. Por muy orgulloso que esté el papá, lo que no se entiende es cómo no ha habido por ahí algún adulto caritativo que haya metido mano para darle algo de trazas al asunto. Porque, si es verdad que Robert Rodríguez dirige, escribe, edita, compone (que vaya música y vaya canciones), fotografía y sirve el catering, multiempleo que explicaría el resultado final, lo cierto es que a la vista de sus últimas proporciones cuesta bastante otorgarle a este director la profesionalidad de un adulto. Lo que este hombre está haciendo con su retoño tampoco parece de recibo, y parece que por mucho menos le quitaron a Ladybird todos sus hijos. ¿Dónde está esa famosa fiscalía de menores cuando hace falta de verdad?

"Las aventuras de Sharkboy y Lavagirl en 3D " constituye uno de los casos más flagrantes de plagio salvaje a los que hemos asistido en los últimos años. No sólo mete sus ponzoñosas garras en la idea principal de "La historia interminable", de la que casi copia hasta la fuente de la letra, si me apuran, es que además, a nivel visual saquea sin rubor a grandes clásicos del entretenimiento. Por ejemplo, poco le ha quedado por copiar a Spielberg. Entre los muchos atracos al director de E.T., llaman especialmente la atención las copias a los Indianas donde no faltan ni varios puentes, ni la elección del cáliz. Esto entre los muchos fusilamientos; entreténganse contándolos.

No es cuestión de entrar en demasiadas honduras con respecto a la poca originalidad sobre la idea principal de que los niños han de seguir soñando para que los sueños no mueran, que eso ya lo dijo hace muchos años J.M. Barrie, por supuesto con mucho más talento, gracia y vergüenza, pero sí que me quejaré amargamente de la penosa estructuración e inexistente interés de la historia, lo traído por los pelos de cualquier avance en la trama y sobre todo de la lacerante explicitud de la abundante moralina sobre la necesidad de soñar etc., etc., mensaje que se repite n veces en los interminables 93 minutos de metraje, sin asomo de rubor en el que firma el guión.

Como era previsible los personajes no tienen ni pies ni cabeza, van cada uno a su aire, la incoherencia reina en sus relaciones y todo en la película está puesto al servicio de un torpe desarrollo cuya única función es que siempre haya cosas que avancen violentamente hacia el objetivo de la cámara. Porque esa es otra: la película goza de la maravillosa tecnología 3D, esa que dejaría ciego a Rompetechos, cosa que no consiguió su oculista. No hace falta decir que la imagen levanta dolor de cabeza, con su pertinaz tono grisáceo y cuando uno por fin puede quitarse las gafas, da las gracias al cielo por haber superado tan dura prueba. Lo cual tampoco quiere decir que haya mucho que ver, no se vayan a creer. Como es costumbre en las películas de Robert Rodríguez, una farragosa estética sirve para ocultar la vaciedad más absoluta. En este caso, además de farragosa, es fea. Los efectos son feos, los decorados son feos, los trajes son feos y los niños... están ahí.

Tenemos por costumbre en esta página no criticar severamente la labor de los actores infantiles y más sí existe el riesgo de que sepan leer español, así que me centraré en los personajes. Si es cierto que salieron de la cabeza de Racer Rodríguez, menudo pequeño monstruo que está creando don Roberto. Vaya colección de estereotipos rancios. Los personajes masculinos o son histéricamente violentos, como es el caso de Sharkboy, o positivos soñadores reprimidos por mujeres castrantes (madre/esposa). Por su lado, las dos niñas se dividen en florero o en el clásico personaje que se desvive por ser buena pero que genera la destrucción allí por donde va. La perdición de los hombres en términos adultos. Por supuesto al final le lavan la cara a la cosa, pero ahí ha quedado el mensaje. En fin, una película muy mala donde Sharkboy es carne de reformatorio y Lavagirl debe de sufrir de tétanos por aquello de la continúa risa sardónica sin venir a cuento.

¿Saben cuando a uno le dan ganas de mentar a toda la familia del director o en su defecto "descargar" sobre la misma? Pues en está ocasión podrán hacerlo sin temor a que inocentes paguen por pecadores. Supongo que todos tenemos que pasar por la terrible experiencia de ver una película en 3D cuando somos niños. Recomendada única y estrictamente en esa circunstancia.

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