Ficha

País

USA

Año

2005

Título original

Cinderella man

Duración

144min

Dirección

Ron Howard

Guión

Cliff Hollinsworth, Akiva Goldsman

Reparto

Russell Crowe, RenÚe Zellweger, Paul Giamatti, Craig Bierko, Paddy Considine, Bruce McGill

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Crítica de Cinderella man
Autor: bronte
Fecha: 2005-09-12.
Póster Cinderella man

Cinderella man

Digerido por bronte

“Cinderella man” es otro ejemplo canónico de la épica estadounidense. La épica de los héroes. Todas las naciones tienen la suya en su momento de esplendor. Antes del fracaso definitivo y antes de la pérdida total de la confianza en los valores que atesora el pueblo. España también tuvo su épica heroica, en aquellos momentos en los que para un caballero no había nada antes que la lealtad a su honor. Después llegaría la picaresca, y aún ahí estamos. La épica norteamericana también trata del honor, pero fruto como es del siglo XX, también tiene en ella un papel preponderante el dinero. El héroe norteamericano no sólo está hecho de una sola pieza de puro honor; también es un ser humano que lo pierde todo y vuelve a la cima con la sola ayuda de su esfuerzo y el apoyo de los suyos. Por si acaso, aclararé que esto no sucede en América porque sean unos usureros; sucede por las circunstancias, el aquí y el ahora. Sería bastante tonto que el héroe nacional español fuese un escudero del Cid que gracias a su duro trabajo en las minas consigue un marquesado (si es que tuviéramos alguno).

La historia de Jim J. Braddock corresponde a la perfección a este esquema. Con el aliciente de que es una historia real, para que se pueda apreciar cómo existe un momento en la historia de los pueblos en el que no existe una ruptura entre los valores de la ficción y la realidad. Como ya he dicho, suele ser en el momento del esplendor. El periplo vital de este boxeador también nos sirve para calibrar hasta qué punto USA ha sido capaz de levantarse cuando se ha visto de rodillas, sin perder nunca la confianza en los valores que la sustentan como nación. Uno de esos valores es lo sagrado de la propiedad privada (lo cual explica la cantidad de gente que no quiso salir de Nueva Orleans ante "Katrina", prefiriendo quedarse para custodiar sus pertenencias). Jim J. Braddock le explica a su hijo que sea cual sea el grado de pobreza al que uno llega, jamás debe apropiarse de lo que no es suyo, jamás debe robar. Y no está mal el consejo, porque una cosa es ser pobre, y otra ser miserable.

La odisea del boxeador irlandés funciona como perfecta metáfora de la historia de Estados Unidos en la Gran Depresión. Un país que vivía en la abundancia de los felices años 20, y que en el Crack del 29 lo perdió todo. Y de cómo, sin renunciar nunca a lo que era, volvió a levantarse y a recuperar todo aquello que había perdido. De ahí la importancia de este boxeador, que de ser una estrella, pasó a ser un estibador en los muelles de New Jersey, combatiendo de vez en cuando por unas limosnas y en numerosas ocasiones gravemente lesionado. Y de ahí, otra vez a ser una estrella, sobre todo a través de la consecución de "lo imposible": mayor y cansado batió a rivales mucho más lozanos que él, llegando el paroxismo cuando ganó al "carnicero" Max Baer. Por ello, las víctimas de la Gran Depresión rezaban por Braddock. Porque creían que luchaba por ellos. Porque simbolizó el "resurgimiento".

Con todos estos mimbres, Ron Howard firma un filme extremadamente clásico. Tanto su guión y estructura, que repiten la fórmula de manera milimétrica, como su puesta en escena, son notablemente poco arriesgados. Viéndome obligada a ser la voz discordante, reconoceré que de este tándem, recibí con mucha más alegría "Una mente maravillosa" que este "Cinderella man". Con esto quiero decir que es una magnífica película, mejor que el 95% que se pasean por nuestras pantallas, pero no he podido evitar tener la sensación de haberla visto anteriormente muchas veces, sin que me aportara nada nuevo, y sin que nada me hiciera vibrar de verdad de la buena. Los diálogos me han parecido bastante discretos, sin que haya una sola frase que pueda recordar de todo el guión. La relación entre Braddock y su esposa, Renée Zellweger no ha llegado a parecerme del todo auténtica, probablemente porque es difícil conseguir química con la mofletuda actriz, y los momentos de carantoñas parecían excesivamente almibarados, intentando suplir con el el lenguaje corporal lo que no existía por ninguna otra parte. Tampoco la relación entre los personajes me ha parecido que gozara de grandes momentos. Ni que la historia esté especialmente bien desarrollada, pues es bastante dificil seguir la situación económica del boxeador a tenor de su vestuario, que pasa de ser unos andrajos a un buen traje en cuestión de segundos, sin que se llegue a saber si tiene para comer o no. Lo mismo pasa con los ropajes de su esposa, extrañamente lujosos para ser tan pobres.

Reconoceré asimismo que he visto escenas de boxeo mucho mejor rodadas, con más pasión y más nervio, aunque no diré dónde. Y añadiré que pese a su espectacular cambio físico (que no hay quien lo reconozca), Craig Bierko sigue sin tener cara de asesino del ring. Ahora eso sí. La película merece la pena ser vista por las grandes interpretaciones, en concreto las de Paul Giamatti y Russell Crowe. Paul Giamatti saca adelante de manera sobresaliente un personaje que sobre el papel está poco menos que maltratado con unos diálogos funcionales en muchas ocasiones y apayasados en otras, y Russell Crowe vuelve a callar la boca a todos aquellos que dicen que lo único que sabe hacer bien es comer. En primer lugar porque en "Cinderella man" aparece con muy buen tipo, y en segundo lugar porque vuelve a desplegar la credibilidad de su humanidad de tal manera que no queda más que admitir que es uno de los mejores actores contemporáneos.

Una película americana "épica" con todo lo que eso comporta. A saber: trata de valores, trata de superación, trata de héroes auténticos, trata de "vivo en un gran país", y trata de que está muy bien hecha y no se parece en nada a "Yo hice a Roque III", la gran aportación patria al género del boxeo. Recomendada para gente que no pega a los recepcionistas de hotel. Puntuacion