Ficha

País

Dinamarca

Año

1955

Título original

Ordet

Duración

126min

Dirección

Karl T. Dreyer

Guión

Kaj Munk

Reparto

Hanne Agesen, Sylvya Eckhausen, Egner Federspiel, Emil Hass Christensen

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Crítica de Ordet
Autor: bronte
Fecha: 18/09/2005.
Póster Ordet

Ordet

Digerido por bronte

"Ordet", también conocida como "La palabra", es una de las películas más conocidas del director danés Carl T. Dreyer, considerado uno de los grandes genios del séptimo arte. La historia está basada en una obra de teatro del pastor y dramaturgo también danés Kaj Munk, cuya biografía acabó en manos de los nazis en 1944. Y no es un dato extraño que la que está considerada una de las mejores películas sobre la fe y la espiritualidad haya nacido en Escandinavia. Pese al laicismo presente en estos países en la actualidad, se podría decir que dejan en ridículo a países tradicionalmente religiosos como España o Italia, si echamos una ojeada a su historia. Durante el siglo XIX, en concreto en Dinamarca, la reflexión religiosa es un tema capital, y lo que conocemos como los "puritanos" americanos son directos descendientes de los emigrantes de estas naciones.

No es raro que la obra de Munk sea religiosa, siendo un sacerdote, y no es extraño que Dreyer sintiera interés por esta historia, pues hay en este director danés una atracción recurrente por el estudio del alma humana, que en los países nórdicos acostumbraba a tener forma de disquisición sobre la fe. Y este es uno de los dos grandes temas de este realizador, junto con el del amor, también presente en esta película. La trama es la que sigue: Ambientada en la Dinamarca de los años '30, Borgen es un terrateniente extremadamente religioso que tiene tres hijos; Johannes, elegido por su padre para transmitir la palabra de Dios, que se ha vuelto loco al estudiar obsesivamente a Kierkegaard, y cree ser Jesucristo. Mikkel, el hermano mayor, que ha perdido la fe, y está casado con Inger, creyente, y madre de dos niñas, en espera de un tercer hijo. Y Anders, el pequeño, que quiere casarse con la hija del sastre, líder de otra facción religiosa enfrentada con la de Borgen. A Borgen no le hace gracia este matrimonio, pero se acerca a la casa del sastre a intentar interceder por su hijo. Allí hay una discusión religiosa sobre los diferentes puntos de vista sobre la fe, y, súbitamente una llamada de teléfono avisa a Borgen de que está habiendo complicaciones en el parto de Inger. En ese momento, el sastre desea la muerte de la nuera de Borgen para que éste finalmente entienda el objetivo de martirio de la fe, ya que el terrateniente insiste en seguir viviendo su religión de manera alegre e iluminada. Cuando Borgen llega a su casa, Inger, tras haber dado a luz a un hijo muerto, también fallece. En su funeral, aparece el sastre con su hija, dispuesto a conceder su mano en matrimonio, consciente de su falta y de su obcecación religiosa. Pero no es el único que reflexiona sobre su fe. Pese a estar el sentimiento religioso presente en todos los personajes, el único que realmente cree es el loco Johannes. El resto de los caracteres rezan sin auténtica fe, o mediatizan la religión para enfrentarse a la vida o al vecino. Johannes reprocha a todos su falta de auténtica fe, y la pequeña Maren, hija mayor de Inger, pide a su tío que resucite a su madre. La última secuencia resuelve la incógnita de si se puede producir el milagro. La sola fe de Johannes y de Maren logra fascinar a todos los que velan el cuerpo.

La película no intenta en ningún momento ocultar sus orígenes teatrales, y si bien el propio dramaturgo reaccionaba contra el naturalismo reinvindicando un teatro más espiritual y ritual, el propio Dreyer renuncia al naturalismo cinematográfico a través de la plasmación de un naturalismo teatral. Pocas son las estancias que utiliza la película para retratar su historia, y no es raro que la cámara permanezca siempre en el mismo lado del decorado, emulando la visión que tiene un espectador en un teatro a la italiana. Esto no quiere decir que el trabajo de cámara sea estático o poco relevante. Muy al contrario, se trata de una muy falsa sencilla puesta en escena donde la composición de cada imagen está cuidadísima. Por ejemplo, en la secuencia en la que el médico (que representa el laicismo de la ciencia), y el pastor (que representa la religión oficial, ambos enfrente de la "auténtica fe"), están hablando con Borgen, éste se traslada de un lado al otro del plano frontal por detrás de la cámara, lo cual hace que el punto de vista del espectador esté totalmente inmerso en la acción. O el celebérrimo momento en el que Johannes habla con su sobrina mayor sobre la falta de fe en Dios de los hombres, acompañado el discurso por un movimiento circular de la cámara que le da un aire casi irreal a la secuencia. Es un buen trabajo para cinéfilos en ciernes, fijarse en cada escena y en el movimiento de la cámara en las mismas para entender el auténtico significado de la palabra "sutilidad", y para entender lo poderoso que puede ser este ingenio.

Pero no es sólo este aspecto el que hace de "Ordet" una película especial. La puesta en escena, la iluminación (inolvidables las mieses acariciadas por el viento) y la coreografía de los actores, hace asimismo que cada momento tenga una iridiscencia especial. Clara atención merece el momento en que Borgen, entre el cielo y la tierra, sólo ante la naturaleza, clama por Johannes, quien se cree Jesús. Lo busca. Es esta una película de un ritmo atemperado y lento, que en principio puede parecer el simple drama costumbrista de una familia campesina. Pero hay algo de mágico en ella. Una película carente de todo artificio, y al mismo tiempo lo suficientemente distante y artificiosa (recordemos su puesta en escena tan claramente teatral), como para que no podamos sentirnos identificados con los avatares de sus protagonistas. Qué decir de los diálogos, tan estilizados y distantes, tan teatrales de nuevo, y al mismo en los que late poderosamente la humanidad de cada personaje. Sin embargo, cuando el final se acerca, el ambiente irreal de la película ha logrado ganarse al espectador que es el único que permanece con la pequeña Maren y Johannes en la idea de que el milagro puede ocurrir. Mucho se ha dicho sobre si esta película es una película sobre religión o no (pese a los grandes parlamentos dedicados al tema), y tanto religiosos como antireligiosos han intentado llevarse a "Ordet" a su terreno. Lo cierto e indiscutible es que es una película sobre la fe. Una fe que quiere aparecer desnuda e inocente y que por ello se refugia en los brazos de una niña y de un loco. Una fe que actúa siempre como motor vital del ser humano coincida o no con su forma religiosa y una fe que en numerosas ocasiones se pierde más que por el positivismo o cientifismo, por un desencanto existencial que va minando a los hombres. Una historia que clama por la vivencia auténtica del valor moral más allá de su forma institucional u oficial. Una vuelta al origen.

La interpretación a estas alturas de siglo puede parecer torpe y antinatural, sin embargo es otro de los factores decisivos a la hora de crear determinado estado de ánimo en el espectador, que comparte el sufrimiento de los Borgen. Sinceramente creo que es difícil no emocionarse con la última escena de esta película, para la que el director nos ha estado preparando de forma concienzuda y pausada durante toda la cinta y es difícil no sentir que las dos horas de metraje han sido un puro milagro. El milagro de que algo tan falso como una película hecha de celuloide haya sido capaz, sin ningún tipo de efecto especial, de hacernos creer que existen los milagros. Puntuacion