Ficha

País

USA

Año

2005

Título original

Fever Pitch

Duración

103min

Dirección

Bobby Farrelly, Peter Farrelly

Guión

Nick Hornby, Lowell Ganz

Reparto

Drew Barrimore, Jimmy Fallon, Jason Spevack, Jack Kehler, Scott Severance

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Crítica de Amor en juego
Autor: malabesta
Fecha: 20/09/2005.
Póster Amor en juego

Amor en juego

Digerido por malabesta

“Amor en juego” es la última película de los Farrelli, de nuevo en el terreno de la comedia romántica. No sé si es que están siguiendo una dieta rica en glucosa, o que han cambiado su medicación, pero lejos quedan ya aquellos chistes sobre disminuidos de todo tipo, secreciones corporales variadas y accidentes con cremalleras, y lo han cambiado todo por una cierta sensibilidad, casi hasta sensiblería. Pero para bien, todo hay que decirlo.

La historia de “Amor en juego” sigue a Ben (Jimmy Fallon), una especie de ultra (sin las connotaciones navajeriles y neonazis que por estos lares tiene la palabra) de los Red Sox, equipo de baseball con base en Boston. Tiene todas las indumentarias oficiales habidas y por haber, las sábanas, la toalla, el pijama, los calzoncillos, el papel higiénico y en fin, todo el merchandising oficial que se les pueda ocurrir. Ben conoce a Lindsey (Drew Barrymore), una matemática que triunfa en el mundo laboral, y comienzan a salir. El caso es que la relación entra en conflicto con la exacerbada pasión de Ben por los Red, que para que nos entendamos, es como ser fan del Atlético de Madrid. Todo el mundo sabe que nunca se comerán una rosca, pero que como han tenido sus momentos de gloria y tienen una cierta imagen de “pupas”, ofrecen un cierto atractivo que atrae a numerosos seguidores. En este caso los Red Sox tienen sobre sí una supuesta maldición contraída al vender a Babe Ruth, jugador legendario allá por los tiempos de María Castaña, y desde principios de siglo no han vuelto a ganar las series mundiales (la liga de baseball, vamos). En torno a estos dos puntos, la relación Ben-Lindsey y las aspiraciones de los Sox gira la película (mucho más en torno a la relación, por supuesto).

Probablemente la clave en el cambio de registro de los Farrelli esté en que ya no son guionistas de sus películas, por lo que mientras que la historia no necesita que cada cinco minutos alguien haga algún tipo de chiste tremendamente cruel, sigue habiendo pequeños huecos por los que pueden colar su humor para hacer más llevadera una historia construida de manera sólida. En el caso de “Amor en juego” la unión funciona bastante bien: es fácil detectar qué chistes son de cada quién pero en ningún momento llegan a ser desagradables o a sacar al espectador de la historia. La película está estructurada en pequeñas partes, iniciada cada una con un cartel en el que se nos cuenta un poco qué va a pasar o se nos da una pista sobre ello, y que por lo general suele ir seguido por imágenes de un partido de los Red Sox, cuya trayectoria y victorias/derrotas marca el tiempo dramático del guión, que se sincroniza para que los momentos críticos y puntos de giro de la historia estén motivados por o relacionados con alguno de estos partidos. A pesar de que en términos generales la calidad del guión es alta, tiene problemas con ciertos personajes, de manera que uno tiene la impresión de que sólo están ahí para servir a la pareja protagonista, entrando y saliendo de la historia con una rapidez notable y sin demasiado desarrollo.

La pareja protagonista, Fallon y Barrymore, está un poco descompensada: Barrymore, a pesar de que desde luego no sea uno de sus mejores papeles (y de que tampoco sea una gran actriz, con esa procesión de ticks en su cara, con especial intensidad en morderse los labios una y mil veces) tiene mucha más presencia y carisma que Jimmy Fallon, que parece que tiene un físico y una cara a medio camino de todo. Ni es un guapo ni tiene un rostro con mucha vis cómica, a pesar de que sea oriundo del “Saturday night live” (suponemos que como monologuista tendrá bastante más gancho); en el cine de acción no le veo mucho futuro, pero tampoco se le ve muy dotado para los papeles dramáticos.

En fin, una comedia agradable y entretenida que compensa con creces lo que se paga de entrada. Que por mucho que la Sardá insista en el que las redes P2P traerán el apocalipsis sobre el cine, la gente sigue yendo. Recomendada para todos aquellos que sepan qué es un “strike” o cuando gritar “safe!”, y que sean capaces de repetir esas series de señas y señales que se hacen entre sí los jugadores y entrenadores y que siempre incluyen, al menos una vez, tocarse las orejas, mover la visera, rascarse la entrepierna y llevarse una mano a la boca (aunque esperemos que no en ese orden).

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