Ficha

País

España

Año

2005

Título original

El método

Duración

115min

Dirección

Marcelo Piñeyro

Guión

Jordi Galcerán, Mateo Gil

Reparto

Ernesto Alterio, Pablo Echarri, Eduard Fernández, Carmelo Gómez, Najwa Nimri, Eduardo Noriega, Adriana Ozores, Natalia Verbeke

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Crítica de El método
Autor: malabesta
Fecha: 03/10/2005.
Póster El método

El método

Digerido por malabesta

"El método" es la adaptación cinematográfica de la obra de teatro homónima (casi) “El método Gronhölm”, de Jordi Galcerán, autor que ya se ha desligado públicamente de la película, puesto que según sus palabras, no tiene nada que ver con el original. Por un lado se cambia el registro, por otro el 95% del diálogo, además de doblar el número de personajes. Supongo que tampoco estará demasiado contento con la calidad del resultado.

La historia es muy simple. Ocho aspirantes a un alto cargo dentro de una multinacional se presentan a la última de las pruebas de selección, que dirimirá quién es el afortunado contratado. Dicha criba se realizará según el método Gronhölm, misteriosa técnica que nadie conoce y que a medida que avanza la película descubrimos que no es más que la adaptación de “Gran Hermano” a los recursos humanos: a través de diferentes situaciones hipotéticas con creciente grado de ridiculez, los aspirantes al premio se destripan sin piedad los unos a otros. La obra original, una comedia, se centraba en la ridiculez de las pruebas (aunque sin dejar por ello de ser una reflexión profunda), mientras que la película, un drama, lo hace en el destripamiento inhumano al que la “empresa” (planteada como un ente inhumano, sin cara ni persona) obliga a los aspirantes, mucho más del gusto de la subvención. Marcelo Piñeyro y Mateo Gil (director y guioinsta) intentan hacer una metáfora, de una manera un tanto burda y con una ideología un tanto infantil, sobre la situación social actual, en la que las grandes compañías, engendros de Satanás, convierten al hombre en una máquina que sólo busca dinero y que es capaz de destrozar a cualquiera que se interponga en su camino, en contraste con esos jóvenes idealistas (que la película sitúa en Madrid, a las puertas del mismo edificio donde se celebra la prueba) y que al grito de “el pueblo unido jamás será vencido” luchan contra la globalización, y de paso queman unos cuantos coches y contenedores, que ya sabemos todos que son los culpables del hambre y la sobreexplotación.

En todo caso, dejando de lado el mensaje de la película, el resto es un conjunto no del todo desagradable, aunque tiene sus momentos negros. Un gran handicap es su reparto: poner en la misma sala a actores de contrastado oficio y larga carrera, como Carmelo Gómez o Eduard Fernández con otros de contrastadas carencias, como Eduardo Noriega (cuya actuación está a la altura del hombre que nos cambiaba dos tambores de detergente por uno de nuestra marca de siempre) o Najwa Nimri, sólo consigue que estos últimos parezcan miles de veces peores de lo que ya son, y eso es mucho. Tampoco ayuda nada la dirección de actores, que hace que Ernesto Alterio (el alivio cómico de la película), muy digno todo el tiempo, termine por caer en un histrionismo y una sobreactuación que en la cara de Gary Oldman fueran pecado, y que hace también que Natalia Verbeke convierta a su personaje en bastante más que tonta, cuando en realidad es evidente que no lo es (el personaje, me refiero, que a ella no la conozco). Otra dificultad añadida a la labor de los actores es que la película hereda su ambientación de la obra de teatro, por lo que se desarrolla casi de manera íntegra dentro de una sala. Esto hace que casi todos estén casi todo el tiempo dentro de plano, y mientras que Eduard Fernández (que sin duda es el mejor de la película con diferencia) se mueva con mucha fluidez y comodidad dentro de su personaje y lo sepa mantener durante las dos horas de metraje, los actores menos dotados se muevan de manera torpe por la escena y no sepan comportarse cuando no son el centro del plano.

La dirección también tiene sus altibajos: mientras que el desarrollo dentro de la sala está resuelto con oficio y sólo tres cámaras (de una manera muy clásica, cubriendo plano corto, medio y largo simultáneamente), al principio de la película Marcelo Piñeyro usa unos montajes tremendamente artificiales, dividiendo la pantalla (sin mucho objeto, pues se limita a ofrecer diferentes planos de la misma situación en cada una de las secciones) de una manera que choca de frente con la naturalidad y la simpleza del resto de la película.

El guión también tiene sus altibajos. Logra mantener el interés del público a lo largo de todo el metraje, que no es corto, gracias a que va colocando pequeños desafíos a los personajes e introduciendo escenas de tensión bien contrapuntadas con momentos más ligeros, generalmente a cargo de Alterio, que permiten al espectador prepararse para la siguiente. Lástima que, a pesar de que ambos escritores son argentinos, acaben pariendo una auténtica españolada: no falta la cruda escena de sexo que, por inverosímil que ello parezca, consiguen colar en medio de una selección de personal, rodada casi en tiempo real y sin flashbacks ni zarandajas. Increíble. A veces parece que para poder cobrar la subvención hay que enseñar uno o más pezones. No es que a mí me moleste especialmente, pero desde luego le quita mucha solidez al conjunto. Parece que en lugar de “El método” uno haya ido a ver “Fue a por trabajo y le comieron lo de abajo”, que también debe tocar los temas de la precariedad laboral.

En fin, una película que por obra, palabra y omisión, termina por no cumplir con las expectativas que ella misma crea. Recomendada para fans de Plauto, que dijo aquello de homo homini lupus, y eso que él no sabía mucho de capitalismo, multinacionales o entrevistas de trabajo. Puntuacion