Ficha

País

China

Año

1994

Título original

Dung che sai duk

Duración

100min

Dirección

Wong Kar Wai

Guión

Wong Kar Wai, Louis Cha

Reparto

Brigitte Lin, Leslie Cheung, Maggie Cheung, Tony Leung, Jacky Cheung

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Crítica de Ashes of time
Autor: sensillo
Fecha: 06/10/2005.
Póster Ashes of time

Ashes of time

Digerido por sensillo

Los autores orientales no sólo son capaces de superar en pedantería a los mismísimos franceses si se así se lo proponen, sino que disponen de un género popular completamente autóctono como es el Wuxia al que pueden recurrir cada vez que deseen reafirmar su excepción cultural.

Prácticamente desconocida por estos pagos, “Ashes of Time” es una película de espadachines superpoderosos en la que lo que menos lucen son las coreografías de los duelos. La dirección corre a cargo de Wong Kar Wai, aclamado por el gafapasterío de aquí por películas como “Deseando amar” y “2046”. Para quien no lo conozca, Wong Kar Wai es un director que se jacta de empezar a rodar sin guión.

“Ashes of Time” tiene por escenario una pequeña cantina situada en un alejado erial, regentada por un cínico asesino a sueldo. Los personajes que por allí se dejan caer llevan una existencia solitaria, por unos motivos u otros, en plena sintonía con ese desierto. La historia va siendo narrada a viva voz a través de las reflexiones del barman espadachín, quien se encarga de explicar allí donde, por algún extraño motivo, el lenguaje cinematográfico no alcanza a hacerlo.

Y lo peor es que por más que el narrador se empeñe en hablar como una cotorra, poco ayuda a esclarecer los hechos. Como en otros trabajos de Wong Kar Wai, el montaje no sigue un orden cronológico, sino que tiene una estructura cíclica desordenada cual rompecabezas. Hay quien apunta que Tarantino, reconocido admirador del cine oriental, pudiera haberse inspirado en ésta para su montaje de “Pulp Fiction”. Con la diferencia de que “Pulp Fiction” se entendía, claro está. Imagínense la cara que se le queda al respetable viendo "Ashes of Time" cuando se produce un punto de inflexión. Pues nada, que se le queda exactamente la misma cara de extrañeza que tenía antes. Lo que es poco más que un triángulo amoroso se transforma en algo parecido a los postulados de la física cuántica en una clase de preescolar, gracias al firme propósito del director de oscurecer una historia que ni él mismo sabe a dónde va. Hay gente sin complejos, no obstante, a quienes no les importa en absoluto no llegar a entender la película. También los hay a quienes no importará tener que verla unas cuantas veces para entender sus vericuetos. La mayoría nos conformaremos con encontrar lo antes posible la salida.

Como es una película de personajes y no de acción, las escenas de mamporros están resueltas para conseguir irritar a quienes, por error, estuvieran buscando eso. La cámara desenfoca y la pantalla se emborrona en un caos que hace imposible saber qué esta pasando. Lo mismo podría ser un tumulto en las rebajas de unos grandes almacenes que el último encierro de San Fermín a cámara lenta. Hay quien dice que es la cámara la protagonista de la coreografía. No digo que no. He visto ese tipo de bailes en más de una fiesta etílica.

Queda como curiosidad para la crítica de mucha bufanda y para los seguidores de su creador, toda una insignia dentro del mundo del destilado de poesía. Para un público más amplio, mejor recomendar su mucho más centrada y transparente “Deseando amar”, que le abrió las puertas a Europa.

Recomendada para los que aguardan impacientes por la version de Rohmer de Dragon Ball.

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