Ficha

País

USA

Año

2005

Título original

The longest yard

Duración

113min

Dirección

Peter Segal

Guión

: Albert S. Ruddy, Tracy Keenan Wynn

Reparto

Adam Sandler, Chris Rock, Burt Reynolds, Nelly, Michael Irvin

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Crítica de El clan de los rompehuesos
Autor: malabesta
Fecha: 10/10/2005.
Póster El clan de los rompehuesos

El clan de los rompehuesos

Digerido por malabesta

“The longest yard” es el título original de esta película así como de la primera versión que conoció la gloria de las salas de cine allá por los setenta. Sale este remake de las fauces del imperio MTv, que cada vez recuerda más al ídem de Hugh Hefner, dueño de Playboy. Es decir, no me refiero a que la gente lleve más o menos la misma cantidad de ropa, sino que tanto la MTv como Playboy tienen una gran cantidad de efectivos humanos a los que promocionar, por lo que periódicamente producen películas para darle solución a estas necesidades.

En este caso, Adam Sandler, protagonista indiscutible de la película, da la alternativa a Nelly, cantante famoso por usar las tiritas como complemento de moda. Ambos cumplen condena en una prisión del estado de Texas. Sandler es un ex-jugador profesional de fútbol americano que, tras una noche loca, termina entre rejas. Allí le es encomendada la misión de organizar un equipo con los reclusos por el alcaide (James Cromwell), que pretende utilizarlos como “sparrings” en un partido contra los guardias. En prisión, Sandler se encuentra con Chris Rock, que más o menos es el alivio cómico, a Nelly, talentoso corredor y al incombustible Burt Reynolds, a su vez protagonista de la original.

La historia, cosa inaudita en un remake, no es demasiado original; rápidamente uno sabe más o menos cómo se va a desarrollar, cuáles serán los momentos álgidos y cuál será el final. Dejando de lado esto, y el hecho de que tiene el tono entre políticamente incorrecto y cabeza hueca propio de muchas de las producciones propias de la MTv (y de no pocos de sus VJ’s), el guión no es todo lo malo que se podría esperar. No tiene nada de brillo, pero si el lustro que los profesionales de la escritura muy curtidos en los métodos y maneras saben darle. No hay nada brillante, decía, pero es en general bastante correcto. Incluso tiene un par de momentos graciosos. En gran parte recupera el espíritu de la original: mientras el reparto de aquella estaba trufada de jugadores profesionales (el mismo Burt Reynolds lo fue), esta también tiene un par de ellos, pero compensa con creces introduciendo otro tipo de personajes. Allí podemos ver a Goldberg, Bob Sapp, Revolution Moore o Dalip Singh, luchadores profesionales en diferentes divisiones de diferente crudeza, otros actores, como Courteney Cox o Rob Schneider, e infinidad de raperos. Este es el signo de nuestros tiempos.

Además de en todas estas apariciones, también recuerda a la anterior en ese tratamiento de los deportes como fuerza redentora, capaz de convertir a un manojo de convictos peligrosos y violentos en un grupo organizado de convictos peligrosos y violentos. Por supuesto, utiliza ese viejo truco inventado en Hollywood e importado por otras filmografías de humanizar a los reos mostrando como los viles guardias los maltratan y vejan, pero nunca veamos los crímenes cometidos, que haría mucho más difícil la identificación. El principal punto débil de la historia será quizá el hecho de que apela demasiado a la testosterona de las masas, y para aquellos que carecen de ella en grandes cantidades y no saludan a sus compañeros con golpes de cabeza, probablemente no sea tan atractivo el resultado.

Los actores cumplen con sus papeles: Adam Sandler, desde que se produce sus película tiene mucho más poder para meter mano en el guión, de manera que sus papeles nunca son lo suficientemente exigentes como para dejarlo en evidencia. Chris Rock hace aquello que mejor sabe hacer, contar chistes de negros y blancos. Burt Reynolds, bueno, Burt Reynolds es Burt Reynolds. Y bueno, el papel de Nelly principalmente requiere dar volteretas y correr. Con un poco de ayuda de la dirección y sus cámaras lentas, todo se puede arreglar. Y poco más hace el director que aplicar las fórmulas más de moda, división de la pantalla incluida. Eso y dar cabida a la infinidad de canciones de la banda sonora en forma de montajes de video-clip, que para eso paga quien paga.

En fin, una comedia un tanto floja, recomendada para todos aquellos que nunca recogerán el jabón caído.

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