Ficha

País

USA

Año

2005

Título original

A history of violence

Duración

96min

Dirección

David Cronenberg

Guión

John Wagner, Vince Locke

Reparto

Viggo Mortensen, Maria Bello, Ed Harris, William Hurt, Ashton Holmes

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Crítica de Una historia de violencia
Autor: malabesta
Fecha: 18/10/2005.
Póster Una historia de violencia

Una historia de violencia

Digerido por malabesta

Nueva película de David Cronenberg, un poco alejada de su imaginería habitual y un poco más convencional que muchos de sus guiones, pero que sin embargo mantiene ese “toque Cronenberg”. No veremos en esta película personajes con una PlayStation colgando de la espalda, o que se hagan un pistola con sus dientes. Tampoco habrá transformaciones más que kafkianas o cabezas que explotan. Sí que mantiene esa visión aséptica de los personajes, sin entrar a juzgar quién es el bueno o el malo, o quién hace lo correcto o no. También mantiene ese gusto por los personajes extremos. Aunque al lado de “Spider” o “Inseparables”, Tom Stall, el protagonista de la película, parece tan peligroso o desquiciado como Paco Martínez Soria, también tiene su chicha.

“Una historia de violencia” no es más que eso, la narración de cómo la violencia cambia la vida de una familia de un pequeño pueblo americano. Tom Stall (Viggo Mortensen) es el dueño de un restaurante en dicho pueblo, y por azares del destino, mata en justa y heroica defensa propia a dos psicópatas atracadores. A partir de entonces, su pacífica, tradicional y tan “sueño americano” vida, junto a su mujer Edie (Maria Bello) y sus hijos Jack y Sarah (Ashton Holmes y Heidi Hayes) cambia radicalmente. No sólo por el hecho en sí de que haya asesinado a dos hombres, sino porque pronto empieza a rondar la ciudad la inquietante presencia de Carl Fogarty (Ed Harris) un mafioso que se cree relacionado con el oscuro y oculto pasado de Tom. La historia está basada en una novela gráfica de cierto éxito, obra de John Wagner y Vince Locke (habituales del Juez Dredd o Sandman), como viene siendo habitual en el cine de los últimos tiempos, que si no es un remake es porque tira del mundo del cómic.

El guión orbita principalmente alrededor de la violencia, pero en lugar de hacerlo desde un punto de vista social, Cronenberg y su guionista, Josh Olson, centran el relato sobre los personajes que la sufren y lo que la ejercen, y sobre cómo cambia la vida de estos: unos se mueren y los otros cargan con ella en su conciencia, y cómo en general la violencia, aunque muchas veces necesaria y otras de sobra justificada, siempre termina generando más violencia, marcando a los protagonistas, que terminan por convertirse en estigmatizados sociales, a pesar de que sus actos por lo general están justificados. Tom no deja de ser uno de esos personajes tan abundantes en el mundo del Oeste, y que hacen suya esa frase de “a veces un hombre tiene que hacer lo que un hombre tiene que hacer”, por mucho que esto se oponga a sus creencias y traiga resultados nefastos. La película aliena al espectador para que perciba esta violencia como necesaria, exponiendo después los resultados de la misma, nunca agradables, de manera cruda y abierta, de manera que uno comparte un poco la repulsa y el cargo de conciencia de los personajes. Por supuesto, Cronenberg nunca hace películas simples: también presenta temas más o menos recurrentes en la obra del director, como pueden ser las enfermedades mentales y la percepción alterada de la realidad provocada por éstas, o las crisis de identidad.

La dirección de la película es tremendamente simple, de manera que los planos largos y un montaje muy clásico domina todo el metraje, con cortas interrupciones del ritmo asociadas con las escenas de violencia, rodadas como es costumbre, con planos mucho más cortos y transiciones mucho más bruscas entre ellos. Esta constancia de ritmo a lo largo de toda la película, junto con la banda sonora de Howard Shore (habitual de Cronenberg), ayuda a dar esa impresión de distanciamiento sobre los personajes, y deja al espectador la labor de juzgarlos o no.

Los actores cumplen con sus papeles, pero sin alaracas. Quizá Mortensen se quede un poco corto. Su personaje lleva casi todo el peso de la historia, y requiere una amplitud de registro notable. Viggo no sabe dársela, y el Tom que vemos en la primera mitad de la película parece una versión atontada del que podremos ver en la segunda, mucho más vivo. Maria Bello y Ashton holmes también resuelven, aunque sus intervenciones son ciertamente mucho menos exigentes. El mafioso de Harris se basa más en su presencia personal que en sus dotes como actor, pues no deja de ser un personaje bastante utilitario y sin demasiado desarrollo; no obstante el carisma de Harris (y el maquillaje) compensa para darle cierta personalidad, cosa que no ocurre con el resto de los secundarios, bastante flojos en todos los aspectos.

En fin, una notable película del siempre interesante Cronenberg. Puede que aquí no triunfe demasiado, puesto que estamos acostumbrados a las morales semimasticadas y unilaterales, pero desde luego merece mucho la pena. Recomendada para historiadores con mala leche. Puntuacion