Ficha

País

USA

Año

2005

Título original

Goal!

Duración

128min

Dirección

Danny Cannon

Guión

Mike Jefferies, Adrian Butchard

Reparto

Kuno Becker, Alessandro Nivola, Marcel Iures, Stephen Dillane, Anna Friel, Kieran O'Brien, Sean Pertwee, Cassandra Bell

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Crítica de ¡Goool!
Autor: sensillo
Fecha: 22/10/2005.
Póster ¡Goool!

¡Goool!

Digerido por sensillo

Otra historia de superación personal que tanto gustan al otro lado del Atlántico, ambientada esta vez en el mundo del fútbol, soccer o como le quieran llamar. Será la primera parte de una trilogía, cuestión que parece ser obligatoria para una obra de cierta ambición. No se alarmen: este artículo quedará concluso sin necesidad de otros dos más.

Santiago Munez es un joven mejicano afincado, en Los Angeles de manera altamente irregular, que abandona un prometedor futuro como limpiapiscinas para ir a jugar nada menos que con el Newcastle. Pese a la oposición de su padre, salta el charco y hace realidad su sueño, porque es tenaz, honrado y se limpia los dientes antes de irse a la cama. También aprende a trabajar en equipo, lucha contra la tentación de abandonar la costumbre de irse pronto a la cama y se lleva a la chica.

Una historia, en definitiva, muy amable y muy previsible, que pasa la prueba del algodón de cualquier asociación de padres y madres de alumnos (y alumnas) y, sobre todo, del comité directivo del Newcastle. “Goool!” ofrece una visión de extremada dulzura del mundo de las grandes estrellas del fútbol, lo cual sin duda tendrá algo que ver con la hospitalidad y apoyo que ha mostrado el club con la película. Y si, entre otros clichés, aparecen mencionadas las desenfrenadas fiestas que los humildes mortales relacionamos con los astros del fútbol, me ha parecido vislumbrar que lo que se servía allí era Mirinda de naranja. De limón para los más osados. Pero no olvidemos que esto es coherente con la fórmula familiar de la película y que, al fin y al cabo, la necesaria labor social de escarbar en la inmundicia de la gente que es objeto de envidia está cubierta por nuestra impagable programación televisiva.

Leo en algún lugar que “Goool!” en algún momento se pensó que estuviera a cargo de Michael Winterbotton, quien ya se las hizo pasar canutas a un inmigrante con su “In this world”. No podemos saber qué hubiera sido de “Goool!” de haber pasado por las manos de un director bastante difícil de encasillar, pero sí podemos estar seguros de que el “Goool!” que se proyecta estos días en los cines es una película plenamente encasillada y cuadriculada. Nada nuevo ni extraño para cualquiera que alguna vez en su vida haya visto una película o se la hayan contado.

Como intento de mostrar el lado épico del fútbol, se queda en el camino. Ninguno de los partidos que salpican el largometraje despertó más emoción en mí que la final de la Champions. Y créanme cuando les digo, con todo mi respeto a los aficionados, que no despierta gran interés ni entusiasmo en mí el espectáculo de unos jóvenes en calzoncillos jugando a la pelota. Otras películas sí que han sabido crear una tensión dramática que trasciende la problemática de que el balón entre en la portería, el corredor cruce antes que nadie una línea o Sylvester Stallone le propine una paliza a Dolph Lundgren, mucho más grande que él. Ésta se queda con las ganas.

Más importantes son las vicisitudes y problemas que encuentra el protagonista para cumplir su sueño, que es realmente el tema de la película, y que resuelve en unas ocasiones mejor que en otras. De hecho, el tejido de las dos o tres tramas sobre las que se articula el guión está un poco descompensado y no siempre fluye con gracia. La tensión muchas veces se diluye por el hecho de que casi todos los personajes extrañamente están allí para hacer la vida más fácil al protagonista, y solucionar los conflictos, pero el conjunto se deja ver. No impresiona pero tampoco desagrada.

Unos cuantos futbolistas muy famosos hacen su aparición en la película, dicen “hola” y se van por dónde han venido, junto con su patrocinador. Sin duda detalles como éstos incrementan el valor añadido de cualquier película a la categoría de clásicos imperecederos. A mucha gente anónima le causa enorme emoción que le permitan ponerse delante de una cámara, ocasión en que muchas veces “aprovechan para saludar”. Si en cambio, sin venir a cuento, es un famoso quien está delante del objetivo, parece que el público tenga la obligación de salivar. Raro me ha parecido no encontrar en esas scenas a Santiago Segura.

Habrá que esperar a ver qué ofrecen sus necesarias continuaciones.

Recomendada para quienes apoyan a los buenecitos en Operación Triunfo. Puntuacion