Ficha

País

España

Año

2001

Título original

Sin vergüenza

Duración

116min

Dirección

Joaquín Oristrell

Guión

Joaquín Oristrell, Dominic Harari

Reparto

Verónica Forqué, Daniel Giménez Cacho, Candela Peña, Carmen Balagué, Elvira Lindo, Jorge Sanz, Rosa María Sardá

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Crítica de Sin vergüenza
Autor: bronte
Fecha: 26/10/2005.
Póster Sin vergüenza

Sin vergüenza

Digerido por bronte

Dani Martín y yo nos ninguneábamos mutuamente con gracia sin par, hasta que el buen hombre se cruzó en mi camino en forma de actor-doblador (es un decir (ambos términos)) de Jack Black en "School of rock". Desde entonces la pesadilla no ha cesado. Está hasta en la sopa. La repanocha hace muy poco, cuando me dispongo a revisar una de las últimas películas españolas más taquilleras (eso dicen), y allí me lo encuentro masacrando a Molière. Y ustedes se preguntarán cómo es posible que el muchacho que trova ripios como " Estoy cansado de salir de noche y ver siempre la misma gente, estoy flipando de que la gente se invente, cuente y luego reinvente, apoltronado en el sofa de mi casa, vente, se está caliente " (las comas las he añadido yo), se vea en disposición de asesinar al Alcestes de Molière. Y yo les respondo: la culpa es de Joaquín Oristrell, director de "Sin vergüenza".

Podría elevar al aire la queja de claro nepotismo en el hecho de que personajes de este tipo ocupen portadas, graben discos y protagonicen películas, pero dejémoslo en que una especie de enajenación mental transitoria debió de apoderarse del departamento de casting de este filme. Me centro en Dani Martin, porque con su dicción y expresividad sin igual, acapara la atención del honrado espectador de manera dolorosa, pero no quiero restar méritos al resto del reparto, todos ellos por igual de malos. "Sin vergüenza" es un claro ejemplo del lacerante amateurismo del cine español, donde no hay manera de que guión, dirección e interpretación estén al mismo nivel. Si cae la breva de que la historia sea buena, posiblemente el director se dedique a fotografíar la oreja del protagonista, y si el director tiene una mínima idea de cinematografía es seguro que lo mejor que sabrá hacer el protagonista sea mover la oreja. Eso contando que estemos hablando de un buen guión, insisto.

En este caso "Sin vergüenza" es un guión más que digno, con muy buenos momentos. Salido del caletre de uno de los guionistas más reputados en España en los últimos 20 años, a Oristrell se le pueden reprochar muchas cosas, pero no que sea un neófito. Suya es la autoría de éxitos como "Boca a boca" o "Todos los hombres sois iguales", de lo que podemos decir que lo suyo es la comedia de enredo ágil, desenfadada, con un tono urbano y ciertamente sentimental. En "Sin vergüenza" vuelve a hacer gala de sus habilidades para la comedia romántica, ambientando el tema en una escuela de interpretación, donde la llegada de un afamado director de cine, hará que todos se vuelvan locos (en el sentido literal del término).

En el guión le echa una mano Cristina Rota, quien aprovecha para colar entre el reparto a todos los pupilos de su escuela (a la que Oristrell está muy ligado), con los resultados ya por todos conocidos. Como no quiero que se me tache de parcial, diré los nombres de todos ellos para que quedé diáfano que allí no hay ninguno peor que otro: Dani Martín, Marta Etura, Raúl Jiménez, Nur Al Levi, Nacho Casalvaque y Cecilia Freire. Todos ellos dan vida a los estudiantes de interpretación de manera tan lamentable que aún me pregunto por qué no se limitaron a rodar improvisaciones en vez de machacar a Zorrilla, Molière, Shakespeare y tantos otros. Ver a Raúl Jiménez interpretando la escena del sofá del Tenorio, con el mismo sex-appeal que un cuarto de quilo de chicharrones, o a Cecilia Freire, dando vida a una Julieta con graves problemas de nasalidad y dicción, es una exposición al ridículo a la que posiblemente sólo los españoles tengamos narices de enfrentarnos.

Pero no quiero que parezca que sobre los actores recae todo el peso de mi dedo acusador. La auténtica responsabilidad yace en el pecho de Oristrell, que no tuvo corazón para rescindirles como actores y rescindirse a sí mismo como director el contrato. En "Sin vergüenza", un triste trabajo interpretativo, y una pobre y ramplona puesta en escena hacen que lo que podía haber sido una película deliciosa se quedé en otro "ohhh". E indirectamente, la responsabilidad recae sobre el inexplicable método de interpretación que por aquí se gasta, en el que el concepto "naturalidad" eclipsa a otros tan básicos como "que se entienda lo que dices". Cualquier escuela en la que haya estudiado Dani Martín queda totalmente descalificada en cuanto éste abre la boca (Esa manera de berrear "Stella"...). De ahí que ya numerosas voces empiecen a reclamar que también se doblen las películas españolas (a ver si nos enteramos de algo).

A todos aquellos que hayan pisado una escuela de interpretación o que hayan conocido (de cerca) a un actor, se les despertará una sonrisa viendo la recreación de las clases en este filme. Todos los tics, amaneramientos y manías persecutorias de nuestros actores aparecen reflejados en esta cinta de manera tierna y compasiva, disculpando a los posiblemente más insoportables seres de la creación, por aquellos momentos de placer que a veces nos proporcionan. En este sentido, la película opera como un hábil catálogo en el que no falta ninguno de los estereotipos: el narcisista, el que utiliza el teatro como terapia, la que quiere ser actriz para no ser quien realmente es, la que pasa de todo aunque todo le afecte, la gran diva harta del estilo interpretativo "cajera de supermercado", y tantos otros... Con motivo de la plasmación de estas clases el notable guión aprovecha para plasmar ideas y frases que no hacen más que demostrar que el teatro es vida, como diría Leon Chancerel.

Acompañando a las pobres víctimas en su primera incursión cinematográfica (qué gran favor si les hubiesen dejado un poco más de rodaje antes de empujarlos al vacío), grandes clásicos de nuestra cinematografía, siendo éstos Jorge Sanz como un que "no hay quien se lo crea" profesor de Yoga, Rosa María Sarda con su legendaria afectación y soniquete, Elvira Lindo chupando cámara en este mundo de camarillas, Carmen Balagué haciendo lo de siempre (al menos con dignidad", y Verónica Forque es su único y solitario registro interpretativo: el de la actriz con más suerte del mundo. Mucho se siente que tan buen guión haya tenido tan ultrajante materialización.

Recomendada para sinvergüenzas, básicamente. Puntuacion