Ficha

País

USA

Año

2005

Título original

The legend of Zorro

Duración

129min

Dirección

Martin Campbell

Guión

Roberto Orci, Alex Kurtzman

Reparto

Antonio Banderas, Catherine Zeta-Jones, Rufus Sewell, Adrián Alonso

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Crítica de La leyenda del Zorro
Autor: bronte
Fecha: 28/10/2005.
Póster La leyenda del Zorro

La leyenda del Zorro

Digerido por bronte

Ni tanto ni tan poco. Ni “La leyenda del Zorro” es tan mala, ni “La máscara del Zorro” era tan buena. De hecho, compartir el mismo equipo (director, guionistas, actores…) hace que esta secuela sea prácticamente la misma película que la original aunque con las taras a mayores que suelen tener las secuelas. La primera de ellas es una falta absoluta no sólo de dirección, sino incluso de sentido en la película. Si en la cinta de 1998, una ya se encontraba con un Zorro, que no sólo se distanciaba mucho del Zorro original, sino que incluso tenía poco que ver con un superhéroe, en ésta el afán cómico hace que en ocasiones arrastren al personaje por el fango humillándolo de una manera innecesaria.

Ver a el Zorro, el héroe, el defensor de los indefensos, el justiciero de la justicia, borracho como una cuba, bamboleándose como una peonza en una fiesta de alta sociedad era algo que a todas luces sobra en una película donde se quiere encumbrar al protagonista. Pero claro, es tal el gusto por incluir gags de dudoso efecto, que no sólo tenemos que aguantar que Antonio Banderas en ocasiones parezca la pareja dramática de Gracita Morales, sino que además hemos de tragar con que su caballo fume, beba y hasta ponga “caras”. Demasiada carga cómica para como para resultar efectiva. Aquí hasta el apuntador intenta ser gracioso, y aunque no se sientan retortijones viendo la película, lo cierto es que reírse también parece una tarea difícil.

La segunda tacha que le veo al filme es esta manía persecutoria que tiene el actual cine de Hollywood por incluir la problemática familiar en todo tipo de temáticas, sobre todo en las de superhéroes. Llámenme antigua, pero a mi los héroes que me gustan son los de antes, los solterones, que ahora no hay manera de ir a ver un filme de este tipo, sin tener que cargar con toda la parentela. No es que yo esté en contra de que Elena de la Vega también tenga su parte de protagonismo. Es más, algunos de los mejores momentos de “La leyenda del Zorro” son aquellos en los que se establecen paralelismos entre las valientes acciones de él, y las valientes acciones de ella. Pero tener que escuchar ¡también en el Zorro! frases como “abandonas a tu familia para ser el Zorro. Te estás perdiendo la infancia de tu hijo”, ya es mucho. Habrá que agradecer que por lo menos el retoño no jugara en la liga de béisbol…

Hablando del niño, Adrián Alonso, se puede decir que es casi el mejor actor de todo el reparto. Muy expresivo y acertado, saca adelante un personaje que por lo pegote de su propia esencia hubiera levantado más polémica que el mismo Jar Jar Binks de ser esto “Star wars 7”. Y básicamente por lo que se apuntaba antes. Es tal el entusiasmo por gustar a todo tipo de público, incluir todo tipo de tramas y mostrar todo tipo de chistes que la cosa puede llegar a ser algo cargante. El que el niño también sea un héroe en miniatura es una apuesta arriesgada, que no sólo desvirtúa la acción del auténtico protagonista, sino que además sólo puede apoyarse en la gracia del actorcillo que la sustenta.

La película haga gala además de numerosas escenas de acción muy a lo espadachín y muy a lo Errol Flynn, que podrían ciertamente recordar las películas del famoso sátiro tasmanio, de no ser porque a aquel sí que le dejaban interpretar héroes de una pieza, y no esta especie de hombre orquesta que es este Alejandro de la Vega, que mientas hace un chiste, hiere a un malvado, da un saltito, se come unos frijoles y se lamenta por su lamentable papel de padre. Afortunadamente por allí ronda Rufus Sewell, un actor con un carisma lo suficientemente potente como para enderezar todo lo que en “La leyenda del Zorro” se tambalea. Es el malo de la película, por
cierto.

Con ser un entretenimiento notable, apto para toda la familia (mucho se han preocupado de que no se vea nada no apto para niños), la película no deja de tener su carga de profundidad ideológica o política, como se le quiera llamar. Sin embargo, que nadie se eche las manos a la cabeza. Esto no es nada nuevo en el cine americano. Ni siquiera es nada nuevo en el cine del planeta. Todo el mundo arrima el ascua a su sardina. Lo que diferencia al cine americano de otros es que el mensaje siempre es el mismo, y quizás eso ha contribuido a que no estén tirándose de los pelos los unos a los otros como sí que pasa en otros países. En esta secuela, se habla del recelo de Europa ante la potencia que supone USA (lo que vulgarmente se conoce como antiamericanismo), se habla de que es un país abierto a todos, pero que por eso mismo han de estar vigilantes ante los que quieren entrar con no muy loables fines y se habla de la unidad de los Estados Unidos de América como garante de libertad y prosperidad. Vamos, igualito que aquí, pero al revés.


La película se deja ver, aunque yo casi la reservaría para un dvd en día lluvioso. Recomendada para fanáticos de las escarificaciones. Puntuacion