Ficha

País

USA, Alemania

Año

2005

Título original

The Devil's Rejects

Duración

109min

Dirección

Rob Zombie

Guión

Rob Zombie

Reparto

Sid Haig, Bill Moseley, Sheri Moon, William Forsythe, Matthew McGory, Leslie Easterbroock

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Crítica de Los renegados del diablo
Autor: sensillo
Fecha: 10/11/2005.
Póster Los renegados del diablo

Los renegados del diablo

Digerido por sensillo

Segunda película de Rob Zombie, secuela de “La casa de los mil cadáveres”, en la que siguiendo un camino distinto llega al mismo punto de tedio, tomadura de pelo y avioncitos de papel. La primera tenía una atmósfera brumosa e irreal, como de pesadilla provocada por la mala digestión de un potaje particularmente guerrillero. “Los renegados del diablo” pierde esa textura onírica, pero por lo demás es igualmente aburrida, innecesaria y desagradable.

Protagonizada por una familia de asesinos de la América profunda que escapa por los pelos de las garras de la policía, muy poco tolerantes y comprensivos ellos con sus prácticas homicidas. En su huida dejan el condado sembrado de cadáveres y las plateas de bostezos, muecas de desaprobación y puñetas, mientras les persigue un sheriff empeñado en competir en brutalidad a la hora de administrar la violencia.

Aunque salpicada de un humor negro no más divertido que la asistencia a un funeral, la película es sobre todo un grosero muestrario de violencia y crueldad sin sentido, que confunde el horror con la sensación que podría dejar mismamente un dolor de muelas, pero sin alcanzar el nivel de plenitud intelectual de esto último.

Toda esta colección de sandeces sádicas viene presentada además con pretensiones de arte y ensaño, con una estética feísta muy poco frecuente en el cine americano, y que forma parte del oloroso sello personal de Rob Zombie. Quizás entre otras cosas por su continua evocación al cine de los años 70, la película parece deudora del estilo de Tarantino, si bien en este caso los diálogos están recitados en un extraño código binario de “mierda” y “joder”. Con mis rudimentarios conocimientos de morse, alcancé a entender que las conversaciones orbitaban alrededor de zafiedades y cuchufletas obscenas y escatológicas, que servirán sin duda de motivo de conversación y escándalo en los corrillos de la alta sociedad victoriana, durante los años venideros.

Pero si algo hay que reconocer en Rob Zombie, es su obsesión por imponerse grandes retos. Cuando ya parece que la película no puede degenerar a nada peor, el director concluye la película con un desenlace tan estúpido y chapucero que consigue sorprender una vez más, cerrando de esta manera con broche de mierda, con perdón, tan entrañable producción.

Rob Zombie se defiende de quienes le acusan de glorificar la violencia afirmando que al presentarla de manera tan fea y vulgar está justamente haciendo lo contrario. Razón no le falta: si la película durase un poco más, a estas horas mi organismo repudiaría la violencia del mismo modo que el desdichado protagonista de “La naranja mecánica”. También habría consumido mi afición al cine y mis ganas de vivir. En cualquier caso, y pese a sus buenas intenciones, no recomendaría su difusión pedagógica en los centros de enseñanza.

Recomendada para quienes aún no temen a los payasos.

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