Ficha

País

USA

Año

2005

Título original

Elizabethtown

Duración

123min

Dirección

Cameron Crowe

Guión

Cameron Crowe

Reparto

Orlando Bloom, Kirsten Dunst, Susan Sarandon, Alec Baldwin, Bruce McGill, Judy Greer

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Crítica de Elizabethtown
Autor: bronte
Fecha: 11/11/2005.
Póster Elizabethtown

Elizabethtown

Digerido por bronte

Es una suerte que en su anterior vida Cameron Crowe fuera un crítico musical de "Rolling Stone" y no un fabricante de desodorantes. De haber sido así, jamás hubiéramos visto a ninguno de sus personajes haciendo otra cosa que no fuera hablar de los olores corporales. Al no contemplar esa hipotética circunstancia física, Crowe se recrea en torturar al espectador convirtiendo sus películas en el remedo de un canal de videoclips, con un lapso de dos segundos entre canción y canción y bastante menos imaginación en la factura visual de lo que uno se puede encontrar en la MTv. "Elizabethtown" es el perfecto ejemplo de una torpe escritura narrativa, donde el principal objetivo es el de introducir canciones, al precio que sea, y para el que se articulan escenas de dudosa coherencia entre sí, siempre al servicio de la banda sonora y nunca al revés.

Esta película me ha recordado muchísimo a esas novelillas ensalzadas en los periódicos nacionales y en las que el autor ha querido plasmar sobre el papel determinadas sensaciones, no consiguiendo más que metáforas de mercadillo, incapaz de engarzarlas en una Historia con mayúsculas. En "Elizabethtown" no hay historia. Hay un intento de visión costumbrista, plácida y tierna sobre el "american way of life", pero de tan costumbrista, plácida y tierna, acaba resultando un auténtico insulto para los propios personajes a los que se pretende tan amorosamente retratar. Si la Kate Hudson de "Algo famosos" era una repipi bastante repelente, la siempre somnolienta Kirsten Dunst, se convierte en esta cinta en una de esas personas que acaban ganándose una orden de alejamiento. Y, ¿por qué? Por la absoluta ineptitud de Cameron para crear personajes entrañables, peculiares, pero sin parecer peligrosos. En este caso, Dunst, azafata de aerolíneas, se sienta en la plaza contigua a la de Orlando Bloom en el avión, y a partir de ese momento, literalmente empieza a acosarle. Puede que muchos discrepen en este punto, y encuentren encantadora la insistencia de la auxiliar de vuelo, pero créanme, sólo aquellos que tienen pero muy poca vida, podrán encontrar atractivas estas situaciones. Es perfectamente posible, fíense de mí, vivir momentos tremendamente embelesadores y románticos sin necesidad de ese tufillo de desequilibrio mental que destila toda la película. Pese a lo que digan por ahí "las psicopatologías no molan".

Todo aquel que ha vivido la auténtica América sabe de lo inocente de sus habitantes, de su carácter hospitalario y alegre, de esa sensación que desprende toda la nación de que jamás les hubiera pasado nada malo. De su afán por exprimir la vida al máximo. Y de esa misma idea han nacido grandes películas en las que se presenta a los americanos como seres ciertamente singulares, con sus costumbres y hábitos (tan llamativos para nosotros), pero cuya singularidad resulta tremendamente atractiva (y supongo que no hará falta que para ello cite a los grandes de los años 30 y 40). Sin embargo, una cosa es acentuar ciertos rasgos para la beneficiar a la comedia, y otra vaciar a los personajes de su esencia humana hasta el punto de presentar un velatorio como la fiesta de la elección de Miss Calabaza. Susan Sarandon, que también aparece en la película, hace, cómo no podía ser de otro modo, también de loca. Pero no me detendré mucho en este punto teniendo en cuenta que Susan Sarandon es la mujer que pronunció la frase: "You're so lucky in Ireland, England and Spain. Everyone there already knows what it's like to have inexplicable terrorist violence." (Sois tan afortunados en Irlanda, Inglaterra y España. Todos vosotros ya sabéis lo que es tener una inexplicable violencia terrorista). Así que interpreta a la perfección y con gran naturalidad su papel de loca. Una vez más.

En el caso de Orlando Bloom y de Kirsten Dunst, se puede decir en principio que al chico le falta el arco y que se ve como minimizado sin él, como poca cosa y seguidamente, que más que estar locos sus personajes, lo que resultan es vacíos, livianos e inconsistentes. Son personajes sin alma que actúan tan sólo para proporcionar a la cinta algún que otro buen diálogo (hay tres o cuatro frases notables en el filme, quede constante), pero sobre todo para llevar la trama a situaciones que al director le parecen bonitas. Su supuesta belleza, en todo caso cuestionable, jamás justificaría el deslabazamiento brutal del conjunto que se aprecia entre canción y canción. "Elizabethtown" trata de la historia de un hombre que acaba de fracasar estrepitosamente en su trabajo, y que se traslada a Kentucky para hacerse cargo de su recién muerto padre. A partir de este punto de partida estampas entre la narrativa bucólica y desmayada y el retrato tradicional de ambientes, y un cuarto de hora antes del final, el descubrimiento doloroso por parte del espectador de que todo el metraje precedente no sirve más que para disimular y ocupar espacio, mientras no llega la coda de la película. Lo único realmente interesante y válido de todo el petate.

Sí, mis querido lectores. Los últimos quince minutos, sin que venga mucho a cuento, retratan a nuestro élfico protagonista recorriendo la mítica ruta 66, muy al modo "¿te gusta conducir?" y parándose en los puntos más pintorescos de la misma. Son esos últimos momentos los que dan idea del amor que Crowe le profesa a su nación, con todo lo bueno y lo malo, con sus pinceladas de horterez, y lo genuino de la América profunda. Es en ese momento, cuando el director decide acabar la película con una voz en off que resume todo el mensaje del cotarro y que obviamente el realizador identifica con el espíritu de su país: pase lo que pase, siempre hay que seguir luchando para salir adelante. Exprimir la Vida. A su criterio dejo la elección de si compensa tragarse el resto para ver este final ciertamente meritorio. Yo más allá no les puedo acompañar.

Recomendada para gente que admira a los salmones.

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