Ficha

País

Corea del Sur

Año

2005

Título original

Jumeogi unda

Duración

134min

Dirección

Seung-wan Ryoo

Guión

Seung-wan Ryoo

Reparto

Min-sik Choi, Seung-beom Ryu, Ho-jin Jeon, Won-hie Lim

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Crítica de Crying fist
Autor: sensillo
Fecha: 12/11/2005.
Póster Crying fist

Crying fist

Digerido por sensillo

No quiero entrar en la discusión de si el boxeo es un noble deporte o una práctica primitiva a erradicar. Sea como sea, el mundo del cine hubiera perdido muchas grandes películas de no existir la lona y las cuerdas. El boxeo se convierte en una metáfora sobre la vida tan directa y fuerte que habría que ser muy tontos para dejarla pasar. Así, las pantallas han sido mil veces pobladas de perdedores recibiendo bofetones. Porque los boxeadores del cine están para aguantar golpes y no para darlos. Lo que en el fondo todos queremos ver de estas películas es cómo se levantan.

En “Crying Fist” nos encontramos con dos historias con dos protagonistas. Uno de ellos es un antiguo medallista venido a menos, que sobrevive a duras penas ofreciéndose de sparring en la calle a cambio de algo de dinero. El otro es un joven delincuente, de cólera fácil, que en la cárcel descubre en el boxeo un medio para canalizar su mala leche. Ambas historias, independientes entre sí, no confluyen más que al final, cuando ambos boxeadores coinciden en un campeonato local en el que ambos pretenden redimirse de alguna manera.

Min-sik Choi, que interpreta al boxeador veterano, ya es habitual en el cine coreano que más alegría da a sus taquillas. En España sonará a algunos por su papel en “Old Boy”, portando un martillo, estrenada en cines. Encaja a la perfección dentro de su papel de hombre recio, pero comido por dentro por sapos y culebras. Seung-beom Ryu no es otro que el hermano del director, que por lo que se ve en Corea hacen las audiciones de la misma que aquí se adjudican las obras públicas, pero hay que reconocer que también resuelve con solvencia.

Si algo hace de “Crying Fist” una película atípica dentro del subgénero del boxeo es el hecho de que en el combate final no exista la figura del boxeador malvado que encarna todas las calamidades que azotan al protagonista. Más que nunca, lo que importa no es el resultado del encuentro, pero al dar esa impresión con tanta antelación, lo cierto es que el clímax pierde mucho en emoción.

Pero sobre todo la película se ve lastrada por un desarrollo demasiado lento y pesado, que salta entre ambas historias con tanta morosidad que a veces se encuentra uno sorprendido recordando de repente que había otra trama en la película. No me quiero ni imaginar cómo sería la película en la pantalla pequeña si a las dos tramas se le añade la de los detergentes, electrodomésticos y demás fábulas publicitarias.

Los dos protagonistas son mostrados también con todas sus miserias, q no son pocas ni todas económicas. La presencia a lo largo de toda la película de una violencia descarnada, no siempre física, contribuye también a que éste sea un filme áspero, de los que tanto gustan al gafapasterío con vocación de penitente. Así y todo, pese a dar pocas concesiones a la sensiblería, consigue despertar la solidaridad del espectador que no se haya dormido en el camino.

Tiene buenas ideas, pero le faltó ponerse en forma: perder peso y ganar agilidad. Intenta ganar con un par de golpes pero se fatiga.

Recomendada para los que se levantan una y otra vez aunque les noquee la película.

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