Ficha

País

USA

Año

2005

Título original

Broken flowers

Duración

106min

Dirección

Jim Jarmusch

Guión

Jim Jarmusch

Reparto

Bill Murray, Julie Delpy, Heather Simms, Bea Frazier, Jarry Fall, Korka Fall, Saul Holland

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Crítica de Flores rotas
Autor: malabesta
Fecha: 13/11/2005.
Póster Flores rotas

Flores rotas

Digerido por malabesta

“Flores rotas” es la supuesta comedia de Jim Jarmusch que ronda por nuestras pantallas, protagonizada por el nuevo ídolo del cine independiente, Bill Murray. Jarmusch tradicionalmente ha mostrado un gran interés por personajes outsiders, que bien están fuera de la sociedad, fuera del tiempo que les ha tocado vivir, fuera de su país o, como en este caso, fuera de la vida en general, pues Jim Jarmusch ha conseguido que Bill Murray tenga la expresividad y la vida de un salmón puesto a ahumar.

Don Johnston (Bill Murray) es un adinerado, soltero y entrado en años hombre que ve cómo su última novia (Julie Delpy) lo abandona debido a su inmadurez sentimental. Al mismo tiempo, recibe una misteriosa carta rosa en la que una de sus antiguas novias le informa de que tiene un hijo y que además lo está buscando para conocerlo. Así que espoleado por su energético vecino (Jeffrey Wright) emprende un viaje, similar al de John Cusak en “Alta fidelidad”, repasando su lista de novias para encontrar a la posible madre, entre las que se encuentran Sharon Stone y Jessica Lange. Jarmusch siempre ha sido un guionista que apoya sus películas en los personajes, mucho más que en la historia, cosa que funciona muy bien cuando hay un cierto equilibrio y variación entre ellos, como en “Ghost dog”, o cuando hay uno que domina claramente sobre los demás pero tiene un arco de desarrollo más o menos claro, como el caso de “Dead man”. En “Flores rotas” el personaje de Murray es el único que puede merecer tal consideración, y se mueve por la película como una gallina sin cabeza, encontrándose con el resto de actores, que no pasan de meros figurantes, y cuyos papeles son altamente funcionales (en el peor sentido de la palabra), pasando de meras comparsas de la acción a burlas burdas. Para ejemplo, la hija de Sharon Stone y cuyo personaje responde al nombre de Lolita y que hace que en la tumba de Nabokov todavía se oigan los lamentos. La verdad es que a mí el sentido profundo de estos esperpentos se me escapa un poco; no sé si su objetivo es criticar la estructura familiar tradicional americana, el capitalismo, la comida rápida o simplemente es que Jarmusch tenía un mal día; en todo caso, lo mejor que se puede decir del humor del que hacen gala es que no existe.

Todos estos encontronazos siguen el caótico y aleatorio desarrollo de la trama, que transcurre a un paso notablemente lento hacia un objetivo desconocido para el público que no abuse de los psicotrópicos y pueda disfrutar de la pista con comentarios del director, los actores y un pitufo. El resto se encontrará aún más perdido y confuso que ellos, y asistirá atónito al final de la película, un monumento a la nadería. Tal parece la tomadura de pelo que uno se espera que de un momento a otro el resto de la sala se levante y le diga dónde se esconde la cámara y que todo ha sido un montaje.

En cuanto a la dirección, Jarmusch se mantiene fiel a sus trazos habituales, una planificación muy clásica de las escenas (que además suelen estar constituidas casi siempre por un par de personajes dialogando), y que habitualmente terminan siendo rodadas con planos estáticos muy largos y entrelazadas con fundidos a negro en los que suponemos que se esconde la historia, puesto que el contraste argumental entre una escena y la siguiente puede ser a veces alto. Lo que en otras de sus producciones (en las que habitualmente pasa algo), no resulta demasiado desagradable, pero en ésta podemos disfrutar de unos largos planos de Bill Murray absolutamente estático, tremendamente introspectivos y transgresores (o eso dice la crítica de papel), pero que a mí me parecen de una carencia de información total y que lo único que consiguen es ralentizar una historia que ya de por sí tiene serios problemas existenciales.

El reparto básicamente se reduce a un solo actor, Bill Murray, dirigido con una mano nefasta. Si bien Murray nunca actúa de una manera demasiado expresiva (lo que no implica que por ello sea peor actor), en “Flores rotas” parece que entre escena y escena le arrancaban una muela, tal era el grado de inexpresividad de su papel. Los únicos y breves momentos en los que Bill puede demostrar por qué le pagan están resueltos por él de manera excelente y muy contenida, pero el resto de la película parece una venganza contra su persona. Intentar encontrar virtudes y defectos del resto de actuaciones es trabajo demasiado arduo, pues todos sabemos que Jim Jarmusch es un director tan alternativo e iconoclasta que puede reunir a un reparto lleno de estrellas de relumbrón para luego sacarlas durante tres minutos a cada una, y la mitad del tiempo de espaldas.

En fin, una gran bola de aire, recomendada para estudiosos del medio y para todos aquellos que aseguraban que el emperador iba bien vestido.

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