Ficha

País

Italia

Año

2003

Título original

Gente di Roma

Duración

100min

Dirección

Ettore Scola

Guión

Ettore Scola

Reparto

Alessia Varela, Alessia Busiello, Filomena Cambi, Anastasia Caratelli, Fulvio Cessetti

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Crítica de Gente di Roma
Autor: sensillo
Fecha: 24/12/2005.
Póster Gente di Roma

Gente di Roma

Digerido por sensillo

Me pregunto cómo puede una idea que parece sacada de una fiesta etílica abrirse paso a través de todos los complicados procesos de producción y llegar a ser distribuida. La respuesta puede encontrarse en la tecnología digital, que hace mucho más fácil de recorrer todo aquel largo proceso y, sobre todo, en que a Ettore Scola, con su fecunda filmografía a cuestas, ya le ríen todas las gracias.

“Gente di Roma” es, como su propio y explícito nombre indica, un retrato de la gente de Roma, como podrán haber deducido todos aquellos que hablan italiano en la intimidad. Es un ecléctico collage en el que cabe todo, y si algún familiar de Scola tenía la ilusión de que saliera en el cine su niño haciendo la comunión, me temo que ha perdido una oportunidad de oro.

A muchos lectores la palabra collage les evocará aquellas clases de manualidades, pretecnológía, o como se llamase en su momento a la manipulación de cartulina, plastilina y similares. Quienes todavía se acuerden de ello, podrán hacerse una idea muy aproximada de las hechuras de la película. “Gente di Roma” es una masa informe por la que parecen haber pasado multitud de manos infantes. Lo más parecido a una estructura formal que encontramos en esta colección de gags de distintos sabores es que todos ellos se desarrollan en Roma, un autobús hace un amago de articular el guión, que comienza de mañana para acabar en la noche romana. Ya no se sabe qué hacer para sorprender al espectador.

Sin detenerse apenas en los magníficos exteriores que da como escenario una ciudad como Roma, Scola va revoloteando entre una miríada de personajes en situaciones de lo más variopintas. El intento de abarcar en un cuadro la vida de una ciudad tan grande es, por supuesto, una tarea imposible. Y como idea se le acaba la gracia antes de la primera media hora, siendo muy generosos. Con suerte, un gag dará paso al siguiente, pero por lo general se van dejando caer. Unos son mejores que otros, cada cual tiene un tono distinto y la sensación general que dejan es, básicamente, de tomadura de pelo.

Scola pinta una Roma tan caótica como su propia cinta, y si hay algo que quiera subrayar en su retrato es la irrupción del fenómeno de una inmigración multicolor, que es el tema que a todos los europeos nos trae de cabeza, de una manera u otra, cuando nos cuestionamos nuestra identidad. La tesis del autor es que Roma es, a diferencia de las demás grandes ciudades, una ciudad abierta y hospitalaria donde los recién llegados enseguida se considera tan oriundo del lugar como el que más. Exactamente igual que lo que opinan de sí mismas el resto de las grandes ciudades, añadiría yo. Está claro que el discurso autocomplaciente encuentra acomodo para hundir sus raíces allá donde quiere, y que el síndrome de Villarriba tiene una validez más universal que el de Estocolmo.

El inacabable elenco de actores es tan variopinto en su calidad como los gags que protagonizan. No faltan ni los miembros de la escuela de interpretación del “pasaba por allí...” ni los que imprimen mucha convicción a su papel de dos frases y un minuto.

Recomendada a los que se manchaban los dedos con pegamento de barra. Puntuacion