Ficha

País

UK, Irlanda

Año

2004

Título original

Freeze frame

Duración

99min

Dirección

John Simpson

Guión

John Simpson

Reparto

Lee Evans, Sean McGinley, Ian McNeice, Colin Salmon, Rachael Stirling, Rachel O'Riordan

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Crítica de Freeze frame
Autor: sensillo
Fecha: 2005-11-28.
Póster Freeze frame

Freeze frame

Digerido por sensillo

Otra producción del Ratoncito Pérez, el famoso mecenas que tanto ha hecho por el cine independiente con sus donaciones en monedas sueltas. Si a esto le añadimos que John Simpson se estrena como director y guionista, se comprende ese ansia por sorprender y llamar la atención, porque en estos casos nunca se sabe si va a haber una segunda oportunidad. De manera que el guión se convierte en un continuo rizar el rizo a por el más difícil todavía, y por momentos se echa en falta la música circense.

“Freeze Frame” juega todas sus cartas a coger una premisa inicial sorprendente y estirarla y retorcerla hasta niveles inverosímiles. Cuenta la historia de un hombre que es acusado de un brutal asesinato, pero que resulta absuelto por falta de pruebas. El buen señor coge tal obsesión con que no le vuelvan a incriminar en ningún asunto turbio, que a partir de entonces graba en vídeo cada segundo de su vida, y almacena todo ese archivo documental con la esperanza de que sirva de prueba absolutoria en caso de volver a encontrarse en una situación igual. Tras muchos años de apacible y paranoica vida, prácticamente encerrado en su casa y con una vida social digna de un crítico de cine, vuelve a ser inculpado de un asesinato y unas cintas desaparecen misteriosamente. Y hasta ahí puedo leer.

La película transcurre en pocos escenarios donde se mueve un reparto de actores también muy reducido, encabezado por un Lee Evans sin un pelo de tonto. Al margen de haber tenido que afeitarse hasta las cejas, tiene sin duda el papel más exigente, y no sólo por su tiempo en escena. Pese a venir del mundo de la comedia, consigue llevar adelante registros en la línea de “¡Por qué a mí!” y “¡Quiero morirme!” con mucha soltura.
El resultado final, no obstante, no deja todo el buen sabor de boca que podría, pues se le ve el truco desde lejos. Por una parte, ese énfasis por embarullar la trama deja poco sitio para el desarrollo de los personajes. Eso hace que cuando la película llega a su momento de mayor tensión dramática, el espectador medio se encuentre bastante frío, quizás sintiendo una mayor empatía por el acomodador o el proyeccionista. Que digo yo que también tendrán sus cuitas, como todo el mundo.

Pero sobre todo, la película patina porque las sucesivas vueltas de tuerca sobre las que construye el guión van saliendo de la muy ancha manga de Simpson. Lo bonito e ingenioso sería que el juego con el espectador se produjera con las cartas descubiertas, y que el engaño se produjera gracias a unas manos ágiles en vez de limitarse, como en este caso, a dictar las reglas en cada momento.

El juego de cámaras se mueve la mayor parte de las veces al son que le marca el juego de cámaras ficticio que se desarrolla en la historia. A veces refleja bien ambiente claustrofóbico y paranoide en el que vive el protagonista. Otras veces, simplemente ,molesta.

Recomendada para peluqueros obsesivo-compulsivos.

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