Ficha

País

USA

Año

2005

Título original

SAW II

Duración

95min

Dirección

Darren Lynn Bousman

Guión

Darren Lynn Bousman, Leigh Whannell

Reparto

Donnie Wahlberg, Shawnee Smith, Tobin Bell, Franky G, Glenn Plummer, Dina Meyer

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Crítica de Saw II
Autor: malabesta
Fecha: 04/12/2005.
Póster Saw II

Saw II

Digerido por malabesta

“Saw II” es la evidente secuela de la que fue sorprendente éxito de taquilla; cuando “Saw” comenzaba a despuntar en Sundance y en las carteleras americanas, los productores se arrojaron sobre un guión de Darren Lynn Bousman (a la vez director de la cinta) que había sido numerosas veces rechazado, pero que con unos cuantos retoques y una reescritura de manos de Leigh Whannell (coguionista de la original), podía convertirse en una segunda parte. Por supuesto, recoge el espíritu y la mayor virtud de la primera: hacer mucho dinero habiendo costado poco.

“Saw II” parece seguir un poco la estela de “Hannibal”; que hace de un secundario de su predecesora el protagonista indiscutible. Ahora Puzzle (Tobin Bell), psicópata que se dedica a castigar a través de horrendas pruebas a todos aquellos que han sido malos, algo así como los Reyes Magos pero con muy mala leche, y que es la mente maestra detrás de la serie de crímenes que nos ocupa, pasa de las tinieblas de “Saw” a protagonizar el filme, en antagonismo con el detective Eric Matthews (Donnie Whalberg, ex New Kids On The Block, hermano de Mark y el irreconocible suicida que abre “El sexto sentido”), encargado de detenerle. A raíz de uno de sus último asesinatos, Eric atrapa al Puzzle, sólo para descubrir que éste planea un nuevo juego, en el que el hijo de Eric, Daniel (Erik Knudsen) es encerrado en una casa, junto a 8 víctimas más. Han de salir de su prisión antes de que el gas nervioso que la contamina acabe con ellos. Entre los atrapados está también Amanda (Shawnee Smith), superviviente a los juegos de Puzzle en la precuela.

La película plantea entonces dos tramas principales, la de Puzzle/Matthews, en la que el policía ha de descubrir el paradero de su hijo para poder salvarlo y la de la casa, que es la enésima versión de “10 negritos” llevada a la pantalla. Ambas se desarrollan, al igual que la primera parte, gracias a increíbles giros, quiebros, torcimientos y retruécanos del guión, principalmente motivados por la increíble capacidad de planificación de Puzzle, y su no menos impresionante habilidad para construir instrumentos de tortura y colocar trampas en la casa, que uno se pregunta por qué al psicópata no lo interpreta Macaulay Culkin. Terminan también por unirse en el inevitable final sorprendente. Sorprendente por lo increíble y amañado que resulta. Como es habitual, este final tiene que ser explicado trayendo a colación numerosos momentos de la película en forma de flashbacks, en lo que suponemos que es la versión fílmica del “mira que te lo dije” materno.

También se le podría echar en cara al guión el excesivo mimo con el que prepara al psicópata, sus trampas, su filosofía y demás, para luego al resto de los personajes retratarlos torpemente, si es que tienen la suerte de tener un mínimo de trasfondo. Muchos de ellos están ahí, literalmente, para morirse. Mucho más grave es el caso del policía protagonista, y sus compañeros, entre los que hay una serie de relaciones a las que ellos hacen mención que desconocemos totalmente y que tampoco se nos muestran, para qué, digo yo, se iban a dedicar los guionistas a estas tonterías cuando podían dedicar ese tiempo de presentación de los personajes a mostrar como un tipo le arranca algún miembro a otro.

El rasgo visual más llamativo de la película es el montaje discontínuo, del que se abusa de manera inmisericorde en los momentos de más tensión, metiendo infinitos planos del protagonista de la escena gritando, con el rostro desencajado y tirándose de los pelos como si fuese una fan adolescente de los Beatles. También se nota el aumento de presupuesto (de millón y medio de dólares se pasa a cuatro millones), y se permiten el lujo de presentar un par de exteriores, aunque al igual que en la primera parte, dominan los planos medios y cortos, que por un lado acentúan el aspecto claustrofóbico de la historia y por otro permiten ahorrar unos cuartos en decorados demasiado complicados.

A nivel actoral sólo se merece el aprobado Donnie Whalberg, mientras que el resto de actores realizan un trabajo bastante funcional. Unos porque su capacidad no da para más, como puede ser el caso de Tobin Bell, que da lugar a un psicópata que bien podría haber sido interpretado por un muñegote,y otros porque su papel consiste en correr, gritar, y morir de forma rocambolesca.

En fin, una película de supuesto terror, que la única inquietud que consigue es la de hacer temer al espectador la casquería más desagradable aún que se producirá cuando el protagonista doble la esquina o abra la puerta, y el mayor terror lo produce el hecho de que haya ya una tercera parte en producción, de la que no podremos escapar. Recomendada para ocupas. Puntuacion