Ficha

País

USA

Año

2005

Título original

The ice harvest

Duración

88min

Dirección

Harold Ramis

Guión

Richard Russo, Robert Benton

Reparto

John Cusack, Billy Bob Thornton, Connie Nielsen, Lara Phillips, Bill Noble

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Crítica de La cosecha de hielo
Autor: malabesta
Fecha: 10/12/2005.
Póster La cosecha de hielo

La cosecha de hielo

Digerido por malabesta

“La cosecha de hielo” supone el retorno a la dirección de Harold Ramis, después de la secuela de “Una terapia peligrosa”. Notablemente alejada de lo que es habitual en él (entre otras cosas fue el cuarto cazafantasmas y el director/guionista de “Atrapado en el tiempo”), ahora dedica su tiempo a este thriller negro al que tampoco le faltan sus toques de comedia, supongo que para que el cambio no fuese demasiado drástico.

La película comienza cuando Charlie (John Cusack), un abogado de la mafia en Wichita Falls (un pueblucho de Wichita) y su compañero Vic (Billy Bob Thornton), un matón dueño de un club de strip-tease, roban a su jefe un par de millones de dólares. Básicamente la trama recoge la noche (Nochebuena, para más inri) que han de pasar los dos antes de poder dejar la ciudad con el botín. Mientras Vic sostiene la actitud propia de un matón acostumbrado a estas tropelías, Charlie deambula confuso de club a club, incluido el de Renata (Connie Nielsen), fuente de la tensión sexual de la película. Terminará topando con su amigo y actual marido de su ex-mujer Pete (Oliver Platt), notablemente borracho. La trama de robos y traiciones, aunque en un principio puede parecer simple, poco a poco se complica, pero de una manera poco habitual, es decir, a espaldas del espectador. Acompañamos a Charlie en su caótico deambular hasta que llega un punto en el que enésimo flashback nos muestra que nada es lo que parece y que deberíamos estar sorprendidos por todas esas cosas que han pasado y de las que no se nos ha mostrado nada. Mayormente esto consigue caras de asombro. Claro que el guión descansa más sobre los personajes, y concretamente el de John Cusack que sobre la trama, por lo que este hecho tampoco molesta demasiado. Lo que importa en todo esto es cómo Charlie se va transformando de ser un tirillas cobarde en el que nadie confía a delincuente de pelo en pecho.

La película transcurre en Navidad, pero el decadente ambiente en el que se mueven los personajes, lleno de clubes de strip-tease, mujeres desnudas, alcohol y coches caros está muy lejos de la imagen tradicional de las navidades, o al menos de las navidades del ciudadano de a pie. O al menos de las navidades del crítico de cine medio. Más que una crítica a la fiesta navideña y a lo que entendemos por ella, la película se limita a exponer qué hacen los delincuentes, los perdedores, los guitarristas de rock y en general todo el mundo del hampa mientras el resto de los mortales están comiendo pavo, chuletones, marisco o cava, allá la idiosincrasia de cada uno, y todo ello a través de los ojos de John Cusack, casi el único personaje con algo de humanidad de toda la película.

La historia retrata con bastante crudeza a todos personajes, y Harold Ramis traslada esta crudeza a lo visual; no escatima un chorretón de sangre ni una amputación, aunque la verdad es que a veces da la impresión de que sus usos son un poco burdos y hasta infantiles. Su manera, por ejemplo, de retratar al personaje de Renata consiste en hacer que hable de manera meliflua y pausada, como si estuviese en un anuncio de perfume, y enfocarle una luz a los ojos siempre, muy a la manera de las mujeres fatales del cine negro clásico, para que nos demos cuenta de su papel en la historia. Sutilmente. Una y otra vez. Toda la película. Por lo demás, carga en los tonos oscuros propios de una historia como ésta, de una noche como ésa y de un pueblo árido y perdido de la mano de Dios como puede ser Wichita Falls.

Los actores cumplen con sus papeles, pero más que por sus cualidades profesionales, con el ojo con el que se ha hecho el casting, llegando casi a lo que los americanos llaman “type casting”, echar mano, casi siempre como secundarios, de esos actores que representan una idea con su físico: el orondo simpático, el tirano de nariz aguileña y frente arrugada, etc. Aquí cada uno hace lo suyo: Cusack es ese hombre un poco perdido y confuso al que todo le viene un poco grande, Thornton es el delincuente podrido hasta el tuétano y que desprecia a la sociedad y Nielsen es la mujer peligrosa pero tentadora, otra vez.

En fin, una película que no decepciona, pero quizá se le podría haber sacado algo más de partido a un guión del múltiplemente oscarizado Robert Benton. Recomendada para los que sisan los bolis en el trabajo.

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