Ficha

País

Dinamarca, Suecia, Países Bajos, Francia, Alemania, USA

Año

2005

Título original

Manderlay

Duración

139min

Dirección

Lars von Trier

Guión

Lars von Trier

Reparto

Bryes Dallas Howard, Isaach De Bankolè, Danny Glover, Willem Dafoe, Lauren Bacall

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Crítica de Manderlay
Autor: bronte
Fecha: 19/12/2005.
Póster Manderlay

Manderlay

Digerido por bronte

"Manderlay" es la segunda parte de la trilogía crítica que muy amablemente Lars Von Trier está dedicando a los Estados Unidos de América. Cómo en esta segunda entrega se siguen fielmente los (inusuales) presupuestos estéticos defendidos en la primera, "Dogville", recomiendo encarecidamente la lectura de la correspondiente crítica para evitar una innecesaria repetición.

Como no podía ser menos, también en "Manderlay", Trier viene acompañado de la polémica. Al parecer esta fijación del director con el país norteamericano viene dada porque "le gusta meterse con los grandes", según él mismo ha declarado. Y eso está bien, lo que pasa es que no es muy original. No estaría mal que hiciera una trilogía sobre alguno de esos países tercermundistas donde los derechos humanos son conculcados sistemáticamente y por ley. Pero tampoco lo verán nuestros ojos. En todo caso, de todo lo malo que Trier podía criticar de USA parece que también se incluye la prohibición de infligir sufrimiento a seres vivos, animales, para algo tan superficial como una película. Como al danés le va la marcha, ni corto ni perezoso ha filmado su película en Suecia, donde no se ponen tan locos con esas tonterías, y lo que ha propiciado que el tal Trier rodara la carnicería que acabó con la vida de un burro, básicamente porque hacía bonito en la película. No teman sin embargo; la susodicha secuencia ha desaparecido del metraje final. Y no porque sea una salvajada que desagradará tanto a personas de buen corazón como a personas sanas mentalmente. La ha quitado porque no quiere que haya polémicas superfluas sobre su obra de arte. Con estos antecedentes y con esta coherencia, no sería de extrañar que el próximo proyecto de Von Trier fuera una agria denuncia contra la experimentación de cosméticos en conejos.

En "Manderlay" nos encontramos al mismo personaje protagonista, Grace, y a su padre el gánster, pero interpretados en esta ocasión por Bryce Dallas Howard en sustitución de Nicole Kidman, y Willem Dafoe en sustitución de James Caan. Para abreviar diré que como esta segunda entrega es sensiblemente inferior a la primera, las también sensiblemente inferiores interpretaciones no desentonan en demasía. Si "Dogville" era una fábula pisoteada al final por la moralina del asunto, en "Manderlay", Trier ha perdido el norte que indica la diferencia entre "realismo" y "metáfora". Aquí hay que decidirse: Si uno plantea una especie de cuento con narrador incluido, y con un escenario falso que provoca la distancia con el espectador, pues no puede soltar parlamentos sobre los fundamentos del sistema legal americano. O todo toma forma de fábula o nada. Resulta bastante chirriante ver a Bryce Dallas Howard, vestida de alegre campesina en medio de una nave vacía que pretende ser una plantación del profundo sur, mientras divaga sobre los fundamentos de la Constitución americana. La película en ningún momento consigue conectar emocionalmente con el espectador, muy al contrario que su predecesora, y en más de una ocasión se tiene la impresión de estar viendo un añadido sin mucho sentido.

"Manderlay" trata básicamente sobre la esclavitud. Esto suena muy bien. Lamentablemente, trata sobre la esclavitud en Estados Unidos, porque todos sabemos que incluso aún en día, no se practica en ningún otro lugar del mundo. En los años 30, y después de abandonar Dogville, Grace llega a una plantación de algodón del mismo nombre que la película, y allí descubre que la esclavitud sigue vigente, pese a haber sido abolida décadas antes en el resto del país. Nuestra garbancita de la Mancha, demasiado solicita y diligente en esta entrega, se remanga, y toda ufana, y gracias a la ayuda de los matones de su padre, intenta imponer una democracia en la plantación, convencer a los negros de que son seres humanos libres, tan buenos como los blancos, y de paso establecer una comuna, tipo cooperativa. Sólo diré que ya se pueden imaginar como es la cosa, que casi ningún actor negro estadounidense quiso formar parte del cotarro.

Y, ¿esto por qué? Yo tengo mis sospechas. En primer lugar, "Manderlay" es una película tan abierta en sus significados que al final uno no sabe muy bien si ha querido decir algo. Va a ser mejor pensar que el filme tan sólo lanza al aire reflexiones filosóficas sobre el alma humana (norteamericana, no nos olvidemos). En primer lugar, parece que Grace es la gran heroína de Trier, redimiendo a todo el mundo que se encuentra por la calle, pero luego al parecer hay quien hace la lectura de que la actuación de Grace en Manderlay es similar a la de Bush en Irak. Y si es así, a mí bien que me cuesta creer que Von Trier asimilara su querida creación a un tipo al que seguramente escupiría con ganas. Y si eso es así, pues resulta que Bush no va a ser más que un idealista irredento, como Grace. Porque así es como está presentado el principal personaje femenino.

Así que por un lado se habla de la imposición de la democracia, pero por otro lado parece que los esclavos negros no quieren adaptarse a ese nuevo ritmo. Y aquí es donde saltan chispas, porque si bien esto sería una lectura muy positiva para todos aquellos que creen que los iraquíes en tropel odian a los americanos, lo cierto es que en un nivel más próximo, los personajes negros aparecen retratados de forma muy negativa. Casi animalizados, e incapaces de adaptarse al ritmo de vida libre y adulto de los blancos. Y si volvemos a Irak, si esta es la opinión de Trier sobre los iraquíes, motivo por el cual nadie debería intentar llevar allí la democracia en detrimento de la dictadura, nos metemos en un jardín del que sólo vamos a poder salir diciendo que Lars Von Trier debe de ser el propio hijo del demonio. Así que mejor no meneallo, y que cada uno entienda lo que le parezca bien.

En esta cinta además, tiene especial importancia el erotismo, que parece estar incluido mucho más por deseo expreso del director que porque la historia lo necesite. Parece que es un topos común, muy excitante para alguna gente, el imaginar a una blanca delicada y de claro bello púbico en los brazos de un negro musculoso y fornido. Bien, para todos aquellos que sueñen con este tipo de situación, Trier ha tenido su gotita de piedad en esta ocasión. Lo cierto es que la película daría para hablar horas sobre lo que quiere decir o lo que no quiere decir, sobre las situaciones expuestas y las diferentes perspectivas sobre un mismo hecho. Pero con todo, no llega al grado de excelencia de su antecesora, y todo el filme tiene el regusto del pálido reflejo de la anterior.

Recomendada para gente que no se tiñe nada de nada. Puntuacion