Ficha

País

USA

Año

2000

Título original

Bruno

Duración

108min

Dirección

Shirley MacLaine

Guión

David Ciminello

Reparto

Alex D. Linz, Shirley MacLaine, Gary Sinise, Kathy Bates

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Crítica de Bruno
Autor: bronte
Fecha: 12/01/2006.
Póster Bruno

Bruno

Digerido por bronte

Dicen por ahí que "Bruno" es un remake de "Ma vie en rose", y yo digo que ya son ganas. Es verdad que en ambas el protagonista es un niño al que le gusta llevar vestidos, pero que mientras la película francesa tenía un claro sentido e intención, "Bruno" es un delicioso collage cuyas imperfecciones formales, incluida la aparente falta de dirección en la historia, hacen que el espectador quiera seguir hasta el final las peripecias del infante que da nombre a esta cinta.

Si algo tiene de encantador este filme, es ese tono kitsch que envuelve toda la trama sin remisión. Pese a aparecer reflejados temas nada ligeros, toda la cinta mantiene ese aire festivo y jovial presente en el subtexto más en el propio texto: no hay gags en esta película, ni grandes chistes, ni punch lines, sin embargo, es fácil mantener la sonrisa durante toda la proyección. Bruno es un niño católico, obsesionado con la figura de los ángeles, que descubre que ponerse, primero vestiduras sagradas, y más tarde directamente vestidos de niña, le da el poder de "ser él mismo". Ni más ni menos, de ser él. No hay en el guión una reivindicación del travestismo ni mucho menos del transexualismo. Nada más lejos de la realidad. Sólo una opción colorista sobre la metáfora de ser uno mismo. De ahí que la historia cobre esos tintes universales con los que cualquier persona se puede identificar y no tan sólo colectivo travestí. Bruno podía haber elegido caminar haciendo el pino para ser él, y el resultado habría sido el mismo, aunque con evidente cansancio para el joven actor protagonista.

Cuando digo que la película no sabe muy bien por dónde va, me refiero más bien al tratamiento escasamente hábil, que en forma de capítulos se le da al conjunto. Lo cual hace pensar al espectador que al guionista se le iban ocurriendo los diferentes temas por el camino, y los iba añadiendo sin importarle mucho lo que había pasado antes lo que iba a pasar después. No obstante, el gozoso diálogo, las entrañables situaciones y sobre todo, la sorprendente buena dirección de la primeriza Shirley MacLaine, hacen que una siga con interés todos los añadidos que ante sus ojos van apareciendo. Primero descubrimos la desestructuración del hogar de Bruno, cuyo padre les ha dejado a él y a su madre para irse con una Barbie no muy lista. Después la cosa se centra en el problema de adaptación de la madre, una obesa mórbida que no acepta el abandono del marido. Entra en escena un nuevo personaje, el de una niña negra vestida de vaquera, que propicia el desarrollo de una ideal amistad infantil, con componente interracial añadido. Tras haber apuntado levemente el gusto del niño por las faldas, Bruno decide que quiere aderezarse con vestidos, y finalmente, la cosa desemboca en cómo el crío concursa, fase por fase, el campeonato nacional de deletreo, vestido con todo tipo de trajes femeninos, porque eso "le da fuerza". Así que la cosa acaba como Rocky IV, pero en deletreo. Y esto último, conste en acta, ante la escandalizada mirada de las monjas de su colegio, que al final no tendrán más remedio que aceptar que hasta el Papa va con faldas. Sin chafárselo, les recomiendo no se pierdan el inocente, pícaro y al mismo tiempo intensamente pop plano final de la película.

La película está coronada por un reparto de altura en el que destaca sobremanera, Alex D. Linz. Y yo me pregunto por dónde anda este niño que en buenas manos resulta un actor tan excepcional. Shirley MacLaine se reserva el papel de abuela dura, Stacey Halprin borda el papel de obesa (el físico le acompaña pero no es sólo eso) y Gary Sinise, es el padre perdido y hallado en el templo. Aprovecho este párrafo para subrayar la delicadeza y sensibilidad con que está desarrollada la relación entre madre e hijo, ambos dos personajes débiles y despreciados por el entorno, capaces de construir su propio mundo entre sedas y tules de colores (notable también la fotografía). Lástima que tirando hacia el final este aspecto materno-filial prácticamente desaparezca. Básicamente, cuando a Shirley MacLaine le parece que Stacey Halprin (que siendo tan buena actriz nunca nada más ha hecho), ya ha chupado suficiente cámara y que ahora es el turno de la que manda.

Como dato anecdótico, el escalofrío que una siente al ver a niños de ocho preguntando cosas como: "¿me puede decir de qué lengua procede la palabra herpetología?", sobre todo cuando se visitan los foros españoles, lengua que creo yo, no presenta mucha dificultad para el deletreo, y comprueba la burremia circundante. Esto para que sigamos tan convencidos de "semos los mejores". Y créanme que por esos lares sí que se toman en serio lo de la ortografía. No es sólo una película.

Encantadora. Consigue que el espectador quiera saber qué va a pasar en cada momento, acompañando al pequeño Bruno por toda su peripecia transformista. Recomendada para gente que sabe que "gente" va con "g". Puntuacion