Ficha

País

USA

Año

2005

Título original

Memoirs of a geisha

Duración

145min

Dirección

Rob Marshall

Guión

Arthur Golden, Robin Swicord

Reparto

Zhang Ziyi, Ken Watanabe, Michelle Yeoh, Gong Li, K˘ji Yakusho

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Crítica de Memorias de una geisha
Autor: malabesta
Fecha: 2006-01-22.
Póster Memorias de una geisha

Memorias de una geisha

Digerido por malabesta

La verdad es que no he leído el libro sobre el que está escrito el guión, pero si no fuese porque tiene el título que tiene, uno se podría imaginar la portada del mismo con un vikingo de luengas melenas y el torso desnudo abrazando a una mujer igualmente rubia con el vestido parcialmente rasgado, sobre un fondo crepuscular.

“Memorias de una geisha” cuenta la historia de Sayuri (Zhang Ziyi) una campesina japonesa que es vendida a una casa de geishas, para aprender el oficio. Por supuesto, y como el cartel de la película nos muestra, tiene el extraño don de haber nacido con dos lentillas azules como el agua. Por supuesto este rasgo rápidamente le granjea el odio de Hatsumomo (Gong Li), la prima dona de la casa y que la ve como una rival. Tras muchos roces y accidentes con ella, llega a una situación más o menos estable junto a su compañera Calabaza, hasta que todo cambia cuando conoce al presidente de una compañía eléctrica (Ken Watanabe), del que se enamora perdidamente a los nueve años y a la geisha rival de Hatsumono, Mameha (Michelle Yeoh) que la entrena, y se convierte más o menos en la figura paternal/maternal de Sayuri; por último, conocerá al compañero y mejor amigo del presidente, Nobu, que terminará por enamorarse de ella. Todo ello ambientado en la primera mitad del siglo veinte, época turbulenta en la historia de Japón, que con su afán de acrecentar el imperio y que terminará por involucrarlos en la segunda guerra mundial.

Más o menos la historia de amor que late de fondo viene a ser la que cualquiera se puede encontrar en mil y un culebrones venezolanos, con la diferencia de que en lugar de estirar la historia hasta cientos de capítulos, aquí se limitan a estirarla hasta cientos de horas. Por lo demás, el mayor atractivo de la película es sin duda el mundo en el que se desarrolla, que sin embargo, no termina de convencer. Quizá sea por el tratamiento color de rosa que le da al mundo de las geishas, quizá sea porque las artes que dominan éstas, especialmente el baile, están recreadas de una manera bastante fea y efectista (y moderna), que teniendo en cuenta la formación como bailarinas de las protagonistas bien podría haberse hecho un poco más agradable, pero el caso es que, fuera de lo visual (aspecto en el que se nota la inversión de dinero), deja bastante que desear. Supongo que en gran parte será porque tanto el escritor del libro, como el guionista, como casi todo el equipo creativo son occidentales y hombres, por lo que no deja de ser una visión externa del asunto.

La dirección se recrea en lo visual, alargando de manera innecesaria la película, a base de exhibir lo bonita que le ha quedado la recreación del barrio de las flores de Kyoto, o lo maravillosos que son los cerezos en flor, lo bien que bailan todas las geishas, etc. Un poco más de brío detrás de la cámara hubiese echado una mano a la historia, llena de puntos muertos, y rescatado al espectador reduciendo su agonía por debajo de las dos horas.

Fuera de las supuestas polémicas respecto a la nacionalidad de las actrices, y teniendo en cuenta que la película se rodó en inglés con fingido acento japonés, el trío protagonista está en general correcto. Gong Li tiene el papel más exigente a nivel dramático, cumpliendo bien, mientras que Michelle Yeoh tiene el más contenido. En el punto medio entre ambas está Zhang Ziyi, sin llegar a los extremos del malvado de vodevil que parece ser Gong Li o el maestro Yoda que termina por ser Michelle Yeoh. Ken Watanabe cumple, aunque tampoco es demasiado exigente su papel.

En fin, una aburrida telenovela, recomendada para aquellos que comen sushi con cuchillo y tenedor. Puntuacion