Ficha

País

USA

Año

2005

Título original

Memoirs of a geisha

Duración

145min

Dirección

Rob Marshall

Guión

Arthur Golden, Robin Swicord

Reparto

Zhang Ziyi, Ken Watanabe, Michelle Yeoh, Gong Li, K˘ji Yakusho

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Crítica de Memorias de una geisha
Autor: bronte
Fecha: 2006-01-22.
Póster Memorias de una geisha

Memorias de una geisha

Digerido por bronte

"Memorias de una geisha" es la nueva película de Rob Marshall, autor de la notable "Chicago". Y casi se podría decir que es "Chicago 2". Mis queridos lectores: ¡esto es Hollywood!. Cojan cualquier historia, por dura que sea, conviértanla en un puro espectáculo y entrarán con pleno derecho en la "fábrica de los sueños". Que no me queda duda de que ya la novela tiene estas trazas de "historia rosa" a lo cenicienta nipona, pero sin lugar a dudas, la transposición fílmica ha hecho también lo que estaba en su mano para convertirla en un "Kyoto, Kyoto is a wonderful town", en un abrir y cerrar de ojos.

No es que el director excluya lo triste y lamentable de una práctica como la de las geishas. Algunas secuencias y algunos diálogos se emplean en mostrar el terrible origen de estas mujeres, lo doloroso de sus requerimientos físicos, lo esclavista de su día a día y lo míserrimo de su destino. Pero entre tanto "entertainment" la cosa queda difusa y hasta puede parecer que es bonito. Rob Marshall procede del teatro, y no en vano toda la película está rodada en un tremendo decorado, con apariencia clara de decorado, y dónde se conoce que el director se siente mucho más a gusto. Es un mundo a su medida en el que nada desentona y en el que todo contribuye a esa imagen amable del espectáculo que este hombre busca y encuentra. Aunque el efecto no sea el mismo aquí que en su otra película. Mientras que en la primera el citado efecto contribuía al ritmo de musical y a la ironía de la historia, en esta parece un intento de darnos gato por liebre. Al ser un coreógrafo como es, se nota que que ya le temblaba la pierna, y en cuanto tiene oportunidad mete un número músical, aunque en esta ocasión no parece que hayan quedado muy lucidos.

Las interpretaciones son dignas aunque un poco de opereta en algunos casos, acorde con la dirección artística bastante poco fiel a lo que debía de ser el original. Y ruego a ustedes dejen de leer en este punto si quieren llegar vírgenes al cine. Yo ya he avisado. Si algo es lamentable de la película, es la historia en sí. No porque dulcifique de manera extrema un mundo hermoso por fuera pero podrido por dentro, sino porque además muestra lo dormidas que están en general las mujeres, que no reaccionan ante nada. Que una sola individua haya podido creer que la trama de la película "Memorias de una geisha" es una historia de amor, es algo que llena de espanto a propios y extraños. Recapitulemos: un hombre adulto ve a una niña de nueve años en la calle, y se encapricha de ella. Podía darle un buen futuro, sin embargo, a través de una tercera, la introduce en el mundo de lo que podríamos llamar "servicio escort de lujo japonés", esto es, las geishas, se supone que para tenerla a su disposición. Cuando el amigo del primer hombre se encapricha de la nueva geisha, nuestro protagonista la sacrifica a tener que estar con su amigo, pese a que ella esté enamorada de su "mentor". Eso sin contar, con que se le pide a la pobre mujer que entretenga a unos americanos para conseguir un contrato, que hay que ver, que amor es ese. Y, finalmente, cuando por fin pueden estar juntos, no se casa con ella para retirarla de ese mundo y establecer con ella un compromiso serio y duradero, sino que la mantiene como su cortesana particular. Si eso es amor, que venga alguien y me lo repita.

Vean ustedes, pederastia, corruptela, proxenetismo... El guión comete tantos agravios con una novela ya de por sí discutible, que no sólo hace estultos los comportamientos de los personajes sino que al ver la película, a todas las personas sensibles les llevaran los demonios cuando comprueben (entre otras lindezas) que "el príncipe azul" además de convertir a la pobre Chiyo en una desgraciada prostituta de lujo, el descastado no tiene ni la vergüenza para retirarla "de la calle" cuando llega el momento. En la línea de mantener clichés, Rob Marshall presenta a los americanos en Japón como unos paletos que lo vulgarizan todo. Bueno, es gracias a los americanos que Japón dejó de ser una sociedad feudal, así que no será para tanto la cosa. Si alguna vez el "espectáculo" ha tenido una acepción negativa, ésta se hace obvia en productos de este tipo, que con buen hacer consiguen colar mensajes detestables.

Recomendada para gente tipo "vivan las caenas". Puntuacion