Ficha

País

USA

Año

2005

Título original

Munich

Duración

164min

Dirección

Steven Spielberg

Guión

Tony Kushner, Eric Roth

Reparto

Eric Bana, Daniel Craig, Ciarán Hinds, Mathieu Kassovitz, Geoffrey Rush

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Crítica de Munich
Autor: bronte
Fecha: 28/01/2006.
Póster Munich

Munich

Digerido por bronte

En 1972, el grupo terrorista palestino "Septiembre negro" asesinó a once deportistas israelíes que se habían trasladado a Munich para participar en las Olimpiadas. Fue quizás esta la última vez que el mundo se estremeció con una matanza judía por parte de los palestinos. La nueva película de Steven Spielberg aborda las consecuencias que esa masacre tuvo en la política disuasoria de Israel, y por lo tanto en el conjunto del conflicto árabe-israelí. En "Munich", la cámara sigue la peripecia del grupo clandestino "Cólera de Dios" creado a tal efecto para eliminar a todos los responsables intelectuales de aquella matanza. Pero, como ya bien apunta la cinta al principio de los títulos de crédito, es ésta una historia "inspirada" y no "basada" en los hechos reales, puesto que el gobierno israelí nunca ha reconocido la existencia de este grupo de élite, ni por el momento nadie puede asegurar que las cosas pasaran así. Estamos ante una de esas famosas "dramatizaciones". Así que por favor, ninguno se vaya a tomar este argumento como auténtico. Otro ejemplo de política-ficción.

Nadie puede negar a Spielberg que es un gran director (salvo en contadas ocasiones), y una vez más muestra su maestría detrás de la cámara. En esta ocasión, es capaz de presentar una historia con muchos tiros y bombas, sin que esa violencia llegue a ser nunca catártica o entre en el terreno de la moralidad/inmoralidad. La precisión con la que el director filma la historia es milimétrica y fría, totalmente exenta de glamour, evitando que el espectador en ningún momento pueda llegar a distinguir entre buenos y malos (aparentemente). Por la propia ambientación hay ecos de "Atrápame si puedes", y por el tono de documental, a veces recuerda a "Salvar al soldado Ryan". Como siempre en la filmografía de Spielberg, los protagonistas se enfrentan a cuestiones morales que no llegan a saber resolver del todo, o quizás nada. Y aquí aparece uno de los primeros escollos de la historia. Spielberg intenta hacernos creer que es "Munich" una historia política, cuando en realidad lo único que está haciendo es asimilar las dudas éticas de un sólo personaje a todo un pasaje histórico. Que Avner, el jefe de "Cólera de Dios", no sepa muy bien qué está haciendo, no quiere decir que esa operación no tuviera un significado y objetivo claro. Pese a ser un genio, Spielberg no puede permitirse el lujo de explicar una historia tan compleja y enrevesada como es el conflicto árabe-israelí a través de la psique de un único hombre. Un único hombre que como personaje trabajado que es, tiene sus propios miedos y frustraciones, su propio pasado y sus propias angustias futuras. Su visión sobre su "misión" ni puede ni consigue valorar, ni siquiera explicar uno de los conflictos más enconados de la historia de la humanidad. Sobre todo cuando su desarrollo psicológico le lleva hasta el punto de negar el derecho de la lucha por la superviviencia de su propia nación.

"Munich" se queda a medio camino entre la visión ética del enfrentamiento, siempre desde el punto subjetivo de Avner, y la película de espías (con excesivas incongruencias en este aspecto). Es por ello que muchos encontrarán innecesarios y farragosos los pasajes dedicados a los dobles y triples agentes, y echarán en falta una mayor contextualización de los hechos: qué estaba pasando en las grandes instancias mientras aquellos hombres se disparaban a bocajarro en las callejuelas de Europa. El hecho de ser judío no implica que Spielberg tenga que dar una visión u otra del conflicto árabe-israelí, pero sí que llama poderosamente la atención que su dirección apoye la gran falsedad dónde prácticamente se basa todo el conocimiento popular alrededor de este tema. Sobre la película sobrevuela la idea de que los israelíes arrebataron el territorio a los palestinos, falacia que se puede escuchar en cualquier bar europeo cualquier día del año. De ahí que sorprenda que algunos medios de comunicación hayan calificado a "Munich" como una película valiente. No puede ser muy valiente reiterar el error que nueve de cada diez bocas repiten recurrentemente. Valentía hubiera sido abandonar el discurso políticamente correcto de la equidistancia, y recordar una vez más que Palestina nunca fue un estado de nadie; que siempre hubo judíos en esa zona (y que si no había más es por las masacres de los cristianos contra los judíos en las cruzadas); que hasta el Siglo XX la palabra palestino denominaba justamente a los judíos de ese área, para que se pueda calibrar la importancia de su presencia allí; que cuando comenzó el sionismo ese pedazo de tierra era parte del imperio otomano con gran mezcolanza étnica y religiosa entre sus habitantes; que tras la segunda guerra mundial se decidió la creación de dos estados en ese territorio, el judío y el árabe, adjudicándosele a éstos últimos la mayor parte del terreno, y que fue la oposición de los árabes, y sólo de ellos a la creación de un estado de Israel, la que inició esta sangría que ya dura más de cincuenta años. Si los palestinos hubieran accedido a compartir la tierra que correspondía por derecho a ambos pueblos ahora no estaríamos hablando de nada de esto. Nada de esta información se da en la película, y toda la explicación de la génesis prefiere sustituirse por una conversación infantil sobre "esa tierra es mía y no tuya" por ambas partes.

Todo ello envuelto en un discurso anti "terrorismo de estado" (calificativo actual para este tipo de prácticas), que sinceramente también sorprende por su tono "naif". Hasta en películas como "Operación Swordfish" se puede apreciar una reflexión más adulta sobre este fenómeno. Es evidente que nadie va a validar nunca el "terrorismo de estado", y es evidente que es algo perseguible y detestable, pero también es evidente que no nace de la nada y que su existencia se impone como la cruz de una moneda. Nunca existe sólo la cara. Ni siquiera hay que irse tan lejos para constantar cómo se ha ganado su sitio en el mundo. ¿Acaso las personas de a pie, en su vida corriente, no arreglan cosas bajo cuerda? ¿Quién puede decir que siempre ha seguido las reglas escrupulosamente sin violentar nunca la transparencia o la decencia? El discurso anti-operaciones encubiertas de "Munich" parece propio de un niño, pero no porque se posicione claramente contra él, sino porque es incapaz de identificar su función y esencia en el complejo mundo de las relaciones internacionales. Intenta hacer buena la idea de que terrorismo y antiterrorismo son la misma cosa, y no parece que eso sea así, o al menos eso dice el sentido común. De la misma manera, sorprende la visión que se da los miembros del Mossad, el más sofisticado servicio de inteligencia del mundo, incapaces de montar una bomba con acierto... Crear personajes creíbles no es equivalente a poner a un equipo aficionado de petanca matando palestinos. Sobre todo cuando los palestinos son mostrados como seres beatíficos, mientras que los judíos aparecen caricaturizadamente reflejados contando dinero de manera constante. Tenga todo el mundo presente que el guionista de "Munich", Tony Kushner, es un reconocido detractor del estado de Israel, como sabe dejar bien claro en cada una de sus líneas.

Spielberg, explícitamente, habla en su película de que la violencia genera violencia. Bueno, sí. Una obviedad. Obviedad en casi todos los casos de la historia, siendo quizás la única excepción la del caso de los judíos. Estaría bien que alguien explicara qué violencia judía generó su terrible expulsión de España, o qué fue eso tan terrible que los judíos hicieron para merecer los pogromos rusos, o qué violencia tan imperdonable ejercieron los judíos para que los alemanes los gasearan en los campos de concentración. Si parece que algo ha aprendido este pueblo tras el holocausto, es que no responder ante los ataques que reciben no les garantiza sobrevivir, en un mundo dispuesto a aniquilarlos a la primera de cambio. Por eso Spielberg insiste en que las respuestas violentas entre palestinos e israelíes jamás traerán la paz y que sólo perpetuarán el horror. Es muy probable. Y, ¿qué nos propone el director de E.T.? ¿Qué los judíos dejen de responder cada vez que un hombre bomba vuela un autobus de Tel Aviv? (porque no olvidemos que la película fija el punto de vista y la responsabilidad del futuro en los israelíes, como si los palestinos no tuvieran nada que ver con lo que está pasando) ¿Realmente eso va a zanjar el asunto? Sí, lo zanjaría con la desaparición del estado de Israel del mapa. ¿No es toda la reflexión última de "Munich" de una inocencia o de una ligereza, o quizás de una perversión intolerable? Porque por el momento, lo único claro es que Israel jamás se ha opuesto a la creación de un estado palestino, mientras que la otra parte aún a estas alturas, y cada vez más, jura que no cesará hasta eliminar a los judíos echándolos al mar...

El último trabajo de Spielberg no ha gustado ni a tirios ni a troyanos y aunque la película aparentemente ofrece demasiadas preguntas y pocas respuestas, ningunea el inicio del conflicto, que es justamente donde se encuentra la clave, distorsionando cualquier posible lectura posterior. Tras más de cincuenta años de matanzas por un lado y por el otro, en el puro presente parece que ya nadie tiene razón ni deja de tenerla, y eso aparece justamente reflejado en la película. Pero en el origen hay el derecho no reconocido durante siglos de un pueblo a tener su propia nación y tener esa idea en mente, quizás hubiera ayudado a Avner a no plantearse el conflicto en términos tan limitados como "el aquí y el ahora". Es el subtexto tan cándido o tan suicida, lo que falla en esta película ya que tanto interpretación, como dirección,como algunos excelentes diálogos (engarzados en un guión torticero) son de una calidad notable. Aunque parezca increíble, quizás nunca tan niño fue Spielberg como en "Munich".

Recomendada a los que creen, para abreviar, que los judíos siempre tienen la culpa. Puntuacion