Ficha

País

USA

Año

2006

Título original

Lucky number Slevin

Duración

109min

Dirección

Paul McGuigan

Guión

Jason Smilovic

Reparto

Josh Hartnett, Ben Kingsley, Bruce Willis, Morgan Freeman, Lucy Liu

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Crítica de El caso Slevin
Autor: malabesta
Fecha: 11/04/2006.
Póster El caso Slevin

El caso Slevin

Digerido por malabesta

Nueva película del irregular Paul McGuigan, tras habernos traído "Obsesión" y "El misterio de Wells." Aunque matar no mata, la película no deja de ser una nadería, con una historia que da vueltas y vueltas, todo el rato persiguiendo su propio rabo. Al final, tanta sorpresa y tanta explicación deja al espectador con una ligera sensación de que todo aquello lo dirigió un trilero.

El meollo de la película consiste en que a Slevin (Josh Harnett), que está pasando unos días en casa de un amigo. Como el susodicho está desaparecido, confunden a Harnett con él, pues resulta que además de prestarle el piso, tenía onerosas deudas con los dos grandes de la mafia local, El Jefe (Morgan Freeman) y El Rabino (Ben Kingsley), que además se odian a muerte. Ambos deciden, por separado, darle a Slevin otra oportunidad en lugar de desmembrarlo, y así acaba enmarañado en los negocios sucios de Nueva York. Además, ha de averiguar dónde está su desaparecido amigo, labor en la que recibirá la ayuda de la muy dispuesta vecina de enfrente Lucy Liu. Como la idea de que los dos jefes del hampa te persigan con sus matones parecía no resultar suficientemente intimidatoria, en todo esto se mezcla Goodcat (Bruce Willis), un frío y efectivo asesino a sueldo que también parece estar interesado en Harnett.

Como decía, la película se pasa la mitad de su tiempo en darle cuerda a la historia envolviéndola sobre sí misma para luego dejar que camine sola en la otra mitad, mientras se nos explican todos los cabos sueltos, se nos muestran con flashback todos los "te lo dije" y se rematan todas las tramas. Lástima que no haya un mensaje, ni un objetivo en todo esto; la cosa termina por ser algo entretenido de ver, pero que se olvida al momento. A su favor tiene el hecho de que los personajes están muy bien caracterizados, que evita la confusión del público entre tanto mafioso, policía y vecino. Todos tienen una personalidad muy marcada, unos gestos y unas actitudes propias, que los hacen fácilmente identificables y con ello mucho más fácil de seguir la trama. Lástima que de la mano con esta claridad vaya la absoluta falta de desarrollo de los mismos: aparecen cuando empieza la película, hacen todo lo que tienen que hacer y luego vuelven a desaparecer, sin que por un momento parezca que tengan vida más allá de lo rodado.

McGuigan tiene cierto gusto por los montajes extremos. Flashbacks ultrarrápidos que desagradarán a muchos pero que aligeran el peso de la película: el tiempo que se podría perder mostrando de nuevo un evento pasado se dedica sin embargo a embarullar un poco más la historia. Lástima que en una producción como esta, en la que se supone que el director intenta sorprender al espectador uniendo al final todas las piezas que ha ido colocando a lo largo de todo el metraje, McGuigan sea un poco tramposo a la hora de presentar a los personajes secundarios, de manera que sólo los conocemos de verdad segundos antes del desenlace, haciendo inútiles todos los intentos de uno por buscar una explicación racional a lo que ve.

Los actores cumplen de sobra con los sencillos personajes: Willis aparece con la misma expresión en toda la película, y Freeman y Kingsley se esfuerzan por no hacerlo mejor el uno que el otro. Los únicos que decepcionan un poco son Liu y Harnett, no porque lo hagan mal, sino porque son una de las parejas con menos química de todo Hollywood. Es que no pegan ni con cola. La diferencia de estatura (Lucy Liu ahí donde la tienen mide 1.60, frente al 1.90 de Harnett), la de edad (Liu es diez años mayor) y en general la de estilo (Harnett no pierde el aspecto de niñato ni Liu el de dominatrix, por mucho que se vistan de seda) son factores que ni el mejor de los directores puede compensar.

En fin, una nadería que entretiene (que no es poco) durante las dos horas que dura, y que rápidamente pasa al olvido. Recomendada para amantes de la interracialidad.

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