Ficha

País

Israel, España, Bélgica

Año

2005

Título original

Free zone

Duración

90min

Dirección

Amos Gitai

Guión

Amos Gitai, Marie-Jose Sanselme

Reparto

Natalie Portman, Hanna Lazlo, Carmen Maura, Hiam Abbass, Makram Khoury

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Crítica de Zona libre
Autor: malabesta
Fecha: 11/05/2006.
Póster Zona libre

Zona libre

Digerido por malabesta

"Zona libre" tiene la peculiaridad de ser la primera película israelí que se ha rodado en Jordania; la verdad es que para lo que les ha salido, bien podrían haberse quedado en casa y evitarse el seguro que laborioso papeleo y evitarme a mí la experiencia de tener que verla.

La esencia de "Zona libre", y en general de gran parte del cine eropeo "modernillo" (europeo de nacimiento o vocación, que los europeos, como los de Bilbao, nacen donde quieren, incluso en Estados Unidos), queda expuesta en los primeros diez minutos de película. Consisten en un primerísimo plano sin cortes de Natalie Portman llorando en un coche. Nada más. Ni movimiento de fondo, ni una voz en off que explique algo, ni saltimbanquis, ni elefantes en la pista central. No sabemos quién es ella, por qué llora, qué hace en el coche o dónde está éste, con lo que toda la posible fuerza de la escena se va al garete porque al fin y al cabo al público le importa un pimiento que una desconocida esté llorando a moco tendido. Así es la película, y muchas otras, todo forma, todo planos arriesgados y demás parafernalia, pero al final no cuenta nada, y si lo hace, casi es mejor no prestar mucha atención. "Zona libre", aunque dirigida por un israelí de nacimiento, se atiene al catecismo del conflicto palestino israelí, así que aquellos con un mínimo de sensibilidad, mejo se queden en casa, que para eso ya he pasado yo el trabajo.

La historia cuenta (es un decir) las aventuras de Rebecca (Natalie Portman) que despues de discutir con su insoportable suegra (Carmen Maura), huye del hotel para refugiarse en el taxi de Hanna (Hana Lazslo), que pretende viajar desde Israel a la zona libre, un espacio entre las fronteras jordana, iraquí y saudí en el que la gente se dedica al trapicheo. Allí es donde se encuentran con Leila (Hiam Abbass), contacto de Hanna con el hombre que le debe dinero a su marido, y objetivo del viaje. Como resulta que lo de que se haya podido rodar en Jordania parece que es todo un hito, Amos Gitai lo celebra dedicando a mostrar los paisajes del país, desde la ventanilla del taxi, aproximadamente dos tercios de la película. Tanto ocupan, que los numerosos flashbacks que nos cuentan a destiempo la historia de Rebecca están sobreimpuestos sobre estos paisajes, lo cual ayuda mucho a que las escenas se entiendan de maravilla, así como a favorecer el trabajo de los actores, que bien podrían haber estado tomándose unas cañas mientras leían el texto sin que la diferencia resultase apreciable.

El resto de película se divide entre el desarrollo de la historia y diálogos entre los personajes principales y de éstos con otros más secundarios (claramente ganando éstos últimos) en los que sin mucho sonrojo Gitai da su visión sobre la situación política de la zona, y de paso deja claro de quién cree él que es la culpa, apoyándose en los hechos, más o menos fabulados, que exponen cada uno de sus personajes. Así que lo que es la narrativa no está demasiado trabajada.

El estilo visual de Gitai desafía las normas establecidas, no vaya a ser menos él que los demás, pero las desafía de la misma manera que yo podría desafiar las normas higiene no lavándome las manos después de ir al baño. Parece ser que hay gente que todavía cree que las convenciones narrativas son un capricho, y que él está por encima de ellas. Gitai, cineasta de vocación pero no de formación, destaca (cómo no) por el manejo de largos planos estáticos y de los silencios, lo que ha hecho que cierta crítica diga que sus escenas tienen cierto aire hipnótico. Según mi experiencia, debe de ser cierto, porque al menos dormir, duermen.

Una de las bazas de la película es el trabajo de sus actrices. Aunque es bastante bueno, mucho mejor de lo habitual en el caso de Portman, es desperdiciado por Gitai colocando las escenas siempre a contrapelo, de manera que el público nunca se interese demasiado por los protagonistas.

En fin, una pretenciosa y aburrida película, sólo recomendada para los que ya sabían que les iba a gustar, pues a este tipo de películas el público suele ir bastante motivado, y en algunos casos condicionado.

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