Ficha

País

USA

Año

2005

Título original

Stay

Duración

99min

Dirección

Marc Forster

Guión

David Benioff

Reparto

Ewan McGregor, Naomi Watts, Bob Hoskins, B.D. Wong, Ryan Gosling

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Crítica de Tránsito
Autor: malabesta
Fecha: 17/05/2006.
Póster Tránsito

Tránsito

Digerido por malabesta

"Tránsito" es una de esas películas que pertenece al género, tan en boga últimamente, de las que uno no entiende hasta los 5 minutos finales, por mucho que se esfuerce. Y claro, después de tanto esfuerzo, cuando llegado el final le explican la historia, inevitablemente se siente decepcionado. Al contrario que en "El sexto sentido", en el que Shyamalan hacía una película perfectamente comprensible, en la que se iban dejando sutiles pistas (que no afectaban casi en absoluto al desarrollo de la historia) y que al final cobraban sentido, en "Tránsito" desde un principio al espectador se le muestra abiertamente que el sin sentido que se desarrolla en pantalla es parte de un todo más complicado al que no tendrá acceso hasta el final. Algo así como ver el Plus sin decodificador. Pero sin la sugerencia de cuerpos desnudos jadeantes detrás de las rayas.

La película cuenta la historia de Sam (Ewan McGregor) un psicólogo que vive con una de sus pacientes, Lila (Naomi Watts), y cuyo nuevo caso es Henry (Ryan Gosling), un peculiar muchacho que rápidamente comienza a hacer gala de unas habilidades, como predecir el tiempo o no decirle a gritos a McGregor que los trajes de tweed y los calcetines por debajo del tobillo son una horrible combinación, y que comienzan a intrigar a Sam. Éste empieza a investigar la vida de Henry, y rápidamente el mundo a su alrededor comienza a complicarse, se desenfoca, se sale de cuadro parcialmente y a veces hasta rebobina un poco. Poco a poco Adam empieza a dudar de su identidad y de la realidad a su alrededor, a medida que la continuidad de la narración sale por la ventana y todo empieza a volverse cada vez más onírico. Los personajes van y vienen, las situaciones y escenas se repiten (tentado está uno de avisar al proyeccionista), los colores cambian... todo para mantener ese aura de "misterio" y "onirismo", pero que termina por hacer que no se entienda un pepino, hasta los malditos cinco minutos finales, en los que se pasa de la confusión al enfado. Por supuesto, el mensaje de la película es escaso, y aunque parece que David Benioff (guionista de ésta y de "Troya", que lo mismo te arregla un roto que un descosido) se ha basado en sus propias experiencias personales, a uno le queda la dudad de la cantidad de psicotrópicos que hay que ingerir para que tus experiencias personales estén rodadas con cámara al hombro y en tonos sepia.

Aunque se nota cierta mano a la hora de escribir, y los personajes más o menos tienen cierta consistencia, como sus tramas e historias personales son remeneadas, cortadas y barajadas sin mesura por la trama, es un poco complicado seguirlos, lo cual tampoco contribuye mucho a la comprensión general del producto. Quizá Benioff debió haber sospechado algo cuando, al a vista de las notas de producción de la película, tras leer el guión ninguno de los actores entendió un pepino. El por qué de que a pesar de ello aceptaron sus papeles está muy relacionado con la razón por la que mucha gente adorará "Tránsito" y tildará de asilvestrados a todos los que no la entiendan; al fin y al cabo, asumir que uno no entiende algo siempre conlleva el valor de ser más tonto que el que lo ha escrito. Además, a las narraciones tan inconexas y difusas como ésta les pasa un poco como a las caras de Bélmez, que uno ve lo que quiere en ellas.

La dirección cae bastante en el barroquismo, y rellena las escenas de aparatosos efectos visuales, un poco innecesarios, y que le dan a la película un aire de catálogo o muestrario. Quizá el rasgo más novedoso, aunque tampoco explotado con demasiado acierto, sean las transiciones entre planos. En lugar del clásico, y muy poco avant garde, corte de andar por casa, en "Tránsito" partes de la escenografía de una escena se unen con la escenografía de la siguiente, de manera que se da una idea de fluidez. Un espejo refleja a uno de los personajes que abre el siguiente plano, o el pomo de una puerta que se cierra es el mismo de otra que se abre en la siguiente escena, cosas así. Esto suena muy bien así explicado con bonitas palabras, pero una película de más de hora y media tiene muchas escenas, y unirlas todas así es un poco complicado, sin repetir el truco. Así que a veces hay que rebuscar un poco, y la cámara da volteretas por el escenario hasta enfocar un chicle que hay en el suelo que es igual a la mancha de nacimiento que tiene un doble de Gorbachov que pasea por la calle en la siguiente escena. Aunque supongo que la idea era darle fluidez al montaje, cuando hay que hacer estas revirivueltas, con el robo de tiempo que conllevan, tampoco es que mejore mucho.

Los actores están muy correctos, como corresponde a un reparto de este pedigrí. MacGregor muy contenido, Naomi Watts no aparece mucho tiempo y Ryan Gosling, aunque lo hace bastante bien, a veces sobreactúa un poco. Bob Hoskins también se pasa por allí, en un personaje relámpago que aún así resuelve bien.

En fin, una película que requiere demasiado esfuerzo para luego dar muy poco fruto. Recomendada sólo para quienes puedan resolver sudokus en la oscuridad.


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