Ficha

País

USA

Año

2006

Título original

The Da Vinci Code

Duración

149min

Dirección

Ron Howard

Guión

Akiva Goldsman

Reparto

Tom Hanks, Audrey Tautou, Paul Bettany, Ian McKellen, Alfred Molina, Jean Reno

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Crítica de El código Da Vinci
Autor: bronte
Fecha: 19/05/2006.
Póster El código Da Vinci

El código Da Vinci

Digerido por bronte

Aunque es comprensible, no debería enfadarse tanto la gente del Opus Dei. Al menos, sus miembros nacidos por estas latitudes. Gracias a ellos, los españoles pintamos algo en esta ocasión. Piénsenlo bien: la intriga más grande de la historia y, ¿quién está en pugna por ella, aunque sea en el papel de los malos? ¡Españoles! Yo estoy encantada de ver a compatriotas representados como sibilinos, sofisticados, poderosisímos e intrigantes malvados, antes del sempiterno estereotipo de pobretón blandiendo castañuelas o papelinas, véanse los muchos Arcángeles Montoya que pululan por ahí. Lamentablemente, esto es ficción: seguimos sin pintar nada en ningún sitio, no se engañen.

Y ahora voy a hacer otra revelación: yo me leí "El código Da Vinci" en su momento. Y aún diré mas, me pareció un libro divertido y entretenidísimo. La sorpresa llegó poco después, cuando empecé a ver en los escaparates de las librerías publicaciones sobre "Cómo descifrar los enigmas de El Código Da Vinci" o "Los misterios de El Código Da Vinci al descubierto". Pero... ¿qué misterios?, ¿qué enigmas había que descifrar? Lo que no era más que una obra de ficción, que hábilmente mezclaba datos históricos, curiosidades científicas y leyendas urbanas antiquísimas (y de todos bien conocidas), de pronto se había convertido en una tesis doctoral que había que creer a pies juntillas. No, señores, no. La trama de "El Código Da Vinci", ya es harto vieja, y la pueden encontrar en infinidad de libros muy anteriores al pelotazo de Dan Brown. El gran misterio a desvelar por "El Código Da Vinci" es el grado de formación de una sociedad que entra en estado de histeria ante la imposibilidad de distinguir una obra de ficción de un estudio científico.

Dicho esto, añadiré que la versión cinematográfica de Ron Howard es lo suficientemente mañosa como para trasladar una trama llena de datos y adivinanzas al medio de audiovisual de manera más que airosa. Quizás, si hubiera que reprochar algo al filme, puede que sea esa falta de humor que es evidente en el libro. Humor patente no porque haya "gags" propiamente dichos, sino por el tono festivo que utiliza el autor, quizás posiblemente consciente del grado de imaginación enfermiza que alcanza en algunas páginas. Aunque una imaginación brillante, eso nadie se lo puede negar. Que el protagonista lleve un reloj de Mickey Mouse, puede dar una idea del ambiente general que reina entre las líneas de "El Código Da Vinci". Sin embargo, Howard se lo ha tomado más que seriamente, y evita cualquier rasgo de humor en la historia, resintiéndose por lo tanto los climax y anticlimax. No es que no existan, es que el tono tiende más bien a una monocordia oscura y formal, que traiciona un tanto el espíritu original y le resta posibilidades a la cinta.

No obstante, no podemos olvidar que estamos ante la obra de un director muy competente y éste es capaz de construir una película muy entretenida, que a pesar de su larga duración, no aburre en ningún momento. Se sigue perfectamente, la trama es perfectamente comprensible, y por sus imágenes se pasean actores de la talla de Tom Hanks o Ian McKellen. Sin embargo, me dejarán que resalte a Paul Bettany, que en su papel del pobre monje albino Silas consigue dar a su persona el mayor fondo moral de toda la historia. Quizás más que en el libro, ya que en éste, la dimensión emocional de los personajes brilla por su ausencia. Y, en eso sí que han intentado los responsables de la película cargar un poco más las tintas, sobre todo con el minidiscurso final de Tom Hanks que viene a estar titulado algo así como: "¿Entendemos de una vez la naturaleza de la fe, o hay que explicarlo con un dibujito?".

El director y el guionista, Akiva Goldsman, se las arreglan para insertar los flashbacks de manera notable. El escritor, porque es capaz de sintetizar todo aquello que es importante prescindiendo de lo demás, e insertando la información en el momento preciso, y el director por el gusto con el que ha rodado estas analepsis, quizás lo mejor de todo un conjunto, ya de por sí reseñable. La textura de las imágenes del pasado, y el uso de las nuevas tecnologías a la hora de representar ciertos momentos claves de la historia, demuestran que en buenas manos, el efecterío puede dar resultados óptimos.

Finalmente, decir que Alfred Molina no da, ni de lejos, el tipo de sacerdote del Opus Dei, y que los morbosillos que vayan buscando autoflagelación y penitencia, están de enhorabuena. Si no se dejan influenciar en exceso por la crítica oficial, y si están dispuestos a disfrutar con un producto hecho únicamente para entretener, sin más pretensiones,  pasarán una buena tarde de cine. Recomendada para todos aquellos ilusos que también se han creído que los españoles podíamos llegar a estar alguna vez detrás de algo tan grande. Puntuacion