Ficha

País

China

Año

2005

Título original

Qing hong

Duración

119min

Dirección

Wang Xiaoshuai

Guión

Wang Xiaoshuai

Reparto

Gao Yuanyuan, Wang Xueyang, Yau Anlian, Li Bin, Qin Hao

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Crítica de Sueños de Shangai
Autor: malabesta
Fecha: 02/06/2006.
Póster Sueños de Shangai

Sueños de Shangai

Digerido por malabesta

Durante los años cincuenta, China, adoptando una de esas decisiones que sólo los gobiernos totalitarios pueden adoptar, decidió montar lo que llamaron una "tercera línea de defensa", repoblando las zonas más internas (y remotas) del país, montando industrias en ellas y alojando allí (con su cooperación o sin ella) a miles de obreros. "Sueños de Shangai" retoma la vida de estas gentes diez años después, cuando tras mucho tiempo viviendo en la parte más pobre y aislada de China, los ideales empiezan a flaquear y muchos de los obreros piensan en volver. El mayor mérito de la cinta, además de su paso por Cannes, es haber vencido en el largo pulso que su director mantenía con la censura China, que ha llegado a impedirle rodar retirándole toda fuente de financiación (en China todo es subvención, el paraíso) y que ahora distribuirá a nivel nacional "Sueños de Shangai", como un gesto de apertura (aunque se rumorea que antes de su estreno pasará por las tijeras del partido).

Esa es la situación para Qinghong (Gao Yuanyuan), una chica de diecinueve años que ha pasado la mayoría de su vida en el campo, y su familia, encabezada por Laowu (Yan Anlian), el dominante patriarca cuya aspiración es darle un futuro a sus hijos en Shangai, y evitar que vivan la vida miserable que les ha tocado a él y su mujer. Para ello ha de vencer tanto la oposición de los dirigentes de la fábrica (y del partido) que no están por la labor como la reticencia de la propia Qinghong, para la que volver a la ciudad supone dejar de lado a sus amigos y a su primer amor. Laowu por supuesto se opone a este amor, de una manera un poco drástica, principalmente quizá porque sabe que tarde o temprano dejarán el pueblo y aún será peor para su hija, pero también debido a su personalidad tremendamente dominante y a su educación un tanto tradicional, sobre todo en contraste con la que su sobrina (y mejor amiga de Qinghong) recibe, una chica un tanto más casquivana y alegre.

La historia es un drama en el que todos sufren. Sufre el padre, sufre la hija, sufre el espectador. El guión es demasiado lento, no sólo porque el ritmo lo es, sino porque además nunca llega a centrarse del todo en la historia que tiene delante, y se explaya demasiado en tramas laterales como la de los amores de la prima de Qinghong, que durante más de media hora sustituye por completo a la trama principal. Esto aleja bastante a los espectadores de la dualidad padre/hija, que se supone el eje motor de la película. También se echa un poco de menos una puesta en situación un poco más amplia, pues el público occidental no familiarizado con la dinámica laboral y política del país chino probablemente no llegue a entender del todo bien qué o quién les impiden volver, y por qué es tan importante una fábrica perdida en el medio del monte.


Wang Xiaoshuai es una persona que disfruta rodando, y eso es evidente viendo cómo alarga sin freno todos los planos de su película, retratando de manera fiel pero excesiva el opresivo y miserable (tanto económicamente como personalmente) ambiente en el que se mueven los personajes. Todo está visto desde esta óptica decadente, y los preciosos y artificiales paisajes de colores llamativos tan propios del cine chino aquí son sustituidos por tonos grises, yermos y lluvia opresiva. Esta recreación del ambiente es muy funcional, y transmite sin duda la desesperación de los personajes (sin duda compartida en parte por el espectador, desesperado porque acabe la película); junto con una recreación impecable de la época son las dos principales bazas de la película.

Aunque también es cierto que tanto esfuerzo recreativo hace que Xiaoshuai se pierda un poco en el costumbrismo y tanto se empeñe en incluir anécdotas (el fue uno de esos niños criados en la "tercera línea de defensa") y momentos típicos de la época y el lugar que, sin aportar nada a la historia, sí que alargan el metraje.

Los actores se mantienen en un naturalismo un poco alejado de lo que parece ser el main stream chino, pero en general son bastante solventes. En especial Yau Anlian, el padre, que encarna a la perfección ese hombre amargado y autoritario que odia su vida.

En fin, un deprimente drama, demasiado espeso, que quizá quede un poco lejos al público occidental. Recomendada sólo para esos que necesitan un último empujoncito para terminar con todo.

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