Ficha

País

UK, USA, Alemania, China

Año

2005

Título original

The white countess

Duración

138min

Dirección

James Ivory

Guión

Kazuo Ishiguro

Reparto

Ralph Fiennes, Natasha Richardson, Vanessa Redgrave, Lynn Redgrave, Hiroyuki Sanada

Enlaces

Externos

Críticas

por autor

por título

# A B C D E F G H
I J K L M N O P Q
R S T U V W X Y Z
Crítica de La condesa rusa
Autor: malabesta
Fecha: 07/06/2006.
Póster La condesa rusa

La condesa rusa

Digerido por malabesta

"La condesa rusa" supone la última cooperación en vida del dúo Merchant/Ivory, productor y director que, aunque no han llegado a alcanzar tanta fama como otros equipos creativos estilo ZAZ, los hermanos Coen o Pajares y Esteso, han dejado películas como "Lo que queda del día", "Regreso a Howard's End" o "Le divorce". Viendo la lista, cualquiera puede adivinar que la que nos viene a mano, testamento de Ismail Merchant, de mucha risa, de mucha risa no es.

"La condesa rusa" se centra en la vida de Mr. Jackson (Ralph Fiennes), un ex-diplomático americano ciego, que purga su amargura vital en la vida nocturna del Shangai de principios de los treinta. Allí conoce a Matsuda (Hiroyuki Sanada), político japonés trabajando en la ciudad, y con él acude al club donde Sofia Belynska (Natasha Richardson) se gana la vida como puede. Sofia es una condesa rusa que ha huido de su país tras la revolución bolchevique. Malvive en Shangai alimentando a la familia de su marido y a su hija Katya (Madeleine Daly) a costa de su orgullo y su moral, a la vez que soporta el continuo juicio moral de sus parientes, que desprecian su modo de vida pero bien que se alegran con el dinero que trae a casa. Jackson ve en Sofia a la mujer que estaba buscando para realizar su sueño, montar un nightclub; así lo hace y ambos, que comparten trágicos pasados, comienzan a aproximarse, a medida que la inminente invasión japonesa se acerca a la ciudad.

El guión de Kazuo Ishiguro (famoso novelista, autor de "Lo que queda del día") atrapa perfectamente, como suele ser habitual en el autor, el momento histórico de la película, reproduciendo con esmero ambientes y personajes. Sus protagonistas, así como el club en el que trabajan, representan ese pasado de oropel y lentejuelas, nobleza y sombreros de copa, que se iba a ir al traste con las sucesivas revoluciones comunistas y la posterior guerra mundial. Ishiguro parece tener cierto gusto tanto por la época (probablemente debido a que, aunque británico de crianza, él es originario de Nagasaki) como por los personajes retraídos, decadentes e indecisos sumergidos en un mundo que está cambiando demasiado rápido y que definitivamente no es el suyo. Algo así como Íñigo en "La isla de los famosos". Los de "La condesa rusa" están perfectamente construidos y rellenos, pero todo el esfuerzo de Ishiguro se va al traste debido tanto a su incapacidad para imprimirle cierto ritmo al guión, por no decir interés, como por la de James Ivory de corregir estas carencias, además de añadir las suyas propias.

La película es sumamente lenta y redundante. Para mostrarnos que Mr. Jackson es ciego no basta ponerlo caminando con un bastón y mirando al techo continuamente, sino que ha de chocar contra una planta. Y contra una columna. Y contra la gente. Y contra su coche. Para que nos demos cuenta del drama vital de Sofia, una noble metida a prostituta (más o menos) no basta con que un antiguo compañero de juegos, ahora repartidor de cerveza, la reconozca y hablen de los viejos tiempos con lágrimas en los ojos. No. Ivory ha de mostrarlos jugando un partido de tenis en el jardín de un palacio. Con cinco sets y tie breaks incluidos. En general la película se pierde en flashbacks innecesarios, porque entre otras cosas para dar cuenta de estas escenas explicativas, los actores se bastan y se sobran, y en general tanta explicitud mella un poco su trabajo.

Natasha Richardson y su familia (en la realidad y la ficción: Vanessa Redgrave y Lynn Redgrave son su madre y su tía) cumplen de sobra, incluso con la difícil tarea de dotar a sus personajes del abatimiento propio de saberse exiliados y extintos, mientras que Fiennes asume perfectamente el papel del hombre que lo ha perdido todo, invirtió en diamantes y subió el oro, y su mujer se ha ido con su mejor amigo, como decía el anuncio. Su interpretación sabe darle vida a su personaje, y transmite toda la tragedia de su pasado sin necesidad de tanto flashback y vuelta atrás, con las que Ivory ataca al público igualmente. Lástima que la ceguera de su personaje termine por venirle un poco grande, haciendo que el conjunto tenga momentos un tanto artificiales, ayudados por la a veces pésima dirección de actores; Ivory no tiene ningún tipo de problemas a la hora de colocar a sus personajes en las situaciones más ridículas.

En fin, un drama que pudo haber sido mucho mejor de lo que es, pero que termina por resultar algo aburrido. Recomendada para gente con interés en el Shangai previo a la Segunda Guerra Mundial. Pero mucho, mucho interés.

Puntuacion