Ficha

País

USA

Año

2005

Título original

Grizzly man

Duración

103min

Dirección

Werner Herzog

Guión

Werner Herzog

Reparto

Timothy Treadwell y muchos osos, zorros y un abejorro. Gente.

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Crítica de Grizzly man
Autor: bronte
Fecha: 31/07/2006.
Póster Grizzly man

Grizzly man

Digerido por bronte

“Grizzly man” es la última entrega del cineasta alemán Werner Herzog. Un documental prestado, que tira de las imágenes rodadas por el propio Timothy Treadwell para narrar su vida entre osos. Y su muerte. Treadwell, un hombre al parecer sin oficio ni beneficio claro, tras una serie de experiencias negativas en su existencia, tales como una sobredosis y que no le contrataran para el papel de camarero en “Cheers” prefiriendo en su lugar a Woody Harrelson, descubrió 13 años antes de su muerte, que su misión en la vida era defender a los osos pardos de Alaska.

La primera pregunta que se nos viene a la cabeza es ¿defenderlos de qué o de quién? Las entrevistas a los biólogos y expertos en el tema que Herzog incluye en el filme dejan bien claro que la población plantígrada de Alaska es muy estable y abundante, con la práctica inexistencia de la caza furtiva o de otros factores que pudieran amenzarla. Por otro lado, otro de los estudiosos afirma que con su estancia en las praderas cada verano, Treadwell perjudicó más que benefició a los osos al transmitir la imagen de que los humanos eran inofensivos.

Lo cierto es que el protagonista de este documental tenía un no sé qué de mesiánico, y por qué no decirlo, claros problemas de estabilidad mental, evidentes en la cantidad de veces que le dice a todo bicho viviente (y nunca mejor dicho) "te amo". Un egocentrismo desmedido hace que se filmara a sí mismo durante horas, como si de un presentador de “Sésame National Geographic” se tratara. Secuencias de tal teatralidad que dejarían en evidencia a las grandes figuras de la ficción televisiva española. Pero no sólo eso, en el documental podemos verle implorando a Dios que llueva a gritos, podemos verle diciéndole a un abejorro que lo ama, o podemos verle tocando las recién depositadas heces de una osa en virtud de que “hace nada estaban dentro de ella, y esto es la vida”.

Los personajes invitados para este filme, amigos, expertos, familiares, parecen todos sacados de una prueba de casting para “Pasión de gavilanes”. Cuesta tanto creer que sean ellos, y que lo que están diciendo sea verdad... Como muestra un botón: uno de los pilotos que participó en la misión de recogida de los restos llega a decir “Yo creo que los osos no le atacaron durante tantos años porque lo consideraban retrasado mental”. Entiedan que es difícil reprimir la risotada cuando se está asistiendo a un espectáculo surrealista donde cuesta mucho aceptar que todo lo que se ve es cierto.

Sin embargo, a través de las hermosas imágenes tomadas por Treadwell, a través de sus experiencias, de sus disquisiciones internas a veces absurdas, pero otras veces llenas de significado profundo, el espectador acaba empatizando con un ser absolutamente estrambótico, infantil y extraordinario, que en su afán por defender a los osos pardos consiguió que de manera cruel y despiadada se lo comieran a él y a su novia.

Recomendada para gente que ama “El hombre y la tierra” de Félix Rodríguez de la Fuente.

 
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