Ficha

País

Canadá

Año

2005

Título original

C.R.A.Z.Y.

Duración

127min

Dirección

Jean-Marc Vallée

Guión

Jean-Marc Vallée, François Boulay

Reparto

Michel Côté, Danielle Proulx, Marc-André Grondin, Émile Vallée

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Crítica de C.R.A.Z.Y.
Autor: malabesta
Fecha: 13/08/2006.
Póster C.R.A.Z.Y.

C.R.A.Z.Y.

Digerido por malabesta

Lo primero que a uno se le pasa por la cabeza cuando se pone a ver  "C.R.A.Z.Y." es preguntarse quién ha sido el francés que ha decidido montar una película alrededor de ese extraño concepto, sólo claro en Europa, que es el de la "típica familia americana". Poco a poco uno se da cuenta de que ni francesa ni estadounidense, sino que la cosa se queda en el punto medio: Canadá.

La película cuenta la historia de la familia Beaulieu, centrada sobre su hijo casi menor Zacharias (Émile Vallée , hijo del director, de niño y Marc-André Grondin de adolescente), que ostenta el título hasta que nace Yvan (Gabriel Lalancette). Por encima de él están Christian (Maxime Tremblay), Raymond (Pierre-Luc Brillant) y Antoine (Alex Gravel). Todos ellos viven bajo la protección materna de Laurianne (Danielle Proulx) y la presencia de Gervais (Michel Côté), el padre clásico: bruto e insensible pero de buen corazón. A grandes rasgos, cada uno de los hijos representa un arquetipo social: Christian es un joven rebelde, tatuado y con tendencias delictivas que triunfa con las mujeres, Raymond es el hijo inteligente que siempre está leyendo y lleva gafas, Antoine triunfa en los deportes y es de higiene descuidada, Zacharias es el protagonista, y como tal, es el único con personalidad realmente definida; es sensible, introvertido y además como comparte cumpleaños con Jesús, puede sanar a los enfermos. Pero lo que mueve la trama no es, por curioso que parezca, su milagrería, sino más bien sus tendencias sexuales, no demasiado claras. Yvan, por ser el último, se quedó sin personalidad y sin minutos de metraje, y todo lo que sabemos de él es que está gordo.

Aunque la película tiene un desarrollo claro, basado en los enfrentamientos padre/hijo, el uno que quiere criar a un machote y el otro que sólo quiere vivir tranquilo consigo mismo, y el guión tiene un principio y un final claramente diferenciados, es complicado ver cómo se va de un lado a otro. La mayor parte del tiempo los personajes actúan de una manera un tanto incomprensible para el espectador. Además, la película está estructurada alrededor de pequeños eventos cotidianos que no terminan de estar conectados entre ellos, haciendo más difícil la labor de hilar todo junto. Así, a la vuelta de una esquina, uno se encuentra que la mitad del reparto ya se afeita, alguno se ha ido de casa y el padre no le habla a la otra mitad, y no hay manera de saber por qué. Hasta que entra en escena el recurso de los pobres: la voz en off, en este caso del protagonista, que nos relata parte de los eventos que el director no ha tenido a bien en mostrar.

La dirección de Jean-Marc Vallée se sitúa a medio camino entre "Casi famosos" de Cameron Crowe y una experiencia alucinógeno-musical de los sesenta. Supuestamente la música es parte importante de la trama, a juzgar por los seiscientos mil dólares canadienses (así a ojo unos cuatrocientos mil euros) que se invirtieron en pagar derechos (y eso que no andaba la SGAE de por medio) para poder contar con las canciones originales de Bowie, Pink Floyd, Aznavour, etc. que se supone definen a los personajes/momentos/etc. Lejos de añadir algo al desarrollo de la película, más bien hacen que Vallée se pierda en una especie de trance post-Woodstock, y la película está trufada de imágenes psicodélicas, fantasías de los personajes, sueños y todo tipo de desviaciones de la realidad que añaden confusión al ya de por sí ruidoso asunto.

La película pasa de las dos horas, y aunque las tramas y temas que maneja (homosexualidad, drogas, familia) son interesantes, uno no termina de engancharse a la historia, principalmente porque no puede, y esas dos horas en muchos momentos parece que se convierten en dos días.

Los actores se dividen en dos grupos: el senior, formado por Michel Côté y Danielle Proulx, padre y madre, que con esto de que llevan en el negocio unos cuantos años saben bastante lo que hacen, y el júnior, con Marc-André Grondin y Maxime Tremblay a la cabeza, que basan toda su actuación casi exclusivamente en aparecer muy bien caracterizados en pantalla, y no mover demasiado la cara, y en fumar mucho y con mucho estilo, eso sí.

En fin, una película un tanto aburrida, aunque retiene cierto interés, que junto a la banda sonora, pues ayuda un poco a pasar el trago. Recomendada para todos nuestros lectores monolingües en francés.

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