Ficha

País

Argentina

Año

2005

Título original

Un minuto de silencio

Duración

90min

Dirección

Roberto Maiocco

Guión

Roberto Maiocco

Reparto

Eduardo Blanco, Alejandra Darín, Antonio Dechent, Paula Molinari, Nicolás Condito, Luis Margani

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Crítica de Un minuto de silencio
Autor: malabesta
Fecha: 15/08/2006.
Póster Un minuto de silencio

Un minuto de silencio

Digerido por malabesta

Que Eduardo Blanco tiene un cierto aire con Roberto Benigni es algo que no se puede negar, y de eso parece que se aprovecha Roberto Maiocco, director de "Un minuto de silencio", para ver si se marca un "La vida es besha, viste" así como quien no quiere la cosa.

Aunque un poco menos dramática que la italiana, "Un minuto de silencio" discurre por los mismos cauces. Ernesto (Eduardo Blanco) es un obrero de una metalúrgica casado con Amanda (Alejandra Darín) y con dos hijos, Clarita (Paula Molinari) y Juan (Nicolás Condito). Con la llegada de la gran crisis argentina, se queda sin trabajo, y con el derrumbe general de la sociedad, sin indemnización por despido. Así que él y su familia se ven obligados a trasladarse a una chabola, y a sobrevivir en unas condiciones muy próximas a la misera absoluta. Pero la película quiere hacernos creer que lo importante no es esto, sino la filosofía con la que Ernesto se enfrenta a la crisis. Mantiene su sonrisa y la de los suyos, y capea los envites de la vida con imaginación, inventando juegos que alejen a sus hijos del mundo que los rodea, convirtiendo el empeño de la tele en una aventura... en definitiva, como lo haría Benigni, vamos.

Pero es que además, Ernesto es un payaso frustrado. Dejó el mundo del circo y se metió en la factoría a petición de su padre, y ahora en medio de la crisis, le vuelve el gusanillo. Y hete aquí que nos encontramos con la enésima defensa de los payasos como reivindicadores y expositores de las injusticias sociales, como defensores de los marginados y desfacedores de entuertos. Me pregunto yo qué haríamos sin payasos que conduzcan autobuses, se vayan de reporteros a zonas de conflicto o te quiten la muelas del juicio cuando se ponen puñeteras. La cosa no sería demasiado grave de no ser porque los gags con los que Ernesto entretiene a sus clientes ocupan unos veinte minutos de la segunda mitad de la película y, créanme, que para eso me la he visto, no tienen ni pizca de gracia. No sé si es intencionado o no, pero el humor pseudo-político que lucen tiene tanta gracia como una punción lumbar, y subrayado por unas risas en lata, llega a alcanzar el patetismo.

A nivel técnico la película se funde con la realidad que narra, no sé si de manera intencionada o por una cuestión de falta de medios. Está completamente rodada en cámara digital, totalmente en exteriores y usando una iluminación que si no es natural, no es más artificial que una bombilla de 40W. Todo ello le da un aire muy real a todo, pero hay momentos en los que tanta carencia técnica se traduce en que no se ve un pepino si es de noche, o no se entiende muy bien cómo los personajes pasan de un lado a otro sin una escena de transición (que cuesta dinero) entre medias.

Los actores están al buen nivel que suelen exhibir los profesionales argentinos; Eduardo Blanco, exceptuando sus incursiones en el mundo del payaserío, luce una notable encarnación del obrero de clase media venido a menos, su mujer Alejandra Darín es sin duda la mejor de la película, y los únicos que desentonan un poco porque parecen sacados de un anuncio de leche son sus hijos, aunque teniendo en cuenta sus edades tampoco es para ponerse exigente. También se pasea por la película Antonio Dechent, interpretando a un cura cuyo papel en la historia no queda demasiado claro, pero que desde luego bien podría ganarse el apodo de Padre Cartón (aunque se llama Padre Puertas, que por ahí le anda) por lo muy expresivo que es.

En fin, una tragicomedia un tanto facilona, que pretende esconder la denuncia en un envoltorio de risa. Recomendada para gente con picores en la nariz.



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