Ficha

País

USA

Año

2006

Título original

Talladega nights: The ballad of Ricky Bobby

Duración

105min

Dirección

Adam McKay

Guión

Will Ferrell, Adam McKay

Reparto

Will Ferrell, John C. Reilly, Sascha Baron Cohen, Gary Cole, Michael Clarke Duncan, Leslie Bibb

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Crítica de Pasado de vueltas
Autor: malabesta
Fecha: 22/08/2006.
Póster Pasado de vueltas

Pasado de vueltas

Digerido por malabesta

Por muy raro que nos parezca a nosotros, los europeos, debe de haber algo interesante en eso de la NASCAR, a juzgar por la profusión de películas que genera. No bien salimos de "Cars (Coches)" que ya está entrando por la puerta "Pasado de vueltas", pero todo sobre el mismo tema. Y eso que por mucho que me esfuerzo,a mí eso de cuarenta coches dando doscientas vueltas a un circuito ovalado me sigue recordando a los caballitos.

En fin, en este caso, el ambiente de la NASCAR permite contemplar a Will Ferrell y Adam McKay, pareja de baile desde sus tiempos de "Saturday Night Live", y ya vistos en "El reportero: La leyenda de Ron Burgundy"; la verdad es que aunque, al menos a mi modo de ver, el humor de la película no es del todo brillante, hay que reconocer que ambos tienen una capacidad para la parodia, más que inteligente, meditada, en la que exponen una cierta categoría de tipos y arquetipos, tanto 7 personales como el "all-american winner" que es el protagonista Ricky Bobby (Will Ferrell) o fílmicos, como la típica película de deportes que intenta ser "Pasado de vueltas".

Comienza la historia describiendo los humildes orígenes de Ricky Bobby, que nace en un coche a más de ciento ochenta kilómetros por hora, es abandonado por su padre Reese (Gary Cole), y desde pequeño junto con su amigo Cal (John C. Reilly) no hace otra cosa que intentar correr. Cuando, trabajando ambos como mecánicos en el peor equipo de la NASCAR, les llega su oportunidad, (el piloto oficial se va a tomar un sándwich, convencido de la derrota) Bobby la aprovecha: se monta en el coche, queda tercero, se casa, comienza su carrera profesional, triunfa, consigue un coche para su amigo Cal, sigue triunfando y domina la NASCAR durante años. Todo ello en diez minutos de metraje. Para terminar con su reinado, aparece Jean Girrard (Sascha Baron Cohen), ex-piloto de fórmula uno, francés, gay y culto: el antagonista perfecto. Él provocará que Bobby pierda el norte, baje a los infiernos y que tenga que replantearse su filosofía vital de ganar a cualquier precio, descubra el verdadero amor, valore a sus amigos, etc. etc...

Ricky Bobby no es más que una exageración del americano medio (especialmente visto desde aquí): es sumamente inculto, homófobo, xenófobo, maleducado y obsesionado con el triunfo, que es medida de todas las cosas, y a través de él Ferrell y McKay se burlan de todo lo que hay en su tierra: ignorancia (los hijos de Bobby le gritan a Gerrard que se vuelva a Indonesia), comercialismo disparado (Bobby tiene un contrato que le obliga a mencionar la bebida Gatorade mientras bendice la mesa), etc. Esto es lo que nos gustaría ver mucho más en nuestros cineastas, es decir, que se burlasen de sí mismos, no de los americanos, que eso ya les sale muy bien. 

Pero a su vez Gerrard es un reflejo burlesco de la Europa que parece que somos: siempre mira a la gente desde arriba, es tremendamente rimbombante y con unos modales ridículos y además, a pesar de hacer gala constante de lo amplio de su cultura, no pasa de ser un pobre tonto: "¿Pero qué habéis inventado los americanos?" le pregunta a Ricky Bobby él, que es piloto de NASCAR. Más tarde interpondrá: "¡Los franceses hemos inventado la democracia, el existencialismo y el ménage à trois!", digan lo que digan los griegos y Kierkegaard (lo del ménage à trois lo tengo por confirmar, pero a mí me da que los romanos de eso algo ya sabían). Claro que para coger estas finas ironías, y recordemos que la película es el típico producto descerebrado americano, de coches y aún por encima con chistes de tetas y culos, hay que haber terminado el instituto sin haber cambiado Filosofía y Geografía e Historia (y además atendiendo en clase) por Bádminton y Vivendo en Sociedad Todos Somos Amigos, por lo que, junto con el hecho de que con el Marca no regalan el suplemento de "Grandes pensadores de la historia y sus deportes preferidos", gran parte del público español no se enterará de mucho.

La dirección de Adam McKay no es excesivamente brillante, y básicamente es un batiburillo de estilos, desde lo más magnificente y espectacular al documental más chapucero con la cámara temblando, todo intentando subrayar los momentos dramáticos de su película. En la ímproba labor de intentar que las carreras sean emocionantes está el director de fotografía Oliver Wood, curtido en las mil batallas de la acción con "Face Off" y "El mito Bourne", con lo cual todo está rodado con planos imposibles, con travellings que atraviesan los coches, pasan por debajo de ellos y hacen cabriolas en el aire, todo con mucho dale que te pego al ordenador, pero que tampoco consigue aguantar las carreras, que inevitablemente se hacen largas.

En fin, una película que, aunque se queda a medio gas, tiene su gracia. Recomendada para taxistas en general.
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