Ficha

País

USA

Año

1991

Título original

Dead again

Duración

107min

Dirección

Kenneth Branagh

Guión

Scott Frank

Reparto

Kenneth Branagh, Emma Thompson, Derek Jacobi, Andy García, Robin Williams, Hanna Schygulla, Campbell Scott

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Crítica de Morir todavía
Autor: bronte
Fecha: 11/09/2006.
Póster Morir todavía

Morir todavía

Digerido por bronte

Efectivamente cuesta entender por qué "Dead again" se tradujo al español por "Morir todavia", expresión carente de cualquier tipo de significado. ¿Tanto habría costado decidirse por un "Muerto de nuevo" o un "Morir otra vez"? Parece que sí. El traductor quiso dejar huella de su genialidad con un título incomprensible que puede llevar al espectador a la idea de que la película es un biografía de Sofía Mazagatos. Pero no, "Morir todavía" es una película de género, en la que la entonces bisoñez de Kenneth Branagh como director no afea el conjunto.

La historia de "Morir todavía" tiene enjundia. Fue un guión rechazado por numerosos director por motivo del espinoso tema que funciona como motor en la trama: la reencarnación. La mayoría de los nombre consagrados no veían nada claro que en una película de asesinatos, detectives, y en general, género negro, se pudiese tirar de la reencarnación sin que aquello perdiera seriedad. Y eso que el guión es bueno. Su autor, Frank Scott, ha demostrado posteriormente en numerosas ocasiones que es un escritor de talento, y para probarlo ahí están "Minority Report" o "La intérprete", aparte de ser uno de los responsables de aquella serie que gustaba tanto "Aquellos maravillosos años". Pero claro, en la tierra de la cienciología, lo de la reencarnación no acababa de cuajar.

Tuvo que ser un británico, con sólo una película a sus espaldas y un bagaje tan poco adecuado para la misión como una trayectoria shakespeariana, el que diese un paso al frente. Kenneth Branagh no sólo la tomaba con un género primordialmente americano, aunque con una fuerte influencia de las temáticas hitchcockianas, sino que además con esa egolatría tan típica de los buenos actores de teatro, se ponía a sí mismo de protagonista, cosa que hace bastante a menudo. De protagonista femenina colocaba a la su entonces esposa Emma Thompson, que señoras y señores, seamos serios, bella lo que se dice bella no es. Y este comentario viene a raíz de todas esas voces que dicen que en este filme esta hermosísima. Pues no. Está como es ella, y no hay más vueltas que darle. Lo de buena actriz es otro cantar. Buena actriz lo es, pero sinceramente, si miramos dentro de nuestros corazones, y somos honestos con nosotros mismos, quizás admitamos que una historia de este corte, con sus decorados de los años cuarenta, sus trajes de lamé, y sus tremendas mansiones de Hollywood Hill, quizás hubiera pedido otro aspecto. Algo más glamouroso. Kenneth Branagh en principio tampoco da el perfil de detective californiano, pero la hábil construcción de su personaje, en parte vulnerable, en parte gracioso, hace que el espectador lo lleve con donaire.

En esta película la trama se divide en dos períodos. Los años cuarenta y la actualidad. La aparición de una mujer amnésica hace que Mike Church, detective buscador de herederos, se adentre en una historia ocurrida hace cincuenta años. La de un compositor de ópera que asesinó a su mujer, famosa pianista, y nada más y nada menos que con unas tijeras. A partir de ahí se trata de resolver el misterio de quién es la mujer amnésica, y de paso, descubrir cómo ocurrió realmente aquel asesinato musical. Lo bueno del excelente guión no es sólo que funcione como una pieza de relojería, sino que además lo hace en numerosas ocasiones a través del humor. Una de esas películas en las que todos parecen culpables, y en las que conviene no perderse nada, porque tanto el guionista como el director están dando pistas a través de todo el metraje. Si aún así es usted de los que se distraen con el vuelo de una mosca, no hay pérdida: todo queda claro en un gran climax final.

Porque esa es otra. La película inteligentemente toma distancia con respecto a sí misma, y no tiene reparos en utilizar todos los clichés del género sin llegar a la parodia. Si estamos en una escena de miedo, la música da miedo; si hay que presentar los edificios, todos aparecen contrapicados. Hasta los flash-backs están en blanco y negro, aunque ésta fuera una decisión tomada en post-producción. Y es que como decía antes, la historia en sí recuerda mucho al primer Hitchcock, pero sobre la manufactura planea la rechoncha sombra del mago del suspense en su última etapa. Convendría comparar "La trama" con este "Morir todavía", para encontrar las concomitancias entre los dos filmes, que no son pocas. Los actores protagonistas están muy en su línea (aunque parezca que su línea pega más en otro tipo de cinta), y en esta ocasión acompañados por gigantes de la interpretación como Derek Jacobi, cuya presencia en este filme interpretando al personaje que interpreta es un chiste en sí misma que no desvelaré (pero que tiene que ver con su creación más conocida), Robin Williams, anticipando "Insomnio", Wayne Knight, famoso por su participación en "Seinfeld" y Andy García, haciendo publicidad anti-tabaco.

Lo más curioso de "Morir todavía" es que pese a al blanco y negro, a sus contraluces, contrapicados, a sus fanfarrias, nunca llega a perder cierto regusto de serie B o telefílmico, lo que no hace que desmerezca el conjunto. Y eso sin que falten algunas marcas típicas de su director como ese detallito tan poco glamouroso de congelar los besos. "Morir todavía" es una de esas películas de sesión de sábado por la tarde. Una trama que capta la atención del espectador, que hace que éste empatice con los protagonistas, que se asusta cuando aparecen los malos, y que quiere que ganen los buenos. No es una obra maestra, pero reporta un muy buen rato.

Recomendada para los amantes de las tijeras.
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