Ficha

País

USA

Año

2005

Título original

Edison

Duración

97min

Dirección

David Burke

Guión

David Burke

Reparto

Morgan Freeman, Kevin Spacey, Cary Elwes, Pepper Perabo, Justin Timberlake, Dylan McDermott, LL Cool J

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Crítica de Ciudad sin ley (Edison)
Autor: bronte
Fecha: 12/09/2006.
Póster Ciudad sin ley (Edison)

Ciudad sin ley (Edison)

Digerido por bronte

Vaya desatino. Otro ejemplo claro de cómo una buena historia, o por lo menos una historia pasable, o menos aún, una historia clásica, puede acabar en el desastre a merced de un guionista que mejor hiciera en poner unos billares. Añádanle que el guionista es además el director, y que tiene, visto lo visto, poca idea de hacer cine. El resultado es una acogida nefanda por parte del público, y un malestar general en ésta que aquí les escribe.

Edison es una ciudad en la que opera la FRAT, que no FRAP, un grupo policial de élite que son como Juan Palomo. Que ellos se lo guisan y ellos se lo comen. Lo que requisa la FRAT para la FRAT se queda, dinero, drogas lo que esa, y en resumidas cuentas, es un grupo paralelo a las fuerzas del orden que hace de su capa un sayo. La cosa se complica cuando van a requisar droga para hacer sus trapicheos a dos pringados, matan a uno, culpan al otro del asesinato, y en el juicio, el único miembro decente de la FRAT testifica a favor del camello para que la cosa quede como si hubiera sido un homicidio en defensa propia. El pobre maleante le da las gracias al policía, y hete aquí, que Justin Timberlake, que interpreta a un "wannabe" periodista, se da cuenta de ese "gracias" y empieza a tirar del hilo.

A partir de aquí, se va desgranando pero que muy torpemente que Edison está dominada por la FRAT, siendo la ciudad una especie de estado fascista donde ese grupo es el dueño de todo. Pero no sólo en plan callejero, qué va. Es que además son los dueños de los tribunales, los políticos, las mayores empresas, y de las mejores fundaciones. Esto en principio parece interesante. Cuántas veces somos testigos de cómo holdings se hacen con el poder en un país, y lo dominan desde todos los puntos de vista, sin que nadie pueda hacer nada.

Pero claro, esto sería bien explicado y bien escrito. Lo cierto es que por un lado tenemos a Timberlake, que más valiera que se dedicara a descubrir pechos, intentando convertirse en un periodista de esos que escasamente hay en España. De esos que contrastan las fuentes, y sirven a la verdad, y tal y tal. Para tal empeño cuenta con la ayuda inestimable de Morgan Freeman, un viejo reportero ganador de Pulitzer, que ahora se dedica a dirigir una hoja parroquial. Esto ya escama rato largo, pero bueno. Lo que es insoportable son los diálogos del pobre Freeman con Timberlake, básicamente porque intentan ser tan lapidarios y tan "supercool" que no se entienden. Son como mensajes en clave dirigidos a los amigos del director. El público de a pie se quedará en infinidad de ocasiones in albis.

No quisiera que por este último comentario se derivara que el resto de los diálogos son buenos. Muy al contrario, son igualmente de ininteligibles y supuestamente lapidarios. Pero eso es para hacer juego con las relaciones entre los personajes, todas ellas incomprensibles. Al igual que la estructura política de esa ciudad dentro del país. Vaya, que nada se sostiene de ninguna manera. Tal y como está explicado en la película la FRAT no duraría ni tres días, especialmente porque está compuesta por cuatro pelagatos, otro detalle delirante, y en segundo lugar, porque si la FRAT fuera tan poderosa como el director intenta hacernos creer, el periodista, su jefe, el poli bueno, y Kevin Spacey estaban muertos desde la primera toma, en vez de dedicarse a tomar horchata por las terrazas durante todo el metraje.

El papel de Kevin Spacey es caso aparte. Yo creo que con este filme, ya sí que se ha ganado definitivamente el sobrenombre de "El señor de las pelucas". "El señor de las pelucas" es el mejor detective de Edison, la mano derecha del fiscal, del que luego se sabrá que también es corrupto. Pero Kevin no se entera de que su jefe también está pringado hasta el final del metraje. Pobre Kevin. Se nos llenan los ojos de lágrimas. Inútil seguir explicando todos los despropósitos del filme. Lo que sí puedo añadir es la extrañeza que causa ver un reparto con nombres como Freeman, Spacey, o McDermott, en algo tan sin pies ni cabeza. Los actores, pobres ellos, hacen lo que pueden con lo que les han dado. Pero la culpa es suya por implicarse en este proyecto, que nadie les obligó.

Como, insisto, el guionista es el mismo señor que el director, no cabe esperar mejor comentario en el tema de la dirección. La película entera parece una escultura de Chillida, todo oxidado y marrón y aparte de avanzar discontínuamente, que no hay manera humana de seguir la trama, está mal montada y de vez en cuando se permite horteradas tipo "divido de pantalla y muevo las secciones como si fuera el tangram". Película de clamar al cielo.

Recomendada para el inventor de la bombilla.
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