Ficha

País

España

Año

2006

Título original

La noche de los girasoles

Duración

100min

Dirección

Jorge Sánchez-Cabezudo

Guión

Jorge Sánchez-Cabezudo

Reparto

Carmelo Gómez, Judith Diakhate, Celso Bugallo, Manuel Morón, Mariano Alameda, Vicente Romero, Cesáreo Estébanez

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Crítica de La noche de los girasoles
Autor: bronte
Fecha: 19/09/2006.
Póster La noche de los girasoles

La noche de los girasoles

Digerido por bronte

Lo siento, pero es que ya es un clásico empezar así: película inusualmente buena para ser española. En "La noche de los girasoles" nos encontramos con un thriller rural en el que su mayor acierto es no intentar copiar absolutamente en nada al estilo americano. Por eso mismo, la mayoría del público notará como mayor tacha la lentitud en el desarrollo, una lentitud que en ciertos momentos no corresponde al tempo propio de un ambiente de pueblo, sino a la quizás excesiva parsimonia del director, la cual, aun así, al final, no afea en exceso el conjunto.

Lo que más llamará la atención al espectador avezado es lo extrañamente bien caracterizados que están los personajes. Uno de los grandes fallos del cine patrio es que los personajes actúan siempre arbitrariamente, no suele haber para su comportamiento ninguna motivación ni en quiénes son ni en cuáles son sus circunstancias, y éste es uno de los más básicos factores por los que las películas españolas acostumbran a ser tan falsas. En "La noche de los girasoles", salvo el personaje interpretado por Carmelo Gómez, en quien no queda excesivamente bien explicada una reacción tan exarcebada en alguien que, por defecto, debería ser muy racional, el resto de ellos están ejemplarmente dibujados. Sólo pondré un ejemplo. La mirada de Celso Bugallo, cabo de la Guardia Civil, a su yerno y subordinado cuando al referirse a los programas del corazón éste último dice: "¿quién no querría pasarse la vida sin trabajar?" Pocas veces en el cine español se ven estas frases, tan simples, tan naturales, y que al mismo tiempo retratan tan certeramente a los personajes y que en cierta forma son capaces de explicar los acontecimientos de la historia.

Jorge Sánchez-Cabezudo es el máximo responsable de esta cinta, en la que no sólo es el director sino también el guionista. Y eso se nota en el hecho de cuando la lentitud en el desarrollo de las escenas está llegando a su culmen y el espectador puede empezar a sentir deseos de arrebujarse en el asiento, de pronto la trama introduce una novedad anunciada que hace que la atención vuelva a estar fija en la pantalla. Tal efecto lo consigue a través de la utilización de las analepsis y prolepsis, o para aquellos con más swing, los flash-backs y los flash-forwards. De hecho, es sorprendente lo bien manejados que están estos efectos, teniendo en cuenta el nivel en el que nos movemos. La maestría a la hora de hacer el guión falla tan sólo con la necesidad de que tirando hacia el final haga falta que un personaje, de manera bastante forzada, dé una información crucial. Hasta ese momento, todo había sido colocado y encajado con una naturalidad admirable, y ese pequeño detalle, nos guste o no, pasa factura. En los últimos minutos la película decae un poco, pero es lo que hay.

Se puede comprobar fácilmente que estamos ante un buen filme por la combinación de personajes, destino y malas decisiones que componen la trama. Y sobre todo por el sentido del fatum, tan desconocido por nuestros cineastas, habitualmente con una formación que no comprende movimientos anteriores a la segunda república. Las actuaciones son espléndidas, sin excepción, una vez más con una naturalidad muy rara en el cine español, y si a eso le añadimos el pulso de Sánchez-Cabezudo, en algunas escenas, que sólo se pueden calificar de magníficas, como la de violación y la del ajuste de cuentas, nos encontramos con un producto que merece la pena ser visto, aún sin ser una obra maestra. Carmelo Gómez tiene alguna mirada impresionante, Celso Bugallo es un actor con un gran futuro como "característico", Cesáreo Estébanez, tiene una presencia imponente, desaprovechadísima en nuestro cine, y hasta Mariano Alameda consigue hacernos olvidar el soniquete de las series de estudiantes. Sorpresivo Vicente Romero, que yo para mí que cuando no hace cine se debe dedicar a la comandancia en los pequeños núcleos, y muy creíble Judith Diakhate en un papel complejo, en el que sus compañeras de profesión de por aquí, hubieran tirado del método ofrenciéndonos con su interpretación un espanto, en resumen.

De todas maneras, no "ponerse" nerviosos. Para cuando el espectador ya ha pensado tres o cuatro veces "pues no parece española", el director introduce el plano de una señora en cueros, totalmente innecesario, para reafirmar la españolidad de su producto. Recomendada para quien haya visto alguna vez un girasol mirar al sol, que no es mi caso, que siempre los veo de espaldas.
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