Ficha

País

España

Año

2006

Título original

La máquina de bailar

Duración

90min

Dirección

Óscar Aibar

Guión

Óscar Aibar, Jimina Sabadú

Reparto

Santiago Segura, Jordi Vilches, José Corbacho, Eduardo García, Bárbara Muñoz

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Crítica de La máquina de bailar
Autor: malabesta
Fecha: 22/09/2006.
Póster La máquina de bailar

La máquina de bailar

Digerido por malabesta

"La máquina de bailar" es una película lastimosamente mala. Y no sólo porque lastime la vista de lo mala que es, sino porque es una lástima que sea tan mala. Santiago Segura, que produce y protagoniza, a veces parece que es el único productor de España. Se ha montado una productora de cierto éxito partiendo de la nada, promociona como nadie sus películas y es uno de los pocos profesionales patrios que menciona la palabra industria cuando habla de cine, en lugar de repetir las habituales quejumbres y ruegos de subvención, aunque al final él las use como todos. Además, a la vista de "La maquina de bailar" también parece que es uno de los pocos que ha entendido de verdad qué es el product placement.

Con lo que parece no tener tanta suerte es con la calidad de las películas que produce, salvando quizá "Promedio rojo". "La máquina de bailar" parece estar hecha sin ningún tipo de pasión. El elemento central de la trama es un videojuego, una maquinita, para los amigos, llamado "Dance Dance Revolution", en el que los jugadores han de pisar unas baldosas en el suelo que se iluminan al ritmo de la música. El impacto de dicho aparato a nivel mundial, especialmente en Japón, donde nació, es bastante surreal (hasta Madonna se echa unos bailes en la máquina esta en uno de sus vídeos musicales), pero créanme, es un juego real como la vida misma. Pues Óscar Aibar, el director y guionista, declaró que "Yo intenté jugar y fue un desastre". Es prácticamente imposible hacer que el público se interese en algo en lo que ni uno mismo cree (especialmente cuando ese algo es un mundo tan pintoresco y peculiar como el del DDR), y eso es lo que le pasa a "La máquina de bailar". Parece más una película hecha a medida, para aprovechar el filón del frikismo que una historia que su equipo creativo tuviese interés en contar.

Así, el guión es muy superficial. Intenta aproximarse un poco al costumbrismo, aprovechando el último arquetipo de la sociedad, el friki, pero falla porque todos sus personajes no van más allá de ser eso, un mero arquetipo, o lo que es peor, un chiste. Los protagonistas, Dani (Jordi Vilches), Josemi (Oskar Salcedo) y Óscar (Eduardo García) son tres chavales sin demasiadas ambiciones que pasan su tiempo libre en el salón recreativo New Park (que también es una marca comercial muy real) de Johnny (Santiago Segura) un tullido que se pasa el día fantaseando sobre su pasado como militar/agente especial/artista marcial/etc., que en su juventud fue un gran bailarín y que, para que nos entendamos, es una copia de Disco Stu, de "Los Simpson". Cuando Dani se queda a cargo del piso de uno de sus compañeros de trabajo, que convive con su más preciada posesión, una pitón albina, pasa lo que tiene que pasar. La serpiente sufre un trágico accidente, y Dani tiene que reponerla antes de que su compañero vuelva (sonar, suena un poco a "El gigoló"). ¿Cómo hacerlo? Gracias a la providencial aparición en escena de un cartel de un concurso de la dichosa máquina en el que equipos de cuatro competirán por un premio de diez mil euros, casualmente el montante de la boa. Los tres amigos fichan a Salva (Chema Rodríguez) y Lara (Bárbara Muñoz). A excepción del personaje de Segura y el de Vilches, el resto sólo tendrán un rasgo que los define. Josemi es el ligón, Óscar es el que le gustaría ser el ligón, Salva es definitivamente gay y Lara es pija, y cerrará un evidente triángulo con Dani y Josemi.

El cómo los tres se lían unos con otros es algo que pasa, pero nadie sabe por qué. Al final, resulta que para ganar los diez mil euros, Dani habrá de enfrentarse al campeón universal de la máquina, un tal Takahashi. Éste, que es el antagonista, el malvado, el malo del final, vamos, tiene un tiempo de pantalla de unos diez minutos antes de su enfrentamiento con el protagonista, así que ya se pueden imaginar ustedes de qué gran clímax se alcanza con esa escena. Además, todos los enfrentamientos de baile se resuelven más o menos en unos diez minutos (desaprovechando el increíble potencial cómico que tiene una situación tan inherentemente ridícula, con unos participantes igualmente risibles), que aún así se hacen largos, debido principalmente a la escasa imaginación con la que Óscar Aibar los ha rodado, pura monotonía que se extiende a la gran final, que más que tensión provoca alivio en el espectador, que ve cerca la hora de irse a casa.

El trabajo de los actores tampoco es demasiado bueno, pasando porque muchos de ellos, protagonista incluido, tienen serios problemas de dicción. El que se salva es, evidentemente, Segura, que tiene un personaje bastante bien hecho. Corbacho interpreta a Fernando, primo de Johnny y su antagonista, pero su registro parece bastante limitado, y no pasa de repetir una y otra vez unos cuantos gags visuales. Fíjense si el nivel general será pobre que no lo levanta ni la estelar aparición de Nacho Vigalondo, Dios lo tenga en su gloria.

En fin, una película nefasta, que no gustará a muchos. Recomendada para los que tienen muchas vidas. Y sepa el señor Segura, si lee esto, que yo he pagado religiosamente mi entrada.
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