Ficha

País

UK

Año

2009

Título original

An education

Duración

95min

Dirección

Lone Scherfig

Guión

Nick Hornby

Reparto

Peter Sarsgaard, Carey Mulligan, Alfred Molina, Rosamund Pike, Dominic Cooper, Olivia Williams, Emma Thompson

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Crítica de An education
Autor: farrell
Fecha: 11/03/2010.
Póster An education

An education

Digerido por farrell

Debe ser que, como dice Umbral, el genio tiene mucho que ver con la insistencia y no tanto con el talento. Nick Hornby, guionista de las muy notables “Alta Fidelidad” y “Un Niño Grande”, firma el guión de esta película fría, gris y convencional en la que, además de contagiarse de la época en la que se sitúa (los británicos sesenta, cuando el país se recuperaba ya de los efectos de la Segunda Guerra Mundial, pero mantenía aún su aislacionismo característico llevado al extremo), presenta algunas deficiencias estructurales evidentes que hacen extraño el desarrollo de este supuesto viaje iniciático de la protagonista.

Jenny (Carey Mulligan), una adolescente de clase media cuya vida está absolutamente encaminada a cursar Literatura en Oxford, conoce al muy bohemio y encantador treintañero David (Peter Sarsgaard), que le hará conocer un mundo de fiestas, champán y escapadas a París que parece mucho más atrayente que el panorama gris de la muy académica Oxford y su supuesto futuro de clase media como profesora de literatura. La joven tendrá que debatirse entre la vida que su padre (Alfred Molina) ha construido a medida para ella y la trés chic existencia de sus nuevos amigos.

“Una Educación” cuenta con la estructura tantas veces repetida del proceso de formación del personaje protagonista a través de la contraposición de su mundo real (representado en este caso por la familia de Jenny y su colegio de señoritas) y la realidad hiperrealizada que se le presenta a través del supuesto personaje guía o gurú (el soltero de oro David y sus amigos ricos e “hipercool”). El problema aquí es que el guión camina entre unas coordenadas bastante relativas al presentar a la joven en el carrefour de decidir entre dos mundos bastante superficiales ambos y, desde luego, no presentados como una lucha de fuerzas entre lo que Jenny PUEDE y lo que DEBE elegir.

Es decir, cuando David, con su coche modelo exclusivo, sus lujosas cenas en restaurantes y sus veladas de swing aparece en la vida de la joven, sus padres no funcionan como el resorte que debe hacer a Jenny cuestionarse si todo lo que se le ofrece es real y terminan engullidos (quizás más que ella) por la existencia más fácil y superficial que David representa. Que él y sus amigos vivan en un limbo moral más que cuestionable resulta aún más sorprendente, pues al no tener Jenny ningún referente al que aferrarse, tomar la decisión le supone no más de cinco minutos: la vida “disoluta” le gana la partida al “sacrificio” que supone seguir estudiando latín para poder entrar en Oxford.

Resulta interesante el retrato de la Gran Bretaña de los 60 que al principio comentábamos y la obsesión de la protagonista por todo lo francés (Juliette Greco y su añorado fin de semana en la ciudad del Sena) que la hace utilizar la lengua de Molière como un incorrecto síntoma de esnobismo (o chauvinisme) y que supone la ensoñación superficial que se corresponde en la realidad con la llegada del muy superficial también David.

Eso y una correcta puesta en escena que sí logra hacer resaltar (al menos en lo visual) la diferencia entre los dos mundos de los que antes hablábamos podrían ser los dos mayores logros de “Una Educación”, que por otra parte es una película demasiado constreñida por el hecho de contar con una directora a la que parece que le ha venido grande el proyecto y un guionista con un currículum más que notable al que parece que el proyecto le ha llegado totalmente por encargo.

Lo mejor de la película, desde luego, Carey Mulligan, una especie de Audery Hepburn fea que, si bien no desprende el encanto juvenil que debería, sí resulta desde luego una intérprete interesante. Pena que como ella haya ya muchas de la nueva hornada de actores/actrices jóvenes y sobradamente preparados en el método y, por lo tanto, resulte algo aburrida su manera de estar delante de la cámara. Veremos si resiste el envite de la industria o se convierte en una Leelee Sobiesky.

A destacar también el trabajo del siempre solvente Alfred Molina, sobre todo en esas escenas “deliciosa y británicamente clase media” en las que los padres parecen vivir en una universo paralelo al de Jenny. Peter Sarsgaard está envejeciendo mal y este personaje pedía más un actor con carisma al que le quede bien la corbata. El resto pasaban por allí, poniendo “RP accent”.

En fin, una película con un punto de partida más que interesante pero que acaba convirtiéndose en un ejercicio de comedimiento técnico y narrativo bastante convencional y aburrido. Quizás a Lone Scherfig le haría falta algo menos de vergüenza al estilo Vincent Gallo y “Buffallo 66”.

Recomendada para espectadores con paraguas y sombrero de hongo.
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