Ficha

País

USA

Año

2009

Título original

Angels and Demons

Duración

138min

Dirección

Ron Howard

Guión

Akiva Goldsman, David Koepp

Reparto

Tom Hanks, Ewan McGregor, Patrick McKenna, Ayelet Zurer, Stellan Skarsg緳d, Pierfrancesco Favino, Nikolaj Lie Kaas, Armin Mueller-Stahl

Enlaces

Externos

Críticas

por autor

por título

# A B C D E F G H
I J K L M N O P Q
R S T U V W X Y Z
Crítica de 聲geles y Demonios
Autor: bronte
Fecha: 17/05/2009.
Póster 聲geles y Demonios

聲geles y Demonios

Digerido por bronte

Sobre “Ángeles y demonios” se podría escribir una reseña hablando únicamente sobre la dirección artística, la fotografía, la interpretación y el ritmo. Pero el tema es lo suficientemente interesante como para quedarse en una crítica al uso. Lo primero que sorprenderá al espectador atento (que se haya leído previamente la novela) es lo benévola que es la trama con la Iglesia Católica en comparación a “El código Da Vinci”. La explicación es clara: por una parte, que los responsables de la película quieren poder rodar en el futuro en el Vaticano; por la otra, que Dan Brown escribió esta entrega antes del fraude anti-María Magdalena que le hizo mundialmente famoso y aún no estaba "bien entrenado" en tirar a dar. Se comenta que “Ángeles y demonios” fue leída por tres personas, por lo cual creo que ya podemos dar por sentado que acusar a la Iglesia Católica de las más peregrinas conspiraciones, vende. Partiendo de esa base, podemos llegar a dos conclusiones: la primera, que vaya recaudación que se han montado los protestantes a lo largo de la historia poniendo a los católicos de retrógrados, carcas, supersticiosos y demás lindezas. La segunda, que visto que la cosa tiene éxito, bien podíamos haber sido los propios españoles e italianos los que explotáramos esa veta católico-conspirativa, pero parece que no sabemos salir del cura pederesta. De hecho, ahora que lo pienso, también nosotros podríamos hacer películas sobre lo repelentes que eran los puritanos ingleses o escandinavos, un rato largo, pero no caerá esa breva.

En esta película, con ser mucho más benévola de a lo que últimamente estamos acostumbrados (hasta hay curas buenos, pero no se fíen, es mucho más cosa del filme que de la novela, que ataca pero que bien), oirán cosas como que desde el Renacimiento la Iglesia Católica se ha empeñado en entorpecer el avance de la ciencia a cualquier costa, o perlas como que el inglés es el idioma de los librepensadores. Por supuesto: Francisco de Vitoria o Giambattista Vico eran unos catetos que no aportaron nada al sistema de pensamiento occidental, porque como ciudadanos de países católicos, no podían generar más que superstición. Menos mal que ahí tenemos a los anglosajones para salvarnos a todos. Porque a estas alturas, nadie dude que hasta nosotros mismos ya nos creemos esa versión. Si bien es cierto que la Iglesia Católica ha hecho burradas mil a lo largo de su historia (como todo sistema de poder, por otro lado), decir que todo han sido burradas es de un sesgo casi insultante para el interlocutor que se tiene en alta estima. Hasta bien entrado el SXVIII, el Catolicismo llevaba con orgullo el título de la “única religión racional del mundo” e innumerables científicos cuyas aportaciones son imponderables, han sido devotos católicos bendecidos por la Iglesia. A ver si no Mendel, monje agustino, o el ejemplo más cercano, Georges Lemâitre, sacerdote jesuíta y padre de la idea del Big Bang.

Dicho esto, les aclaro que el tema central de “Ángeles y demonios” gira en torno a la oposición religión-ciencia y que más les valdría centrar el tema en los creacionistas americanos, y dejar en paz a los pobres católicos, que sin lugar a dudas llevan la fama sin ser tanta la lana cardada. ¿Y por qué tanto empeño con los católicos? El propio guión lo desvela cuando Robert Langdon revela su amor por los símbolos. El protocolo católico, su simbología, su semiótica, es un sistema comunicativo tan rico y sofisticado, que es imposible resistirse a la tentación. Es mucho más fácil imaginar a un malvado planetario en medio de toda la parafernalia del cónclave vaticano que en una iglesia baptista de Oklahoma rodeada de ovejas. Y como los católicos tienen una historia impresionante y son mucho más aparentes y agradables a la vista, pues tienen que cargar con el muerto. Y nunca mejor dicho. Al mismo tiempo, también escucharán en el audio de este filme que la Iglesia Católica intenta mantener unos ritos ancestrales moribundos en un mundo moderno. Esto cuando estamos rodeados de movimientos que intentan recuperar las tradiciones de levantar piedras en el solsticio de verano, que parece ser, tienen más derecho a la existencia que el complejo y fascinante ritual católico. Ya ven que no todo se juzga con el mismo sesgo. Todos aquellos conscientes de la riqueza cultural, estética e histórica de todo este lenguaje protocolario, ven con disgusto como gran parte de la población se emplea con denuedo en despreciarlos, pero es lo que hay. Siempre nos quedará el tal Robert Langdon recordándonos desde sus aventuras la hermosura que implican, al tiempo que acusa al Papa de haber matado a Kennedy para hacer más caja.

Como considero que éste ya es avance suficiente para aproximarse a las claves en que se desarrolla una película como ésta, les diré que si lo suyo es la teoría conspirativa, aderezada con historicismo y además les gusta Roma (aunque mucho son reproducciones, recordemos que el Vaticano, malvados, no dejó rodar en muchas localizaciones naturales), les diré que ésta es su película. Es verdad que peca de lo de siempre: la mayoría de los personajes tienen nulo desarrollo, algunas piezas del guión se ven comprimidas por la imposibilidad de describir todo lo que pasa en la novela, el asesino es un asesino de chirigota, con mucha menos personalidad que Silas (al menos en la película) aunque calcado al mismo y a veces, sobre todo al principio, puede costar enterarse de qué diantres están buscando. En la parte positiva nos evitan el amorío, nos enseñan el reloj de Mickey Mouse del protagonista y se ve Roma, aunque sea de pega.

Yo bien sé que Ron Howard cuenta con detractores a manos llenas. Pero qué quieren que les diga. A mí me parece un “profesional”, en la más ortodoxa acepción de Jaime Peñafiel. El guión es además de Akiva Goldsman y David Koepp y pónganse como quieran: de aquí no puede salir un mal producto. Se creerán más o menos la historia, aceptarán con más o menos gusto las fantasmadas, se enfadarán por el poco realismo y rigurosidad, pero ésta es una película muy bien hecha, con muy buen ritmo, y muy entretenida. Toca además de manera relativamente respetuosa temas que pueden interesar a cierta parte de la audiencia, cómo la discusión sobre qué es la Iglesia, una megaestructura de poder o la Iglesia que alimenta al hambriento y da de beber al sediento. Para hacerlo más complicado, resulta que es ambas cosas, no lo duden, y cada uno tendrá que decidir qué parte tiene más peso en su juicio. También la polémica sobre cómo la moderna ciencia dice o desdice al Cristianismo. Asimismo en esto tendrán que sacar su propia conclusión. Y es que la cinta empieza con la creación de la antimateria, y para todos aquellos que se preguntan cómo empezó todo será un momento ciertamente emocionante, aunque sólo sea en película. También se ven los Archivos Vaticanos, a los que probable y lamentablemente yo jamás tendré acceso, y digo esto con todo el dolor de mi corazón. Qué tesoros de nuestro legado cultural habrá entre sus paredes... Finalmente, la película pone en escena, ya tirando hacia el final, un milagro celestial que a mí me pareció excelentemente rodado gracias a una sabia mezcla de atributos santíficos como el sacrificio y el valor, y no me digan que eso no hace vibrar al cielo.

Empiezan los rumores de que Tom Hanks pone siempre cara de patata. Puede, pero se puede permitir el lujo. Es verdad que en este filme no se descuanjeringa, pero es que este tipo de película no se trata de eso. Aquí la interpretación es un arbotante, no una pared maestra. Se trata de dar muchos datos ocultos sobre cosas que vemos todos los días, para excitar la imaginación de la gente. Que es lo que nos gusta. Quién se iba a pensar que “El éxtasis de Santa Teresa” de Bernini, era la clave para tanto misterio, vive Dios. O quién duda a estas alturas que estamos rodeados de Illuminati que se quieren hacer con el control del mundo para ponernos a todos mirando a Cuenca. Si son ustedes de aquellos capaces de disfrutar el espectáculo sin más, les encantará esta película que no me parece a mí desmerezca mucho de la primera. Es más, auguro muy larga vida de video-club para estos productos. Entretenidos, divertidos, amenos... Las aventuras nunca fallan. Déjenme decirles para terminar esta reseña que Ewan McGregor brilla con luz propia en este filme. Tanto que dan ganas de rezarle un Padre Nuestro.

Recomendada para gente a la que le gusten las aventuras canónicas (y ecuménicas).
Comentar esta crítica/Ver los comentarios Puntuacion