Ficha

País

USA

Año

2005

Título original

The aristocrats

Duración

89min

Dirección

Paul Provenza

Guión

Paul Provenza

Reparto

Hank Azaria, Whoopi Goldberg, Robin Williams, Kevin Pollack, Eric Idle, Bob Saget

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Crítica de Los aristócratas
Autor: malabesta
Fecha: 21/05/2007.
Póster Los aristócratas

Los aristócratas

Digerido por malabesta

Si usted sigue creyendo que el humor americano es un poco mojigato, quizá deba ver “Los aristócratas”. Un documental sobre el mundo de la comedia en Estados Unidos en el que podrá ver a un mimo escenificando una escena de sodomía infantil, o a Robin Williams describiendo las virtudes de la coprofagia. No, no es para todos los públicos.

El documental se desarrolla en torno a un chiste/leyenda que los cómicos se cuentan unos a otros cuando no hay público delante. Es sencillo: un hombre se presenta ante un agente artístico y le dice que tiene un nuevo número que le puede interesar. El agente, inicialmente no demasiado interesante, le pide que se lo describa. El buen hombre afirma que se trata de un número familiar, en el que participan él, su mujer, sus dos hijos y su perro. Todos están en el escenario y comienzan a desnudarse... tras esto, y dependiendo del cómico que lo esté contando, se suceden actos de sodomía, pedofilia, coprofagia, masturbación, mimo, sadomasoquismo, necrofilia, patinaje artístico, zoofilia, malabares y golpes con una maza. Todo vale siempre y cuando sea explícito y repulsivo. Cuando el hombre termina, el agente, horrorizado, pregunta “¿Y cómo se llama el número?”. El hombre, cansado pero satisfecho, contesta: “Los aristócratas”.

Aunque el chiste es en sí bastante malo, tiene una serie de cualidades que parece que lo hacen bastante adecuado para el tipo de humorista que triunfa en USA: tiene tres partes, un planteamiento sencillo, un punchline simple y que cierra bien y lo más importante, el desarrollo está totalmente abierto a la improvisación. Parece ser que ha habido cómicos como Chevy Chase que han conseguido alargarlo hasta la hora y media. Y con la excusa de la historia del dichoso cuento, “Los aristócratas” aprovecha para explorar el mundo de la comedia, a sus principales cómicos, explicar las bases de la improvisación, etc. Además de hacer algunas reflexiones interesantes sobre cómo varía el tabú a lo largo del tiempo, y la situación. Así, algo tan escatológico como este chiste puede ser aceptable e incluso triunfar en ciertos momentos, por ejemplo tras el 11S, evento que había desplazado las sensibilidades a otros terrenos.

El mayor interés de “Los aristócratas” consiste en ver la otra cara del humor americano, que más para mal que para bien comienza a llegar a Europa a través del cine, de la mano de los Farrelli y otras hierbas. No obstante, es posible ver en la película a actores consagrados, correctos y familiares como Robin Williams, Carrie Fisher o Bob Saget (el de “Padres forzosos”, aquella entrañable serie con las gemelas Olsen) hablando de una manera que haría sonrojar a la niña del exorcista. Aunque a todos aquellos que conozcan su carrera como cómicos de standup, no se sorprenderán tanto.

Además de los mencionados, el elenco de artistas incluye a gente como Drew Carrey (famoso presentador e improvisador cuyo programa “Whose line is it anyway?” es la base de “Los irrepetibles”), Eric Idle (un Monty Python), Eddie Izzard (famoso cómico británico), Kevin Pollack (de “Sospechosos habituales”), Harry Shearer y Hank Azaria (voces de “Los Simpson”), los protagonistas de “South Park”, Whoopi Goldberg o Chris Rock; todos repitiendo la rutina y añadiendo sus perversiones personales.

El problema es que el chiste en sí es demasiado escatológico y sexual para las audiencias no anglosajonas, al menos para aquellas que ya hayan dejado el instituto. Así que de la hora y veinte de documental, quedan unos cuarenta minutos interesantes, todas las entrevistas y la única recreación auténticamente mítica de “Los aristócratas”, por Gilbert gottfried. En la tele. En directo. Para toda la nación.

En fin, un documental hasta cierto punto interesante, pero que no tendrá una buena acogida popular, puesto que nuestra ración de coprofagia y demás perversiones ya nos la sirven en “Aquí hay tomate” y similares. Recomendada para gente con el estómago vacío.
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