Ficha

País

Francia, Italia

Año

2006

Título original

Coeurs

Duración

120min

Dirección

Alan Resnais

Guión

Alan Ayckbourn , Jean-Michel Ribes

Reparto

Sabine Azéma, Isabelle Carré, Laura Morante, Pierre Arditi, André Dussollier, Lambert Wilson

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Crítica de Asuntos privados en lugares públicos
Autor: bronte
Fecha: 17/02/2008.
Póster Asuntos privados en lugares públicos

Asuntos privados en lugares públicos

Digerido por bronte

El tiempo no pasa en balde y aquí tenemos al mítico Alan Resnais con ochenta y seis añazos y aún haciendo cine. Lejos de los "experimentos" fílmicos de sus inicios, el Resnais más que maduro ha alcanzado un estilo sofisticado pero más templado y cuasi tradicional (en apariencia al menos). Lo contrario sería del todo antinatural. En todo caso, se esté o no de acuerdo con él,  Resnais pertenece a la categoría de cineasta intelectual, figura que por estos pagos es más bien desconocida, y eso ya es un mérito.

En esta ocasión Resnais retoma una obra teatral de Sir Alan Ayckbourn, y aunque se han reformado diálogos y adaptado la circunstancia del mundo brittish al parisien, la herencia anglosajona permanece en cierto laconismo y flema que se agradece grandemente en contraposición a lo melodramática que puede llegar a ser a veces la escuela francesa con según qué temas. Aún así, el toque nostálgico, la grandeur gala que se niega a aceptar que el mundo ya es otro, se autodelata en el hecho de que en una película del 2006 los personajes aún se manejen con cintas VHS en vez de con dvds como el resto del planeta. Pese a su sangrienta revolución, Francia sigue siendo el país más aristocrático, clasista y conservador del mundo.

"Asuntos privados en lugares públicos", título fiel al original teatral y muy infiel al elegido por Resnais "Coeurs" (corazones), nos cuenta la historia de seis personajes, en general ya talluditos, buscando el amor, o luchando con sus sentimientos en cuatro días del invierno francés. Y si hay algo que decir en una crítica sobre esta película es ese contraste prácticamente oximorónico entre el tema y la forma. El objeto de la cinta pasa por ser cotidiano, con sordina. Gente normal y corriente buscando el amor, hablando de cosas tan del día a día como si una casa tiene las habitaciones justas o no. Y sin embargo, el estilo de filmación es todo menos realista. Nos encontramos a esos personajes tan "normales" ubicados en espacios de una sofisticación formal absolutamente increíble. Tan sólo la cocina de un camarero parece la de un château. Las cafeterías son de design post-bauhaus y los comercios absolutamente minimalistas.

Aunque en este caso no es una crítica que se le pueda hacer a esta película, pues, estando como está basada en una obra de teatro centrada en seis personajes, no hay sitio para mucho más, otro detalle que se me ha venido a la cabeza a raiz de la vista fugaz de unos personajes de color en una de esas cafeterías, es la infrarepresentación de la Francia no blanca en el cine. Cosa realmente digna de estudio teniendo en cuenta que es un país con una historia de multiculturalismo bastante añeja a estas alturas.

Así que nos encontramos en este filme a franceses normales y corrientes que sin embargo son la quintaesencia del glamour y el charm, accionando más que filosofando sobre lo duro que es estar solo. Insisto, accionando, lo cual quiere decir que hay historias con su principio, nudo y desenlace, no gente hablando mientras mira a la cámara diciendo cosas que no interesan a nadie. El filme utiliza una metáfora visual que de puro obvia resulta entrañable y en absoluto molesta, como el hecho de que las secuencias se ven encadenadas por la caída de nieve entre plano y plano, y en ocasiones la nieve cae sobre los mismos personajes aunque todas las escenas tienen lugar en interiores.

Reprocharía a la historia la utilización del tópico, obsesivo entre los europeos, de la beata/prostituta, esa idea que tanto parece fascinar a la parroquía de una mujer pía que por las noches se convierte en una máquina del sexo, pero sería injusto decir que no esté bien utilizado en esta película y que no contribuya brillantemente al desarrollo y conclusión de la trama. La película es tierna, amable, con diálogos jugosos, pero desesperanzada en última instancia, y aunque todos los actores brillan en sus papeles, lejos de la afectación que a veces lucen los franceses (ahí resbala un poco  Sabine Azéma, conste en acta), llama la atención sobre todos Laura Morante, como una presencia poderosa en la pantalla.

Gustará sobre todo a la gente que ya tenía bicicleta cuando murió Franco, y en general a todas aquellas almas sensibles que no vayan buscando una catarsis emocional de esas de premio. Recomendada para gente que aprecie el allure.


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