Ficha

País

USA, Méjico

Año

2006

Título original

Babel

Duración

142min

Dirección

Alejandro González Iñárritu

Guión

Alejandro González Iñárritu, Guillermo Arriaga

Reparto

Brad Pitt, Cate Blanchett, Gael García Bernal, Elle Fanning, Rinko Kikuchi, Kôji Yakusho, Adriana Barraza

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Crítica de Babel
Autor: malabesta
Fecha: 27/12/2006.
Póster Babel

Babel

Digerido por malabesta

“Babel” supone la última colaboración de Alejandro González Iñarritu y Arriaga. Parece ser que durante el rodaje de la misma, el director y el guionista de “21 gramos” tuvieron ciertas desavenencias, todo por un quítame allá esos créditos. Que si la película es mía y sólo mía, que si es mía también, que si me debes más dinero, que si te lo he pagado ya... total, que al final Iñarritu castigó a Arriaga sin poder asistir al estreno de la película en Cannes y éste último le mentó a sus muertos más frescos. Así es el mundo de los divos.

Hasta cierto punto es una pena. Aunque tenían cierto aire de “vamos a salvar el mundo con nuestras películas” y sus producciones eran de mucho remover conciencia, como si de una minipimer se tratara, a pesar de todo esto, es verdad que las película no eran del todo malas, y además a base de hacer siempre lo mismo, cada vez les iba saliendo un poco mejor.

“Babel” es su enésima película coral: Richard y Susan  (Brad Pitt y Cate Blanchett) intentan sanar su maltrecho matrimonio en un viaje por Marruecos, en el que ella recibe un disparo y ambos terminan aislados en un pueblucho en medio del desierto. Mientras tanto, sus hijos (Ellen Fanning y Nathan Gamble) están a cargo de Emilia (Adriana Barraza), a la que no le queda más remedio que llevarlos con su sobrino Santiago (Gael García Bernal) a la boda de su hijo, en el Méjico más rural. Mientras tanto, en Tokyo, Chieko (Rinko Kikuchi), una chica sordomuda a la que su padre (Kôji Yakusho) no le hace mucho caso, sufre el desprecio de sus compañeros y en general todo tipo de chicos, que al descubrir su minusvalía tienden a salir corriendo. Y de nuevo de vuelta a Marruecos, donde Abdullah (Mustapha Rachidi) le acaba de comprar un rifle a sus hijos para que defiendan a sus cabras de los chacales.

De fondo late la imposibilidad de las personas para comunicarse, incrementada por la multiculturalidad en la que con esto de la globalización todos nos vemos sumergidos, por mucho que ciertos nacionalismos pretendan sacarnos de ella. Con cada una de las cuatro historias, “Babel” pretende explorar una de las caras de la incomunicación y el choque de culturas. Todo sin perder de vista la corrección política y la ñoñez que estas películas tan crudas, artísticas y revolucionarias siempre tienen. Los pobres siempre son buenos, los polis fronterizos malos, etc. etc. Eso sí, no cae en el cliché del blanco anglosajón gordo que maltrata al pobre mejicano/marroquí. En “Babel” la peor de las violencias siempre viene de la mano de los congéneres de uno. Además, Iñarritu tampoco se achanta a la hora de mostrar las miserias de su propia cultura, el Méjico de las armas, el alcohol y la brutalidad con los animales. Ambas cosas evitan el aire maniqueo que muchas de estas películas terminan por coger. Lo que si que no es capaz de evitar “Babel” es que si guión terminé por ser algo increíble. Es tal la acumulación de drama y de mala suerte que recae sobre sus protagonistas que uno termina por no creérselo. Al personaje de Brad Pitt, por ejemplo, sólo le falta que le caiga un piano en la cabeza, o que le pongan una multa de aparcamiento.

Empaquetar cuatro historias a priori totalmente diferentes en un tiempo razonable es una cosa complicada, y “Babel” sufre un poco de esto. Por un lado Iñarritu es cruel con los cambios de línea argumental, que son tremendamente bruscos y descolocan bastante al espectador, y además la película termina por aproximarse a las dos horas y media, y por momentos se hace un poco cuesta arriba. Sobre todo con esa tendencia que parece tener Iñarritu a hacer videomontajes musicales en ciertos momentos de la película, que sin aportar nada al conjunto, reiteran el estado de uno de los protagonistas (perdido en el desierto, hasta las cejas de pastillas en una discoteca) hasta hacerlo pesado.

Otro de los rasgos habituales de las producciones Iñarritu-Arriaga es la línea temporal partida con la que trabajan. Tanto en “21 gramos” como aquí la narración nunca es lineal, y las primeras imágenes se sitúan al final del transcurso de los hechos. Esto le permite al director contar con escenas muy buenas, en las que gracias a que el espectador sabe lo que va a pasar pero no cuándo, el interés sobre los diálogos y los gestos, aparentemente banales, de los protagonistas crece de manera notable. Eso sí, sumado a la gran cantidad de personajes y a los bailes de trama, el hecho de que el tiempo esté también barajadito no ayuda nada al espectador a seguir el desarrollo de la película.

Todo el reparto cumple. Brad Pitt está bastante resultón, aunque tiene unos momentos tan absurdamente dramáticos que termina por recordad un poco al Pitt de “Seven”, sufriendo por las desgracias que le ocurren con el mismo gesto que pondría si alguien le diese una patada en la espinilla, o se hubiese comido un yogurt caducado. Cate Blanchett cumple con un papel que mayormente consiste en estar comatosa, y Gael García Bernal pasaba por allí. Llama la atención también Ellen Fanning, hermana pequeña de Dakota Fanning, y que cuando esta se haya convertido ya en la enésima adolescente estropeada por el alcohol, las drogas y la fama infantil, podrá reclamar sus papeles.

En fin, una película que terminar por pretender abarcar mucho más de lo que puede apretar. Recomendada para amantes de los popurrís, la sopa de letras y el sudoku. Puntuacion