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Autor: bronte
Fecha: 02/08/2007.
Báilame el agua
Digerido por bronte Aunque no se lo crean, "Báilame el agua" es la película favorita de dos o tres personas en el mundo. El filme de Josecho San Mateo se basa en una novela de Daniel Valdés, ya ciertamente "exitosa" en su momento y que apela a la más vieja de las historias: el amor lleno de obstáculos. El amor es romántico y adolescente, y los obstáculos, quizás lo más novedoso en este rango en este contexto, la miseria y la vida de la calle. Lo cual, si se piensa detenidamente no podía ser de otra manera, porque ya sabemos todos del amor incondicional que el tiene el cine español por las historias de marginales. Una especie de "Romeo y Julieta" a lo yonki, que también recuerda a ciertas historias de mucha miseria del naturalismo, pero rebajando considerablemente la edad.
David y su amigo Carlos dejan su acomodada vida de clase media para echarse a la calle, "hartos de convencionalismos" como dicen todas sinopsis oficiales. Esto a la mayoría de la gente le resultará de difícil comprensión, pero habrá quien vea muy normal dejar el convencionalismo de una cómoda cama, un cómodo sillón y una cómoda bañera para irse a dormir en un banco del parque, no lavarse en años, y pulular con todo el lumpen de los barrios fondos. David, ve todos los días en el metro a una chica que le sorbe los sesos y después de hacerle llegar un poema de título "Báilame el agua", que bueno, de Lope no es, arrastra a la pobre muchacha a su vida de piojos y cochambre.
La trama no pasa de ser el típico amor adolescente y desgraciado, protagonizado por dos jovencitos guapos y hermosos, que echan los restos en eso de resultar tristes y melancólicos. Su degradación como seres humanos les llevará a consumir heroína y hasta protituirse, sin que en ningún momento lleguen a renunciar a la vida de miseria que han elegido. Ahora eso sí, el gran acierto de la película puede ser el de haber introducido en la cinematografía española la figura del emo, porque este David de Unax Ugalde no es otra cosa que un emo, con su pelito sobre la cara, su diario lleno de mucha pena, y ese aire dulce y sensible que vuelve a triunfar entre las féminas. Vamos, un romántico del siglo XXI.
Si algo es digno de ser destacado en esta cinta es la capacidad que tiene en ocasiones, destellos, para reflejar cierta vida de la noche madrileña, que es bastante triste y desagradable. Está el Madrid castizo, el de las terrazas y los abanicos, el de los chulapos que saludan con gracia sin igual, pero también existe un Madrid muy transitado por el cine, pero no siempre bien retratado, afligido y cutre; un Madrid que se acuesta de día, con el maquillaje resquebrajado, agujeros en las medias y olor a mugre. La banda sonora amenizada por grupos de un determinado momento social como "Los Secretos" o Antonio Vega, no hacen más que remarcar esa sensación de melancolía, que quizás por la atracción del abismo se presenta con ciertos toques de nostalgia. Ay, las noches de Madrid...
La película buena no es y tiene faltas de ritmo, de profundidad vital y psicológica y de verosimilitud que a veces pueden ser hasta ofensivas para el espectador decente. Pero tiene momentos, pocos, que hacen que en algo se distinga del gran grueso de las producciones nacionales, pese a ser otra historia de marginales.
Recomendada para todos aquellos que disfruten con los amores desgraciados.
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