Ficha

País

USA

Año

2007

Título original

Black snake moan

Duración

115min

Dirección

Craig Brewer

Guión

Craig Brewer

Reparto

Samuel L. Jackson, Christina Ricci, Justin Timberlake, John Cothran Jr.

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Crítica de Black snake moan
Autor: malabesta
Fecha: 29/05/2007.
Póster Black snake moan

Black snake moan

Digerido por malabesta

“Black snake moan” es un drama sureño por el que Kevin Smith ha comparado a Craig Brewer, su director y guionista, con William Faulkner. Lo cual, sin duda, demuestra que no ha leído a Faulkner.

La película, ambientada en Menphis, asienta su tono en los primeros tres minutos: después de una entrevista de archivo de Son House, un conocido bluesman, en la que explica que el blues nace de un hombre y una mujer, pasamos a una escena de sexo entre Christina Ricci y Justin Timberlake. Y la estructura se repetirá a lo largo de todo el metraje: blues y Ricci semidesnuda. Ella interpreta a Rae, una joven enferma y traumatizada que intenta tapar sus memorias de abusos infantiles acostándose con todo aquel que se cruza en su camino. Y después de una noche especialmente mala, se cruza en el de Lazarus (Samuel L. Jackson), un guitarrista temeroso de Dios y al que su mujer acaba de abandonar.

El hilo argumental de la película cuenta cómo estos dos personajes, casi opuestos, se ayudan el uno al otro a superar sus problemas. Pero el discurso que transmite es un poco escabroso. Lo que sigue es un poco destripaterrones, así que aquellos que quieren acercarse a “Black snake moan” conservando la sorpresa, están avisados. El método que tiene Lazarus para ayudar a Rae consiste en encadenarla a un radiador de su casa. Y lo peor es que funciona; con ayuda de la cadena y del párroco local, Rae terminará por abandonar sus modos disolutos y se convertirá en una buena esposa.

Brewer se aproxima a sus personajes, al menos a la mayoría de ellos, sin ningún prejuicio, lo cual sin duda ayuda a que el público pueda identificarse con una pareja tan extrema, pero a la vez hace que parezca apoya ciertos discursos un poco políticamente incorrectos. Al menos durante buena parte de la película.

Cuando falta media hora para el final, y marcado también por un fragmento de la entrevista a Son House, el tono oscuro y los temas escabrosos se van soslayanado a medida que la cosa se parece más a una mezcla de “Fama” y la fiesta rave de “Matrix revolutions”, y se organiza una catarsis musical en la que todo el mundo purga sus demonios a golpe de guitarra y cerveza. Después de eso, todo se vuelve de color de rosa, y sólo faltan unos ponis trotando por el campo.

La dirección de “Black snake moan” es muy cuidada. Dominan los planos largos y tranquilos, con unas escenas muy estudiadas que ayudan a definir un poco más los personajes, y que además tienen su gracia visual. Lazarus, por ejemplo, reemplaza su anillo de casado por un artilugio metálico cuando se pone a tocar la guitarra.

Tanto Samuel L. Jackson como Christina Ricci tienen papeles de los de mucha preparación y sufrimiento, que siempre quedan muy bien. Ella perdió no sé cuántos kilos -de los pocos que le quedaban ya- y él tuvo que aprender a tocar la guitarra. Ambos esfuerzos rinden de diferente manera. Mientras Jackson demuestra que o bien tiene una mano magistral para escoger los papeles, o es un actor que puede hacer lo que le dé la gana, o una mezcla de ambas. Su interpretación del músico sureño Lazarus es completa, el acento, toca la guitarra, canta y por supuesto le da vida. En cambio Ricci, después de pasar las de sanquintín para tener el aspecto enfermizo que Rae requiere, parece confundir la inestabilidad con el histerismo, y su personaje se pasa la película retorciéndose por el suelo. Justin Timberlake, el novio de Ricci en la ficción, vuelve a demostrar que vale bastante más como actor que como cantante.

En fin, una película que aunque se pierde un poco, es interesante. Recomendada para los del vivan las caenas.
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