Ficha

País

USA

Año

1982

Título original

Blade Runner

Duración

117min

Dirección

Ridley Scott

Guión

Phillip K. Dick, Hampton Fancher

Reparto

Harrison Ford, Sean Young, Rutger Hauer, Daryl Hannah

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Crítica de Blade Runner
Autor: sensillo
Fecha: 26/11/2006.
Póster Blade Runner

Blade Runner

Digerido por sensillo

En 1982 se estrenaba, sin pena ni gloria y con una acogida bastante tibia por parte de la crítica, una adaptación muy libre de una novela corta de Phillip K. Dick. A día de hoy, “Blade Runner” es una de las películas que más bibliografía ha motivado dentro del mundo de las tesis doctorales.

Para quienes aún no la conozcan, la acción de “Blade Runner” se desarrolla en un futuro no muy lejano, y de perspectivas poco halagüeñas. El hombre ha reducido su planeta natal a un estado bastante cochambroso, y todo aquel que ha podido se ha lanzado a la conquista e infección de nuevos planetas. Y mientras unos se van, otros vuelven. Este es el caso de unos robots de las colonias exteriores, que escapan a la Tierra en busca de su creador. Aquí es donde entra en escena Harrison Ford, que es el policía encargado de desactivarlos antes de que le hagan daño a nadie.

Ridley Scott ya había demostrado su pericia visual en “Alien”, en mi opinión su obra más redonda. Se trataba “Alien” de una película muy directa y visceral, que apelaba más al instinto que a la neurona. Estaba hecha a la medida del director británico, muy hábil con la cámara pero no muy capaz a la hora de llenar la historia de contenido. El guión de “Blade Runner”, sin embargo, era una cosa totalmente diferente.

Cuenta la historia que cierto día paseaba el bueno de Ridley Scott por el prado, cuando se encontró con el guión de “Blade Runner”. Sopló y sopló y surgió esta maravilla de película, así como quien no quiere la cosa. A partir de entonces iniciaría un suave y continuado descenso que le llevarían a hacer más recientemente peliculillas como “El reino de los cielos”, esa obra cumbre de la cinematografía española.

A simple vista, lo primero que nos encontramos es la belleza de sus feas imágenes, ayudada por la música de Vangelis. La literatura ciberpunk ya había encontrado su referente audiovisual y, en este sentido, la influencia de “Blade Runner” aún se deja notar quince años después. Justo al revés que en “El reino de los cielos”, donde las escenas del asedio parecen extraídas de “El Señor de los Anillos” al más puro estilo de Ana Rosa Quintana.

Una de las virtudes de “Blade Runner” es que se deja recorrer de manera superficial. El espectador perezoso puede asistir a este experimento de cine negro en escenario futurista sin que se vea obligado a profundizar más allá de donde empiece a perder pie.

Y por debajo de la entretenida historia de intriga policial, con una pizca de acción, se plantean interrogantes sobre muchos de los temas que nos han inquietado desde los tiempos de las cavernas hasta, aproximadamente, el inicio de la emisión de “Salsa rosa”. “Blade Runner” es, sobre todo, una reflexión sobre la muerte y la naturaleza humana. Y no voy a negar que es un gustazo ver tratados de manera seria estos temas entre tiros y persecuciones. En narración visual, en definitiva. Y no, como estamos acostumbrados, en blanco y negro, a través de los ojos de un pastor armenio que con la única compañía de una botella de aguardiente y un escritor marxista nos regala un soliloquio de dos horas, con las conclusiones masticadas, aunque crípticas, y subtítulos en francés.

Sorprendentemente, “Blade Runner” no se llegó a convertir en cantera de actores. El único que gozó de una carrera provechosa tras esta película fue Harrison Ford, si bien no nos engañemos, fueron los papeles de Han Solo o Indiana Jones los responsables, y no el Deckard de “Blade Runner”. No es el caso de Rutger Hauer, que será siempre recordado como el replicante que hacia llorar a John Woo. Después de esto le aguardaría una larga y anodina carrera en el mundo del telefilme y de las fantasías de serie B. Y a Daryl Hannah no le iría mucho mejor. Todos, en cualquier caso, cumplen aceptablemente a pesar de que su director no muestre en general más interés y entusiasmo por los filtros de luz que por las interpretaciones.

A quienes no hayan leído el relato “¿Sueñan los androides con ovejas mecánicas?” no me resta más que decirles que la película no se parece mucho y, por si tienen cargo de conciencia por estar esta película entre sus preferidas, que Ridley Scott tampoco lo leyó. Las lisérgicas historias de K. Dick tienen difícil traducción fiel al cine, pero sin embargo sus adaptaciones funcionan bien.

En definitiva, una película llena de pretensiones que, contra todo pronóstico, cumple. Y una recomendable adquisición en cualquier videoteca.

Recomendada para los que dejarían en paz al pobre galápago. Puntuacion